2 de febrero de 2023
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Entre La Cumparsita y el Canto Gregoriano

17 de marzo de 2013
17 de marzo de 2013

En sus tiempos de Arzobispo de la Capital Federal, cuando la prensa porteña lo clasificaba como “un jesuita que baila el tango, pero prefiere  la milonga y le gusta la poesía”, el cardenal Jorge Mario Bergoglio confesaba su devoción por una tripleta admirable de símbolos de la canción ciudadana: Carlos Gardel, Julio Sosa y Ada Falcón.

Ellos perecieron trágicamente, en Medellín y Buenos Aires, respectivamente. Ella, que poseía una belleza que intimidaba, según el genial Enrique Santos Discépolo,  se metió a monja y murió en un convento del pueblo de Salsipuedes, Córdoba, a edad muy avanzada.

Dicen que la llamada “Greta Garbo del tango” se refugió en los claustros monacales al sufrir una decepción amorosa por cuenta de un idilio con don Francisco Canaro que fue más allá de lo estrictamente musical.

El Contraplano consiguió redondear con el apoyo del recordado cantante Roberto Mancini el perfil tanguero del nuevo líder  de la cristiandad mundial.

Recurrimos para el efecto al capítulo más intimista del libro-entrevista “El Jesuita”, de los periodistas Sergio Rubín y Francesca Ambrogetti, editado en Buenos Aires en 2010, obra que ahora tiene  gran demanda en librerías.

El purpurado y su afición musical: “El tango es algo que me agrada muchísimo. Lo bailé de joven. Es algo que me sale de adentro”.

Una noche se encontró de manera fortuita, en su ejercicio sacerdotal, con la notable cantante y compositora Azucena Maizani, “La Ñata Gaucha”, apelativo que le puso su colega y amiga Libertad Lamarque, en 1938.

«A Azucena (recordó monseñor Bergoglio) le di la extramaunción (en 1970). La conocía porque éramos vecinos».

De la segunda etapa tanguera, el religioso dijo que «admira mucho a Astor Piazzola», el bandoneonista y compositor argentino considerado uno de los músicos de tango más importantes del siglo XX.

Entre sus vecinos en su natal Barrio Flores el ahora Papa Francisco tuvo varias figuras que hicieron historia como Agustín Magaldi, Hugo del Carril, Floreal Ruiz, Julio de Caro y Osvaldo Pugliese.

La biógrafa Ambrogetti describe a Bergoglio como una persona simple, que dice las cosas de un modo sencillo, pero, a la vez, con una gran profundidad.

Subraya que “es un hombre de una gran cultura, pero al mismo tiempo de una enorme humanidad. Es probable que haya sido elegido Papa por una Iglesia que busca ser misionera, no auto referencial”.

Ambrogetti insiste en que el prelado argentino es “un hombre extremadamente sencillo y austero, que “viaja en medios de transporte públicos (como el autobús y el metro bonaerenses), bellas licencias  que ya no podrá darse en la cosmopolita Roma. La semana pasada, antes del cónclave que lo eligió Papa,  llegó al Vaticano en clase turista. Para él la opción principal del sacerdocio es “caminar por las calles y acercarse a la gente, esa es la misión, salir al encuentro con los fieles y conocer más a las personas por su nombre.

La cronista rioplatense no para de celebrar la cercanía que su personaje ha mantenido con  cosas simples pero gratificantes al espíritu como “el tango, el fútbol, la música o la poesía o prepararse sus alimentos en el reducido espacio de su aparta-estudio de menos de 50 metros cuadrados que va a extrañar mucho al tratar de adaptarse a los suntuosas y espaciosas instalaciones pontificias que lo acogieron esta semana en el Vaticano, el estado más pequeño del mundo.

La apostilla: Las vueltas que da la vida: entre sus escritores predilectos, el entonces cardenal Bergoglio mencionó al ruso Fedor Dostoievsky y al argentino Jorge Luis Borges, el ciego maravilloso, quien alguna vez, al ser consultado en una rueda de prensa sobre qué opinión tenía del Papa que vive en Roma, respondió: “Es un funcionario que me tiene sin cuidado”.