28 de mayo de 2022
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Periodista Elkin Mesa escribe de políticos sin talla

9 de marzo de 2013

elkinCierto. No  tienen una buena talla  y lo más grave es que en los zapatos de la comunidad, estos personajes  tallan.

Los sin talla no  lograron ser capaces, o no quisieron serlo  porque había objetivos más halagüeños que  dedicarse a cumplir lo prometido, es decir servir a la comunidad…

¿O no era fácil?. Seguir buenos caminos  como los trazados por  Carlos Lleras, un hombre que fue visionario cuando invitó a los colombianos a   pensar en el desarrollo industrial –IFI–, en  los recursos naturales –Inderena–, en un satisfactorio financiamiento del campo y el mercadeo agrícola— Caja Agraria e Idema— o simplemente a pensar en lo más elemental, lo más cercano para cada cual, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar.

Pero  los políticos  deshonestos e inservibles  le cambian las rutas a los dineros correspondientes a las tareas de beneficio común para que  terminen en sus cajas fuertes. Todo lo anterior lo acabaron.

El ICBF es hoy día,  directa o indirectamente, una  agencia  de adopciones.

No quisieron consolidar la obra de Lleras

Dirigentes y gobernantes de toda las pelambres se abstuvieron también de continuar en la consolidación iniciada por Lleras Restrepo en las comunicaciones –Telecom–, en la Contraloría General de la República,  en la Procuraduría, en la Federación Nacional de Cafeteros,  antes de que  fueran despojados, con la intervención de cercanos solapados poderosos, del símbolo hoy marca comercial de Juan Valdez, antes de que desapareciera la posesión que tenían en  la aerolínea Aces y antes de que miles de ellos  tuvieran que resignarse a una vida tan miserable como la del 90 por ciento de los habitantes de Cartagena; misión igual de  Lleras  fue también la de avanzar en Colcultura, en el Icfes y  en las Cortes, en la Federación de Comerciantes, en las ciudades, como Cartagena, Cali e Ibagué, a las cuales transformó y les dio figura y piso  de ciudades modernas, gracias a la ayuda de Medellín con sus políticas urbanizadoras y de planeación, y cuando aún no se había aprobado la ley que hoy les permite a los más negociantes y vividores de cada ciudad o pueblo hacerse elegir alcaldes   y luego apoderarse de los dineros que podrían estar destinados a la salud de los pobladores y a tapar  los huecos de las vías, huecos que actualmente son tan  millonarios como los robos de tales titulares.

Mucho tiempo sin dar la talla

No dan la talla  los  más contemporáneos desde cuando  Lleras nombró para la alcaldía de Bogotá a un nortesantandereano, Virgilio Barco, para que desarrollara el plan de vías más importante que haya tenido en toda su historia, con  lo cual la ciudad  nunca tuvo problemas de movilidad y tampoco tantos millones de huecos.

La Isla de San Andrés funcionaba con buenos resultados como Puerto Libre y sus predios no habían sido invadidos por los miles de cartageneros que tuvieron que salir huyendo de las hambrunas de la Heroica.

Tres años después  de gestiones de Lleras, en el gobierno de Misael Pastrana Borrero, hombre de buena talla, Estados Unidos, en noviembre de 1.972 le devolvió a  Colombia derechos de los cuales hacía uso en los cayos de Serrana, Roncador y Quitasueño, en cuyos entornos el país por inacciones de los últimos tres gobiernos  acaba de perder  76 mil  kilómetros cuadrados, mil más que los de Panamá cuando terminó en  manos norteamericanas.

El archipiélago olvidado

San Andrés, por sus miserias, por falta de servicios, por su atraso en el Plan de Ordenamiento Territorial que tiene, no puede atraer  inversionistas, ni nacionales ni internacionales y aun cuando no se piense ni se crea, podría terminar en posesión, organización y explotación de ajenos a los isleños y a los colombianos. En San Andrés este gobierno no da la talla.

Los gobernantes de talla consiguieron que los servicios de salud no fueran negocios tan despiadados como lo han permitido los dos gobiernos recientes  que además no han hecho nada para que la base de la salud, que es el agua potable, sea para todos.

Y por falta de dirigentes de mucha talla, en los últimos cuarenta años en Colombia no han surgido empresas importantes,  las que  han nacido son mediocres, o si aparecen como respetables son de extranjeros, no ha habido realmente un desarrollo industrial  ajustado a las expectativas de la población y dos grandes, Coltejer y Fabricato, tienen problemas respiratorios tan letales como los que finalmente acabaron con la vida de Hugo  Chávez.

Una gasolina por las nubes

Gobernantes de antes  no cobraban por la gasolina los precios más altos de la tierra, siendo casi un caso de extorsión—o  pagan lo que pide este gobierno o no pueden mover los  carros—ni mantenían tanta indiferencia por la suerte de Bogotá, al parecer condenada a convertirse en un laberinto lleno de huecos, sin la posibilidad de que alguien siga  el ejemplo de  los viejos desaparecidos, Lleras Restrepo y Barco Vargas, que buscaron la extensión de la ciudad hacia el occidente, viejos   que si estuvieran vivos seguramente como estadistas que fueron, le financiarían en el exterior un metro elevado a Bogotá por la avenida Boyacá desde el sur hasta Chía, un metro superior al dado a Medellín por la  nación  y el gobierno  local, ciudad elegida como la más innovadora del mundo en tanto que la capital de país se resigna a una estresante inmovilidad y a ser por la   falta de unos seis millones de árboles un foco de enfermedades respiratorias.

Si Colombia tuviera dirigentes de buena talla, dispondría, como sucede en Ecuador y Perú, de grandes carreteras nacionales e interdepartamentales y los combustibles no serían motivo de enriquecimiento estatal a costa de los usuarios.

Dos sin talla sueñan con  mantenerse en el poder, el uno negociando la reelección con los motores  corruptos de la maquinaria política, y el otro todavía en el camino  de sus entachueladas y muy discutibles pretensiones.

Y mientras tanto, Bogotá puede decir lo mismo que dijo Serpa: Los que mandan sobre mí me tallan en los zapatos  aunque en la realidad  tienen poca talla. (Elkin Mesa).