26 de mayo de 2022
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Pildoritas para la ociosidad

24 de marzo de 2013

alvaro marinEste larguísimo puente festivo empezó el viernes pasado a las horas del mediodía –poco antes del partido de Colombia– y se prolongará hasta la medianoche del próximo domingo de Resurrección. Estamos en el meollo de una genuina ‘Semana Mayor extendida’–once días mal contados– destinada a la locha, a la disipación, al asueto o, llanamente, a la escueta vagancia con ‘pocón’ de recogimiento y de reflexión.

Así las cosas, la presente nota se presta para dedicarla a cosas livianas o sin aparente trascendencia con el propósito de mitigar la carga emocional de las trágicas noticias de la cotidianidad.

•No se haga muchas ilusiones con los pronósticos del clima, promulgados por el Ideam, pues se limita a repetir el consabido estribillo de ‘tiempo seco en la mañana con probabilidades de  lluvias aisladas en la horas de la tarde’, o viceversa y en sentido contrario, como dicen las dulces e ingenuas reinas de belleza.

•Hoy se celebra, de manera diferida, el día de san José –19 de marzo–, el santo varón del lirio, y padre putativo de Jesús, que los desocupados ‘bautizadores’ de fechas tuvieron la iniciativa de transformar en el ‘día del hombre’, que al igual del sagrado onomástico, pasó sin pena ni gloria, es decir, como un barco en la noche.

•Imposible sustraerse al ascenso de Francisco al trono de Pedro, transformado en el mayor acontecimiento mediático en lo que va de lo corrido del año. Magnificencia épica de los escenarios en contraste con la sencillez y desparpajo del protagonista central.

•El mundo de argentinos atorrantes y de lagartos farsantes con talla presidencial de congreso, contrasta con la personalidad cálida, descomplicada y familiar del nuevo sumo pontífice. Parece un viejo conocido. Es un papa de lavar y planchar, además de ser sabio.

•Extraordinaria la labor informativa de Margarita Rojas, corresponsal de Caracol televisión en Roma. Apabulló al flojo director del noticiero con su dominio argumental y narrativo, la frescura y naturalidad unidas a una imagen delicada y convincente.

•Continúa la controversia sobre la enunciación del título del flamante papa. El Vaticano sostiene que es simplemente Francisco, porque es el primero en ostentar ese nombre; otros argumentan que debe ser Francisco I para evitar confundirlo con los tocayos de la calle y aparecen, ahora, algunos genios que apelan a una lógica matemática para decir que debería llamarse Francisco O –cero–). Se oyen más propuestas.

•El intenso cubrimiento noticioso alrededor del papa Francisco supera con creces los lánguidos funerales de Chávez, el ex chafarote venezolano, que según las malas lenguas –que muchas veces son las buenas– el rimbombante ceremonial de cámara ardiente, se le rindió a un muñeco de cera esmeradamente elaborado.

•Los organismos de investigación argentinos llegaron a la anterior conclusión para explicar así el intempestivo regreso de su mandataria a Buenos Aires, que al parecer descubrió el burdo sainete de los bolivarianos.

•La pareja iluminada de la temporada la componen Natalia Paris y Nicolás Maduro, quienes parecen trabajar en llave para decir sandeces sin ton ni son. Natalia coincidió ‘sabiamente’ con Evo Morales al responsabilizar a la carne de pollo como causante de la homosexualidad. Por su cuenta, Maduro adjudicó al milagroso Chávez la designación del papa Francisco, y acaba de darle tratamiento igualitario con Jesucristo. Espere más reve-laciones.

Para cerrar, algo sensible: Pidamos prestado a Jorge Robledo Ortiz, el gran poeta de los abuelos, el fragmento final de una de sus más bellas oraciones para cerrar esta nota con un mínimo homenaje a dos connotados seres humanos de nombre Francisco:

Vuelve, hermano Francisco, /vuelve a enseñarnos tu plegaria simple,/ que el caramillo de tu voz se escuche/ nuevamente en nuestra patria.
Vuelve a hablarnos de paz y de perdón/y de justicia y de alegría,/ y de hermandad y comprensión y de luceros / que ruedan como las hojas en el agua.
Dinos, como en La Umbría, /que el hombre necesita amar al prójimo /
y sembrar sus silencios /y sus voces como si fueran granos de mostaza.
Y, si del otro lado de la sangre ya no es posible tu regreso,/ deja caer sobre esta pobre tierra/ la doble caridad de tus sandalias.