24 de mayo de 2024

Buscar la paz sin oportunismos

9 de abril de 2013

Cómo dar la espalda a un conflicto de semejantes proporciones y no pensar en la necesidad de resolverlo, de acabarlo, de ponerle punto final. Terminarlo sería no solo la oportunidad de reducir las gravísimas violaciones de derechos humanos que nos acarrea sino abrir las puertas a un cambio favorable a la convivencia y el desarrollo. A la inversión social y el disfrute de una modernidad política y cultural apenas experimentada a cuentagotas y diluida por años.

De nuestros lectores recibimos a diario decenas de comentarios y en ellos resaltan algunos pedidos: que la firma de la paz con la guerrilla no se haga a espaldas del pueblo ni aplastando la legitimidad de nuestro Estado Social de Derecho -y su ordenamiento constitucional- y que esa terminación del conflicto no pase por encima de las víctimas de la violencia subversiva, incluidos los derechos de la gente a la verdad y a la reparación.

Hoy ha sido convocada una Marcha Nacional de Respaldo al Proceso de Paz. No queremos ir en contravía de ese interés y ese deseo legítimos de que el conflicto armado encuentre una solución.

Pero sí advertimos que tratándose del Día Nacional de las Víctimas y de la conmemoración de una fecha tan sensible a la memoria histórica de la nación como El Bogotazo (9 de abril de 1948), la movilización de hoy no se preste a proselitismos pacifistas espurios que terminen cobijando discursos de legitimación de las Farc y de sectores que quieren hacerles el juego político, porque en el fondo son raíces de un mismo tronco. Ya no debe ser admisible, nunca más, la combinación de las formas de lucha, ese juego político maquiavélico.

Tampoco queremos que la marcha se instrumentalice de cara a las jornadas electorales ya tan próximas. Ni por parte del Gobierno ni por parte de sus opositores más radicales.

Deseamos, sí, que el actual proceso de diálogo en La Habana incentive el despliegue de lo mejor de las inteligencias y visiones del país, desde distintos actores, para que el resultado de tal negociación les haga sentir a los ciudadanos que para alcanzar la paz no se sacrificaron ni el modelo ni los principios rectores de nuestra democracia.

En fin, que las concesiones de mejoramiento social pretendidas por la guerrilla, no signifiquen renunciar al juzgamiento de los crímenes de guerra y de lesa humanidad de los que es responsable ni que un pacto de paz implique ceder soberanía institucional en algún rincón del territorio. Mucho menos que cesar el conflicto desdibuje principios esenciales como el derecho a la propiedad privada o el libre mercado.

Que la marcha de hoy, si de eso se trata, sirva para unir el deseo genuino de miles de compatriotas que quieren legar a sus hijos una nación en paz, sin rencores ni inseguridad. Pero que no la veamos manchada por arengas odiosas ni ideologizada en favor de intereses radicales y oscuros. Deseamos que la hora de la paz se acerque, pero que sea para la unidad y el consenso, no para perpetuar dañinos y estériles antagonismos.

El Colombiano/Editorial