25 de octubre de 2021
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Cada época tiene su Mesías

9 de abril de 2013

Y una cosa parece clara: no hay ni peligro que la guerrilla pueda en determinado momento llegar al poder por medio de las armas. Pero la pregunta planteada del otro lado no deja de ser válida,: ¿Por qué el Estado no ha sido capaz de acabar con los alzados en armas durante más de medio siglo de confrontación?.

Cosa curiosa: pareciera que a algunos sectores de la población, le conviniera que el conflicto armado se eternice en Colombia. Para hablar solamente de aquellos actores que hacen sus fortunas con el comercio de las armas. Y, ¿por qué no?, de aquellos políticos que han construido su plataforma sobre la base de la guerra a muerte contra los alzados en armas. Paradoja enorme: su razón de ser y de su ideario es la lucha contra la subversión, pero por lo mismo la existencia del conflicto es lo que le da vida a su vigencia.

Y como decíamos que en toda época hay optimista y pesimistas, vemos lo que planteaba Alfonso López Michelsen en 1990, cuando hacía el prólogo del libro escrito por Stella Cano, sobre “Algunas facciones políticas en Risaralda”:

“Yo me pregunto qué hubiera ocurrido en Nicaragua si Doña Violeta Chamorro hubiera puesto en práctica una política semejante. En lugar de comprometerse en una batalla en que muy pocas posibilidades estaban de su lado y resultar victoriosa, se habría escudado tras una serie de disculpas para no aceptar el reto. Habría dicho que a los comunistas no hay que creerles, que contra un gobierno es imposible luchar, que los observadores internacionales serían engañados, que a los primeros signos de derrota los sandinistas acudirían al fraude…!qué sé yo!. Entre nosotros nada cristaliza, nada llega a una conclusión porque se da por hecho lo que se presume, y es así como todo se queda es esquemas.”

Y para que podamos refrendar aquello de la incongruencia humana, digamos que a última hora se junta el doctor Uribe con el doctor Pastrana, ése último, el cerebro del tristemente célebre Caguán y quien (Uribe) ha sido el más violento crítico de dicho pasaje de la historia colombiana.

Pero digamos que además de posiciones incongruentes entre los dos expresidentes, lo que podemos hablar también es de la soledad del poder, que obliga a buscar amigos entre los antiguos enemigos, porque escasean entre los antiguos amigos.