20 de octubre de 2021
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Hace 65 años mataron a Gaitán

18 de abril de 2013
18 de abril de 2013

albeiro valencia llano La historia comienza el 5 de mayo de 1946 cuando el candidato conservador Mariano Ospina Pérez, ganó las elecciones presidenciales ante un partido liberal mayoritario, pero dividido entre Gabriel Turbay y Gaitán. Desde este momento empezó la vertiginosa carrera de Gaitán para conquistar la presidencia de la República. En marzo de 1947 los liberales ganaron las elecciones a los cuerpos legislativos y se desató una oleada de violencia en aldeas y pueblos de casi todo el país. Los autores intelectuales querían expandir el clima de terror para que los liberales no conquistaran el poder político.

El liderazgo de Gaitán

Mientras se agudizaban el odio y el sectarismo, afloraba la violencia en nuevas zonas campesinas al amparo de la indiferencia de las autoridades locales. La situación llegó a tal extremo que cuando se iniciaba el año 1948 la violencia se había enseñoreado en los departamentos de Boyacá y Santander. La lucha no era sólo entre personas sino que se enfrentaban poblaciones enteras como sucedió con los combates entre los pobladores de la vereda liberal de Román y los de la vereda conservadora de San José de la Montaña. En un informe de la Dirección Nacional Liberal al presidente Ospina se describe la situación con estas preocupantes palabras: “Inmensas caravanas de hombres y mujeres huyen de las regiones azotadas […] Tras ellos quedó la tierra calcinada por los incendios […] Todo quedó destruido. Ni en Arboledas, ni en Cucutilla, quedó nada de pertenencia de los liberales […] Ya no queda un liberal en toda esa comarca” .

No sólo las autoridades civiles y policiales promovieron la violencia, la Iglesia también apoyó la persecución contra los liberales. “Varias iglesias rurales fueron decoradas con el retrato de Laureano Gómez”. Pero la violencia llegó también a la capital:

“En principio era en el campo, cuando cogió más fuerza en el campo comenzó aquí, en los cafés, en pleno centro.

Vino de la periferia al centro y cogió fuerza en los cafés. Esto empezó cuando lo nombraron Jefe del Partido Liberal. En esa época entraba uno al café con una corbata roja y ¡zas! se la cortaban. No podía uno entrar a un café con nada rojo, era peligroso para la vida.

Como al mes de asumir Gaitán el mando del liberalismo, fue cuando en La Catedral al pasar una muchacha con un vestido rojo, la cogieron y con una brocha le pintaron una equis azul en la espalda. ¡En plena Catedral!

Comenzó lo de los cafés. Si entraba uno a un café con corbata roja, lo ponían a comérsela, lo hacían arrodillarse a gritar vivas a Laureano…

Ahí si fue en verdad difícil volvernos a reunir. En ese momento arrancó el miedo” .

Con el fin de frenar la violencia convinieron entre Gaitán, la Junta Asesora del Liberalismo, la Dirección Liberal, los presidentes del Congreso y los directores de los principales periódicos liberales,  suscribir un memorial de agravios que presentaron al presidente Ospina.

En dicho documento se denunciaban los asesinatos y crímenes contra los liberales, se rechazaba la afirmación laureanista del fraude electoral y se vetaba a los ministros de Gobierno, José Antonio Montalvo  y de Educación Joaquín Estrada Monsalve, por su sectarismo. Ospina se demoró varias semanas para contestar, y al final, les recordó a los liberales cómo durante el gobierno de Olaya Herrera, también se habían presentado hechos de violencia e hizo un llamado a la prensa para que manejara con prudencia la información. Finalmente, se comprometió a adelantar las investigaciones correspondientes en los casos de violencia en los que se hubieran visto comprometidos los organismos del Estado.

En este ambiente enrarecido y frente a los hechos de atropellos acelerados Gaitán convocó al pueblo a la Marcha del Silencio, el 7 de febrero. ¿Cómo la organizaron? La siguiente es la opinión de un dirigente gaitanista:

“El pueblo liberal no tenía ninguna concepción ideológica, ni filosófica, ni nada, era un pueblo que actuaba, que lo mandaban los comités de barrio. Y era fácil convencerlos, se reunían los veinte o los treinta dirigentes de una zona o les daban la consigna y ellos, la transmitían a dos o tres reuniones de manzana y de zona y esa voz corría como pólvora y todo el pueblo aceptaba esa orden sin siquiera discutirla. A la Marcha del Silencio no hubo que hacerle mucha propaganda, sino que el pueblo la aceptó como una orden y que así debía ser. Hay que recordar, ver también el momento histórico que estábamos viviendo. Bogotá era una ciudad pequeña, muy casera, muy artesanal, se manejaba con cositas pequeñas […]

La marcha fue impresionante. Desfilan por la carrera séptima cincuenta mil personas, no se oye ni un solo grito, ni un estruendo, la gente se abstuvo hasta de respirar. Oyen el discurso del Jefe con un poder de sacrificio y abnegación; termina La Marcha con las órdenes del Jefe y todos desfilan en absoluto silencio. Es impresionante ver una masa tan numerosa en absoluto silencio. La prensa recalca el poder de Gaitán sobre las masas” .

El discurso de Gaitán fue contundente:

“Señor Presidente Ospina Pérez:

Bajo el peso de una honda emoción me dirijo a Vuestra Excelencia, interpretando el querer y la voluntad de  esta inmensa multitud que esconde su ardiente corazón, lacerado por tanta injusticia, bajo un silencio clamoroso, para pedir que haya paz y piedad para la patria […]

Os pedimos que cese la persecución de las autoridades; así os lo pide esta inmensa muchedumbre. Os pedimos una pequeña y grande cosa: que las luchas políticas se desarrollen por los cauces de la constitucionalidad.

¡No creáis que nuestra serenidad, esta impresionante serenidad, es cobardía! Somos descendientes de los bravos que aniquilaron las tiranías en este suelo sagrado. ¡Somos capaces de sacrificar nuestras vidas para salvar la paz y la libertad de Colombia!   “.

Violencia política y terror en Manizales

Mientras transcurría la Marcha del Silencio en Bogotá se realizaron actos en otras ciudades del país. La concentración liberal en Manizales fue anunciada, en La Mañana, de la siguiente manera:

“Esta tarde tendrá lugar en Manizales la más grandiosa concentración que el partido haya organizado a través de toda la historia política de la ciudad. El comité que preside el doctor Pedro Nel Jiménez ha organizado el servicio de policía cívica en la manifestación con el fin de evitar toda clase de sabotaje y violencia de parte del conservatismo, pues los liberales ya saben que concurrirán con banderas enlutadas y en medio del mayor recogimiento a esta manifestación de homenaje a los mártires del liberalismo caídos en los diferentes departamentos de Colombia donde los conservadores han sembrado el régimen del terror”.

La concentración liberal se inició a las cuatro de la tarde con una extraordinaria movilización de fuerzas populares. A esta hora un multitudinario desfile presidido por los dirigentes liberales Guillermo Londoño Mejía, Ernesto Arango Tavera, Luis Jaramillo Montoya y Marco Giraldo Sanín se concentró en el parque de Bolívar. Aquí llevaron la palabra Álvaro Campo Posada, Camilo Mejía Duque, Juan Montoya y Pedro Nel Jiménez. Mientras se desarrollaba el acto político salían de los pasillos de la gobernación numerosos saboteadores a gritar abajos al liberalismo y vivas a Laureano Gómez. Numerosos agentes de policía protegían la puerta principal de acceso a la gobernación y los agentes secretos mostraban sus revólveres en forma amenazante.  Pero había interés en sabotear la manifestación desde el propio Palacio Departamental. Cuando el acto se disolvía y los participantes se dirigían a sus casas empezó la provocación desde el Palacio Departamental:

“[…] Antes de que llegara la policía montada, del mismo palacio de la Gobernación, salió un elemento conservador con una peinilla en la mano, blandiéndola fieramente, hasta la mitad de la calle. Los liberales que todavía no se habían dispersado fueron a defender a un copartidario atacado por el sujeto en mención. La policía con gran trabajo entró al sujeto a la gobernación en donde estaban parapetados numerosos elementos civiles, gritando abajos y frases amenazantes.

Los carabineros penetraron entonces a la plaza y luego se replegaron hacia el Palacio de la Licorera.

En estos momentos, desde aquel edificio en construcción, se hicieron los primeros disparos sobre la multitud que ocasionaron el primer herido. Los liberales, entonces, retrocedieron hacia la esquina de la gobernación donde se hallaba situado el almacén de Hijos de Liborio Gutiérrez. Entonces empezó el abaleo desde la propia gobernación.

De las mismas ventanas de la oficina del gobernador Muñoz Botero y desde el Puente de los Suspiros se hicieron varios disparos, que rebotaron contra el pavimento y ocasionaron más heridos. De allí en adelante siguió el abaleo general. Los particulares conservadores, que en semanas anteriores habían sido armados por la policía de Caldas, y la propia policía desde la planta baja de la gobernación, lanzaron sobre la multitud un fuego graneado en todas direcciones” .

Cuando agonizaba el día, los dirigentes liberales fueron enterados de una cifra de nueve muertos y más de 20 heridos. Pero las noticias de la manifestación liberal de Pereira informaban de cuatro muertos y 22 heridos. En horas de la noche una comisión del Directorio Liberal de Caldas, integrada por Federico Mejía, Ramón Marín Vargas y Efrén Lopera, visitó al gobernador, Alfonso Muñoz Botero, para exigirle el desarme y acuartelamiento de la policía, la destitución de su comandante y el nombramiento de un investigador. El gobernador se defendió anotando que los liberales se acercaron en forma hostil a la gobernación con el propósito de atacarla y que fue entonces cuando la policía tuvo que disparar para defender la propia vida.

Al día siguiente viajaron a la capital de la república Otto Morales Benítez y Guillermo Rivera Cardona, delegados por el Directorio Liberal Departamental, con el fin de informar  al doctor Gaitán y al Presidente de la República sobre el desarrollo de los acontecimientos en Manizales y Pereira. La escalofriante noticia tuvo amplia difusión. El Tiempo publicó en titulares de primera página:

“Los sucesos de Caldas. Plena responsabilidad tiene el gobernador Alfonso Muñoz B. Morales Benítez y Rivera Cardona relatan el atropello. Si hubiera ocurrido el asalto a la gobernación, por lo menos un muerto ha debido quedar en ella.

Las víctimas quedaron regadas en diversos lugares de la plaza. La policía había sido armada desde antes de la manifestación. Los discursos fueron serenos” .

El Magnicio

El movimiento gaitanista fue recibido con odio por diversos sectores de la clase dominante; por ello las marchas del silencio, del 7 de febrero, fueron reprimidas a sangre y fuego. Las llamadas “fuerzas oscuras” tenían que derrotar al pueblo, mediante la violencia, con el fin de instalar la hegemonía. Para golpear la oposición, aglutinada en el partido liberal unido, bastaba con asesinar a su principal líder. El mismo Jorge Eliécer Gaitán decía: “yo no soy un hombre, soy un pueblo”.

Cuando Gaitán cayó herido, el 9 de abril,  la primera reacción de quienes escucharon los disparos fue perseguir al asesino. Y Roa Sierra se convirtió en un trofeo para la multitud, que marchó hacia la sede del gobierno. El pueblo enfurecido buscó otros blancos que representaban el poder: el ministerio de Relaciones Exteriores, donde debía estar Laureano Gómez;  el ministerio de Justicia y la Gobernación. El ataque al Palacio Arzobispal significaba el repudio a la jerarquía católica, que había tomado partido al lado de la extrema derecha.

El gobierno de Ospina estuvo a punto de ser derrocado pero se sostuvo porque el Ejército se mantuvo leal; por su parte los dirigentes liberales no supieron aprovechar la oportunidad: no apoyarlo hubiera sido suficiente. Ospina Pérez se asustó demasiado por el levantamiento popular y les propuso a los dirigentes liberales un gabinete de unión nacional; la fórmula fue aceptada. ¡De este modo los jefes contribuyeron al apaciguamiento de los ánimos del enfurecido pueblo liberal!