19 de octubre de 2021
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En Venezuela se creció la oposición

30 de abril de 2013
30 de abril de 2013

albeiro valencia llano En este punto Capriles habló sobre sus sospechas de fraude y no reconoció la victoria; exigió recontar el total de los sufragios y llamó a los votantes a un “cacerolazo” para obligar al reconteo de votos. Sin embargo el Consejo Nacional Electoral se mantuvo firme, proclamó a Maduro Presidente y anunció que no habrá conteo manual de votos, argumentando que hacerlo sería “ir en contra de la voluntad del pueblo”. Cuando Maduro recibió la credencial dijo en su discurso que “no podrán venir arribistas, líderes del odio a borrar la historia”.

Ante el caos y el vacío de poder que está creando la oposición, y especialmente Capriles, Nicolás Maduro advirtió que se está preparando un golpe militar contra el régimen chavista, parecido al que se produjo el 9 de abril de 2002 y anotó: “Llegó la hora de la vida de la Patria, del futuro de la revolución. Como guerreros que somos de la paz, nadie nos va a chantajear. Tenemos el pueblo, las Fuerzas Armadas,  instituciones sociales y un mundo que nos entiende”.

El nuevo Presidente

Nicolás Maduro nació el 23 de noviembre de 1962 en Caracas y desde muy joven militó en la organización de izquierda llamada Ruptura; trabajó como conductor en el Metro de Caracas (1991-1998) y fundó el sindicato Sitrameca. Conoció a Hugo Chávez en 1993 cuando, con un grupo de trabajadores chavistas, lo visitó en la cárcel; Chávez se encontraba detenido como consecuencia del fallido golpe de Estado del 4 de febrero de 1992, contra el presidente Carlos Andrés Pérez. Está casado con la exprocuradora general de la República, Cilia Flórez, a quien conoció cuando, por su condición de abogada, estaba gestionando el indulto de Chávez ante Rafael Caldera. Desde 1994, Maduro y Cilia se unieron al grupo para “refundar la República”, se sumaron a la campaña política que arrancó en 1997 y llevó a Chávez a la presidencia, el 6 de diciembre de 1998, con el 56% de los votos. De aquí en adelante Nicolás Maduro hizo una vertiginosa carrera política: elegido diputado de la Asamblea Constituyente, de 1999, que redactó la Nueva Constitución, diputado para la Asamblea Nacional de Venezuela en 2000 y, luego, presidente del Parlamento; en 2006 fue nombrado Ministro de Relaciones Exteriores y desde este cargo impulsó los organismos de integración como Celac, Alba, Unasur y Mercosur. Chávez ganó las últimas elecciones del 7 de octubre de 2012 y lo nombró Vicepresidente, luego, el 8 de diciembre cuando la enfermedad había minado su organismo, anunció: “Si algo ocurriera, que a mí me inhabilite para continuar al frente de la Presidencia… ustedes elijan a Nicolás Maduro como presidente de la República Bolivariana de Venezuela”. El 5 de marzo falleció el comandante Chávez y Maduro asumió el cargo de presidente encargado, hasta las pasadas elecciones.

La pobreza del debate electoral

Algo va de Pedro a Pablo. Los venezolanos se habían acostumbrado a Hugo Chávez, un presidente que cautivaba multitudes porque sabía dialogar utilizando recursos verbales, gestos, chistes, canciones y anécdotas; el chavismo ganó muchas elecciones seguidas y, en la última, un Chávez enfermo le sacó 10 puntos a Capriles. Muerto el caudillo la oposición se envalentonó y el oficialismo hizo una campaña bajo la sombra del Comandante; en este ambiente el debate transcurrió en medio de insultos y de la polarización del país, y el fantasma de Chávez no permitió que Nicolás Maduro expusiera el programa de gobierno con la suficiente claridad. De este modo el candidato oficialista aparecía como un heredero, o sucesor, que no daba la medida.

La polarización política ahogó los temas álgidos como la inseguridad y la escasez de productos de la canasta familiar. Mientras tanto el mito de Chávez aparecía por doquier (afiches, muñecos, camisetas) y la campaña de Maduro lo volvió el eje, como “redentor de los pobres”. Se convirtió al Caudillo en una figura mítico-religiosa; por este hecho protestó el obispo de Caracas y advirtió que el gobierno le estaba poniendo a Cristo una camisa roja. Produjo incomodidad cuando Maduro dijo que Chávez había intercedido en las alturas para que nombraran a un papa latinoamericano. Y las consignas tuvieron este cariz: “Maduro es hijo del Cristo de los pobres”, “Chávez, te lo juro, voto por Maduro”. Pero la obsesión por Chávez hizo que el candidato perdiera seriedad; bajó puntos porque afirmó que el Comandante se le había aparecido en forma de “pajarito chiquitico”, lo que atiborró las redes sociales con chistes sobre el tema y le dio oportunidad a Capriles para proponer la “evaluación mental” de Maduro. Esto distrajo al oficialismo y le hizo perder tiempo necesario para plantear, con claridad, el programa de gobierno: la continuidad de la inversión social, mejor administración de los recursos del petróleo, erradicación del latifundio parasitario, fortalecimiento de los sectores productivos y la lucha por la seguridad del país.

Mientras tanto Capriles se preocupó por no atacar la imagen de Chávez, quien al momento de morir tenía una popularidad del 70%, y se orientó a golpear la “débil” personalidad de Maduro, a quien considera un “clon imperfecto” del líder y le lanzó golpes sucios y provocadores: “Maduro no es Chávez”, el “Chofer de bus”, “Los liderazgos no se heredan, se sudan, se construyen junto al pueblo”, “Toripollo” (cuerpo de toro, cerebro de pollo). Maduro se dejó enredar  y cayó en el juego del contrincante, quien aprovechaba para enrostrarle las fallas del gobierno: inflación del 20%, déficit fiscal del 15%, y las equivocaciones en seguridad ciudadana (55 homicidios por cada 100 mil habitantes). Al mismo tiempo le apostó a continuar con las misiones o programas de asistencia social creadas por Hugo Chávez, y a detener los “regalos de petróleo” a otros países. Prometió aumentar el salario mínimo en 40%, bajar la criminalidad y erradicar la corrupción de las instituciones públicas.

La polarización del país, los insultos y el bajo nivel político del debate electoral, produjeron desilusión en el pueblo. Para los chavistas hizo falta el líder natural, el caudillo, el animal político y el embrujador  de multitudes; por esto el oficialismo perdió un millón de votos. Le esperan tiempos difíciles porque le tocó la época de las vacas flacas. La pasada bonanza del petróleo golpeó el aparato productivo, la deuda externa viene creciendo y la inflación sigue desbocada; y para rematar, está disminuyendo la producción de petróleo por los malos manejos de PDVSA. Y como si esto fuera poco Capriles, y la oposición, están creando vacío de poder para incitar al golpe de estado.

Se creció la oposición

Cuando el Consejo Nacional Electoral proclamó presidente a Nicolás Maduro, Henrique Capriles aprovechó la efervescencia del momento para crear el caos. No reconoció los resultados,  ventiló el descontento a través de los medios de comunicación e incitó a la oposición a la protesta, lo que se convirtió en una tormentosa noche: quemaron varias sedes del Partido Socialista Unido de Venezuela, arremetieron contra las viviendas de los chavistas reconocidos y atacaron centros de diagnóstico integral; la jornada dejó siete muertos y numerosos heridos. Sobre los hechos advirtió el ministro de Comunicaciones de Venezuela, Ernesto Villegas: “Les advertimos. No van a lanzar al país a la violencia, pues ni el gobierno, ni el pueblo, ni las instituciones, ni mucho menos las Fuerzas Armadas lo van a permitir”.

Seguramente llegarán tiempos más difíciles. Capriles se convirtió en el más importante líder de la oposición y se puede afirmar que perdió, pero ganó. En cuanto al gobierno le corresponde mirar dónde están las fallas, y preguntarse ¿Por qué miles de chavistas votaron por Capriles?