19 de octubre de 2021
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Carrusel de la Contratación: Más devastador que el “bogotazo” del 9 de abril del 48

15 de abril de 2013
15 de abril de 2013

Así lo estableció la revista Semana al revelar la forma como operaba el carrusel de la contratación en cabeza del senador Iván Moreno Rojas, hermano del alcalde.

Según la publicación, el excongresista lideraba un “gobierno en la sombra”, que manejaba el carrusel de la contratación en Bogotá, el cual a semejanza de las células terroristas, operaba con una especie de código y no había reuniones entre sus integrantes, al menos no en el territorio colombiano.

De acuerdo con la investigación de la revista Semana, Emilio Tapia “era el eslabón entre los Moreno Rojas y los contratistas”.

“Los bogotanos no tienen idea de hasta dónde llegó la devastación. Lo interesante de este caso, a diferencia de otros grandes descalabros del país, es que gracias a la confesión y a las pruebas entregadas por Emilio Tapia, todo se está descubriendo”, complementa la revista.

Destaca que de acuerdo con las revelaciones de Emilio Tapia el ‘gobierno en la sombra’ tenía una especie de ‘junta directiva’ que decidió cómo se repartía la torta del Distrito. La Uaesp, por ejemplo, que se encargaba de los multimillonarios contratos de recolección de basuras y del relleno de Doña Juana, le tocó al abogado Álvaro Dávila, según testimonios que ya están en la Fiscalía.

El Acueducto fue para el contratista Andrés Cardona Laverde. Y en el IDU, que tenía 3 billones de pesos para invertir, se acogió la propuesta del contratista Julio Gómez de mantener a la directora que ya estaba.

Por mencionar solo las tajadas más grandes. Cabe anotar que Julio Gómez ya llegó a un acuerdo con la Fiscalía, de diez años de prisión, a cambio de confesar y delatar otros engranajes del carrusel. Pero Cardona y Dávila –hoy detenido– han negado ser parte del carrusel.

El modus operandi de la ‘junta directiva’ era sencillo, subraya la publicación. Cada uno resolvía cómo repartía los contratos, pero tenía que garantizar un porcentaje para los hermanos Moreno Rojas. “Eso funcionaba como si fueran franquicias. Los Moreno le entregaban a un contratista una entidad para que les respondiera por ella y les tenían que pagar un porcentaje por cada contrato”, le explicó un exgerente del Acueducto a SEMANA.

Semana detalla que “existe una agenda en el que están claramente establecidos 35 frentes en los que había “mordidas”, uno de los cuales incluía el “recaudo de Sistema Integrado de Transporte, contrato que aparece como el más jugoso y que por “mordida” representaba 56 millones de pesos diarios para la organización de los hermanos Moreno Rojas”.

En el listado hay muchas ‘mordidas’ que hasta ahora no se conocían, destaca la publicación, la cual agrega que “la más impresionante es la del contrato del recaudo del Sistema Integrado de Transporte (más conocido como Sirci). En toda la historia de Colombia no ha existido un contrato público tan jugoso como ese”.

El ganador de ese ‘premio gordo’ maneja desde enero de este año 3.150 millones de pesos diarios, que corresponden a los pasajes del Sistema Integrado de Transporte –hoy se venden 1,8 millones de pasajes-, pero el cálculo es que en agosto del año entrante sean 12.250 millones de pesos –cuando el SITP llegue a 7 millones de pasajes diarios–.

“Ese monto, en efectivo, solo es comparable con el que manejan cada día los más grandes hipermercados o las empresas de telefonía celular. Eso suma, cada año, 4,4 billones de pesos. Y, como se firmó a 16 años, el negocio es de ¡64 billones de pesos!

La mordida –para los Moreno y Emilio Tapia–según el acta mencionada era la bobadita de 8 pesos por cada pasajero: lo cual, multiplicado por 7 millones de pasajeros, equivale a 56 millones de pesos diarios. Eso suma 20.000 millones de pesos al año. Durante 16 años.

“Esta empresa criminal habría creado una EPS en el papel, inflado en 30 por ciento precios relacionado con el IDU, salarios de hasta 89 millones de pesos en empresas satélite, acciones tan increíbles como dejar sepultada maquinaria por un error en toma de decisión.

“Eso funcionaba como si fueran franquicias. Los Moreno le entregaban a un contratista una entidad para que les respondiera por ella y les tenían que pagar un porcentaje por cada contrato”, reseña la revista.

Se refiere a las reuniones de la “junta directiva” de dicho “gobierno en la sombra” en la ciudad de Miami, Estados Unidos, y cita entre los participantes a Saúl Campanella, un cartagenero asesor en la creación de empresas y movimiento de dineros hacia paraíso fiscales; lo mismo que a Luis Cárdenas, un barranquillero quien reside en esa ciudad de la Florida llevando consigo un duro cuestionamiento por irregularidades en el manejo de recursos de la capital del Atlántico.

Advierte que “el fiscal delegado ante la Corte Suprema que lleva el caso, Juan Valbuena, dijo en una audiencia que todo fue fríamente calculado. “Desde diciembre del 2007 y hasta junio del 2010, Samuel Moreno, su hermano Iván, el abogado Álvaro Dávila y los empresarios Emilio Tapia y Julio Gómez se pusieron de acuerdo para cometer delitos contra la administración pública”.

Semana subraya que “la otra gran piñata fue el Instituto de Desarrollo Urbano (IDU). El 2 de junio de 2010, Samuel Moreno se vanagloriaba diciendo: “La capital de la República vive una transformación nunca antes vista”. Y calificó como “grandiosa” la inversión de 3,6 billones de pesos en obras viales. “Nunca en los presupuestos del IDU se había hecho una inversión de tal magnitud”.

Finalmente, la revista reseña así, los estragos del bogotazo:
1) En 2010 se presentaron en la capital 1.200 casos de tuberculosis, una enfermedad que se suponía erradicada. La red pública de hospitales de Bogotá, que hasta 2007 tuvo un balance positivo en su operación, a partir de 2008 se desploma: los hospitales de tercer nivel terminaron 2010 con 30.000 millones de déficit. Y la EPS que se creó, Capital Salud, luego de que les resolvió el problema a otras EPS que se salieron del negocio y les recibió sus pacientes, hace dos semanas se dijo que sería liquidada.

2) En Bogotá está el único sistema integrado de transporte en el mundo que funciona con tarjetas diferentes. Y en el cual se ven por las calles unos modernos buses azules vacíos. ¿Cómo puede ser posible que el Distrito haya entregado un contrato multimillonario –el del sistema de recaudo del SITP a Recaudo Bogotá– a sabiendas de que sus tarjetas no estarían sincronizadas con las de otro que ya operaba en la ciudad –el de Angelcom-?

3) Tras invertir cerca de 20.000 millones de pesos en la 26 con Séptima, donde se supone debía haber unas discretas plataformas para conectar el Parque Bicentenario con el Museo de Arte Moderno y la Biblioteca Nacional, desde hace más de tres años hay una inútil mole de concreto de hasta ocho metros de altura que además tiene bloqueado el tráfico. Un verdadero elefante blanco.

4) La construcción del túnel de ocho kilómetros para llevar las aguas residuales de Bogotá hasta la futura planta de tratamiento en Soacha es otro monumento al absurdo. Por un cambio de planes cuando ya lo estaban construyendo, cerraron el túnel sin percatarse que se les quedaron dos enormes máquinas de excavación a 60 metros de profundidad. Si no las sacan no se puede utilizar el túnel. Y sacarlas cuesta 35.000 millones de pesos.