17 de octubre de 2021
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Fray Rodín y la marcha por las víctimas

17 de abril de 2013

 

fray rodinLa segunda, cuando por mi falta de pericia para conducir vehículos dí dos vueltas de campana con mi pequeño Simca 1.200 en las carreteras del  departamento del Valle y terminé ileso en un  cañaduzal.  La tercera, en el atentado terrorista del Club El Nogal de Bogotá en la nefanda noche del 7 de febrero del año 2.003.Con los lisiados, los niños asfixiados, los treinta y seis muerto y los más de ciento cincuenta heridos,mi mujer y yo somos víctimas de las Farc. Víctimas del conflicto. En los días y las noches, las sirenas de las ambulancias nos sobresaltan, y en los diciembres los triquitraques, los voladores y los tacos nos desalientan el espíritu navideño.

La cara de mi propia muerte no me ha gustado.

La muerte de los demás,lógico, la he tenido al frente de mis ojos. La de  mis padres, mis parientes cercanos, mis íntimos amigos. Y mis prójimos. La mayoría de ellos, se han muerto por vivir. Por lo ineluctable de la muerte. Otros, por una mano aleve, por las balas asesinas, por estar de acuerdo, por no estar de acuerdo. Y hasta por su propia mano. Y me han dolido sus muertes.

En estas notas periodísticas hemos repetido hasta el cansancio que solo el respeto a la vida puede conducir a la utopía de la paz. Que en nombre de la defensa de quienes se creen depositarios de la verdad verdadera , de lo subjetivo fundamentalista, de ideologías o religiones, no se puede acabar con el único patrimonio que tenemos los seres terrenales: La Vida. Y que si hay que pactar con el diablo para salvar una sola vida, hay que hacerlo. Es un imperativo existencial. Humanista.  Poético. Y político.

Políticas son  las negociaciones de La Habana. Elementalísimo. Voy a acudir a lo dicho y escrito por ciudadanos  amigos del proceso para repasar y tratar de poner en claro la coyuntura en la que nos encontramos los colombianos. Vamos a buscar en La Habana la terminación de un conflicto armado, que lleva cerca de cincuenta años en escena. La paz vendrá por añadidura. O no vendrá .La paz es una utopía, pero una utopía a la que no podemos renunciar, así se convierta en poesía.  Porque como lo escribe mi amigo, músico y aeda Oscar Escobar «El Juglar»: » No esperen los que sueñan con la paz, un estado celestial en el que conviviremos en plena armonía los colombianos. No. La lucha, la controversia, la disputa ideológica, social y política es perpetua. »  Y con muertos al fondo agregaría yo. Le cedo la palabra a Natalia Springer: » Esta guerra se hace matando y muriendo, y aquí no solo mueren guerrilleros y criminales. Mueren nuestros soldados, mueren nuestros campesinos, mueren nuestros niños, muere el campo sembrado de minas, muere Colombia…»  De pronto llegará y es a lo mínimo que aspiramos ,  una especie de paz que se  manifeste en la posibilidad de que no nos matemos por pensar diferente los unos a los otros.

Que es  lo que se está acordando en La Habana. Cambiar el conflicto armado por un conflicto sin balas, racional, discursivo, sin minas quiebrapatas, secuestros, bombazos, niños combatientes, falsos positivos, alianzas permisivas de las autoridades legítimas con los asesinos, ataques contra la población civil. El acallamiento de los fusiles de la subversión, que conduciría al  silencio de las ametralladoras defensoras del establecimiento legítimo y constitucional.  Lo que no es equivalente, como la ha dicho el Fiscal Montealegre, a un sometimiento de los subversivos guerrilleros, ni mucho menos del Estado: lo de La Habana es una negociación. Una negociación del Estado con quienes hace varias décadas han asolado campos y ciudades colombianas, ante la impotencia de los ejércitos oficiales. Esto es lo pragmático y  lo defensable. Ya vendrán fórmulas efectivas, si la negociación llega a puerto seguro, para que la justicia entre a operar. La justicia transicional o como quieran llamarla. La imaginación ha de desbordarse en  la búsqueda de fórmulas justicieras que despejen la solución del conflicto .

Aquí hemos manifestado nuestro acuerdo  con toda clase de conversaciones que se han intentado para acabar con el uso de las armas como argumento político. Las de Lleras Restrepo, Misael y Andrés Pastrana, Barco, Turbay, Gaviria, Belisario Betancur, Uribe. En nombre de La Vida.  Y con nuestra presencia en la marcha del nueve de abril, estuvimos ratificando nuestra posición. El Presidente Santos y Humberto de la Calle Lombana con nuestros hombres en La Habana ,  en su nuevo esfuerzo por acabar con el inveterado conflicto que solo desolación y muerte ha dejado, identifican el querer de la inmensa mayoría de sus compatriotas. Y no nos están entregando. De la Calle, en quien yo creo y en quien admiro su paciencia y su prudencia , ha escrito en El Tiempo que lo negociado en La Habana será sometido al conocimiento y la refrendación del pueblo colombiano. Con participación de la guerrilla, convertida en partido político, que será bienvenida a la liza democrática sin el terrorismo como escudo. Aquí  la estamos esperando para derrotar sus equivocadas propuestas y convicciones en las urnas.  Que sería el ingreso de Colombia a lo inteligente y civilizado. EL fracaso en éste empeño , » la prolongación indefinida de la guerra, podría concluir en la derrota definitiva de los insurgentes, como algunas mentalidades lo prefieren, pero mientras  tanto la violencia enceguecida y anárquica continuaría perturbando, si no arruinando, los destinos colombianos . » Así  lo expresó el Dr. Abdón Espinosa, de quien soy su devoto lector, en su columna de El Tiempo.