28 de octubre de 2021
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En Venezuela: Maduro e inmaduro.

18 de abril de 2013
18 de abril de 2013

victor zuluaga El candidato “Maduro”, insiste en aparecer, parecer y hablar como si fuera la reencarnación de Chávez, quien seguramente le hará el milagro de obtener los votos suficientes para llegar a la presidencia. Eso sí, no por méritos propios sino prestados del muerto, a quien no lo dejarán tranquilo en su tumba, de la misma manera que Chávez se encargó de desenterrar lo que quedaba del héroe de las mil batallas de la independencia.

Pero si por el lado de Maduro no hay propuestas sino discursos que remiten invariablemente al héroe Chávez, solicitando su bendición y jurando fidelidad hasta más allá de la muerte, por el lado de Capriles sólo se escucha vociferar contra Maduro, mostrando en ese sentido que es un hombre “Inmaduro”, al buen estilo al que nos tiene ya acostumbrado el viudo del poder, es decir, el doctor Alvaro Uribe.

Es una verdadera pena y yo diría que vergüenza que a esos niveles, es decir, entre personas que ocupan altas dignidades políticas en estos  países, el lenguaje y el contenido dejen tanto que desear. Eso de “Te rompo la cara marica”, al mejor estilo de las canciones de despecho de las hermanitas Calle, no tiene presentación ni aquí ni en ninguna parte, entre personas que se supone toman decisiones que afectan a millones de personas.

Creo que ya tenemos suficiente dosis de violencia, en el caso nuestro, todo el siglo XIX enfrentados entre liberales y conservadores, luego la misma dosis a mediados de siglo, y ahora con “rastrojos”, “urabeños” y toda una serie de desadaptados que disparan ya no con armas convencionales sino con aparatos de alta tecnología incorporados en los teléfonos celulares.

Qué bueno fuera poder insistir en los centros educativos sobre la utopía que representa el conocimiento “objetivo”, es decir, creer que el sujeto se puede sustraer de adicionar una cuota parte de opinión muy personal sobre el objeto al cual está caracterizando. Mientras no se insista en esa formación humanística a costa de una sobreinformación sobre la rentabilidad económica de cualquier acción humana, estaremos condenados a asumir posiciones de “defender a muerte” nuestras ideas, nuestras concepciones,  y a considerar el “diálogo” como una pérdida de tiempo y de energía en la medida que hay una fórmula mucho mas fácil de aplicar en estos casos de opiniones divergentes: desaparecer al otro.