19 de octubre de 2021
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Habló Pilar del Río de Saramago y de su obra…

20 de abril de 2013
20 de abril de 2013

laura restrepo y pilar del rio

Laura Restrepo y Pilar del Río

Este, fue el primer diálogo entre los asistentes a la 26 Feria del Libro de Bogotá que abrió sus puertas con Portugal como país invitado de honor y que se extenderá hasta el 1 de mayo. “La vivienda las Tías en Lanzarote, fue convertida en casa-museo junto a la biblioteca personal del escritor”, dice su esposa, a quién no le gusta que la llamen viuda.

Fue una disertación que trasportó a quienes lo vivimos, al proceso de redacción del libro El Viaje del Elefante. A los simbolismo y la pluma emotiva de Saramago. “Siempre acabamos llegando adonde nos esperan. Una idea del Nobel relacionada íntimamente con la muerte, pero a la vez. De forma magistral: con la vida.

“Saramago no desaprovechó un minuto. Viajó por diferentes lugares del mundo. Lisboa, Venecia y Belén entre otros. Cumplía su agenda de figura pública. Asistió a conciertos, a extenuantes firmas multitudinarias de libros. No desaprovechó un minuto. Además, a este trabajo se sumó su disciplina de escribir”, añade Pilar del Río.

A parte de su obra, Saramago lo acompañó su ánimo de vivir. Un hombre de la tercera edad que se hizo joven, gracias a su pluma. “Si me hubiese muerto sin conocer a Pilar me hubiese muerto mucho más viejo de lo que seré cuando llegue la hora”, advertía.

Un elogio a una mujer, que aprendió portugués leyendo a Saramago. Así tradujo todas las novelas del Nobel. El hombre duplicado, Ensayo sobre la lucidez, La Caverna y Caín.  La vida y la muerte de Griselda Blanco.
“Soy consciente de mis limitaciones ante la obra de Saramago. Si bien en casa era José, hacia afuera se trataba de Saramago. La razón. Habla su traductora, no su esposa, apunta Pilar del Río, cuyo conversatorio con Laura Restrepo hizo sentir la literatura a flor de piel.

Porque todo lo bueno llega al alma. Porque un libro puede cambiar la vida De una persona, como se la cambio a la española Pilar del Río. “nos encontraremos en otros sitio”, como le decía Saramago a Pilar…en el apasionante mundo de los libros desde Corferias en Bogotá. Un mar de libros por descubrir desde la pluma de autores portugueses. Son ellos, los invitados de honor…

La esperadísima charla entre Laura Restrepo y Pilar del Río ha sido muy emotiva e íntima. Aforo más que lleno, entusiastas de Saramago, jóvenes lectores, conocedores literarios, medios nacionales e internacionales. Como si estuvieran sentadas en el paseo marítimo de Santillana del Mar, o en la casa de Pilar y Saramago en Lanzarote o en una terraza de Oporto, las dos amigas han ido contándonos los entresijos de sus encuentros anteriores, de los diálogos que mantuvieron con José y de las enseñanzas de ese portugués de una presencia ética y política tan elevada.
pilar del rio
“Miraré a tu sombra si no quisieras que te mire. Quiero estar donde estará mi sombra, si allí estuvieran tus ojos” es la frase extraída de El evangelio según Jesucristo que Pilar del Río llevaba bordada en el dobladillo del vestido para la gala de premiación del Premio Nobel. No llevaba un vestido, ha dicho, vestía una alegoría.

Hablando de la figura de Saramago y de su obra las dos contertulias se han detenido mucho en la formalidad, la dignidad y la fortaleza de su persona y en la musicalidad, la cadencia de su escritura, en la necesidad de tener lectores comprometidos para escuchar música en sus textos… pausa larga, pausa corta.

Laura le pregunta a Pilar por los diálogos sensuales del cuerpo y alma de Saramago, y Pilar le responde que Saramago siempre hablaba de amor y no de erotismo o sensualidad, “Y José era un señor muy formal, y por mucho que yo tradujera sus palabras, ¿cómo no me iba a creer lo que me decía?”. ¿Cómo hacía Saramago sus diálogos?, vuelve a preguntar Laura, en referencia al poder de las mujeres en su obra. ¿Tú qué crees?, dice la esposa, se le conocen tres matrimonios, pero mujeres, muchas. Risas.
Y es que las personalidades fuertes de sus personajes femeninos surgían porque él había conocido a esas mujeres anónimas que según contaba Saramago: “sostenían al mundo… El mundo sería insoportable si las mujeres no hubiesen hablado desde tiempos remotos transmitiendo las leyendas que formaron todo… Sin mujeres todo hubiera sido guerra”.

Saramago no tenía certezas, tenía intuiciones: “Vamos de mal en peor”. Y no culpaba solo al capitalismo o las oligarquías,  pensaba que a lo mejor los ciudadanos no somos tan inocentes y los derechos humanos por los que abogamos debemos ganárnoslos cumpliendo deberes.

Pilar y Laura mezclaban nostalgia y ensoñación en sus palabras relatando el último tiempo de Saramago en vida. Él que le cantaba a la vida y que miraba a la muerte a la cara. La abuela de Saramago fue su maestra y Pilar recordó las palabras que una noche le dijo a su nieto: “El mundo es tan bonito y yo tengo tanta pena de morir”. Con el pan que amasó con sus manos hubiera podido comer toda la humanidad.

Sobre la labor de escritura de su marido, Pilar reveló que él decía no tener ansiedad pero que tampoco perdía el tiempo, y que si no estaba viajando escribía dos páginas diarias. En un camino que no conocía final, pero que le descubría sorpresas cada día. Eso decía Saramago, mientras que su esposa piensa que era un escritor desprogramado en el itinerario pero que sabía dónde iba a llegar.

En la parte final, que trató los días finales de la vida del portugués, Laura Restrepo relató que se ausentó de una cita en Portugal con la pareja Saramago Ríos, por motivos de emergencia y que al teléfono para disculparse con el escritor, éste le dijo: “Puede ser la última vez que me veas”.
En los últimos meses no escribió, no por la enfermedad, sino porque la novela que había iniciado estaba siendo muy complicada y decidió darle un espacio. “Ni me curo ni me muero de una puta vez” le decía Saramago a su esposa, que se confesó diciéndonos las últimas palabras del marido. Se retiró a descansar el nobel después de desayunar y Pilar se acercó después a verlo. “Has tenido un colapso, ¿me oyes?, ¿me oyes?, ¿me oyes?. Sí, te oigo, contestó refunfuñando. Y murió dulcemente durmiendo.

Se acordó el funeral de Estado y después lo que conmovió a la periodista española fue ver cómo ante el féretro el pueblo levantaba en alto los libros de Saramago. Una persona que hizo mejor a la humanidad. Todo pasó porque era un hombre bueno, finaliza Pilar.

Les doy las buenas noches a todos, después de haber empezado la Feria viendo la magnitud de un escritor eterno y compasivo. El escritor de la compasión.