20 de mayo de 2024

Al punto que, proclamar, intríngulis, cultura-incultura

22 de marzo de 2013
22 de marzo de 2013

osorio efraim

Todos los que escribimos tenemos palabras o frases que empleamos con mucha frecuencia, casi siempre inconscientemente, y de las que nos damos cuenta sólo si repasamos una y mil veces lo escrito para corregirlo o mejorarlo. De aquí la importancia del ‘borrador’. El editorialista de El Tiempo abusa de la locución conjuntiva ‘al punto de que’, en la que sobra la preposición ‘de’. Dicha locución se encuentra, prácticamente, en todos y cada uno de sus editoriales, de los que transcribo dos: “No obstante, tropiezos administrativos (…) retrasaron los trabajos, al punto de que, a estas alturas (…) apenas está cobrando lo del segundo” (25/2/2013). “Así, los ánimos se han ido caldeando al punto de que, en estos dos últimos días, el país ha sido testigo de episodios violentos…” (27/2/2013). En el mismo diario, Abdón Espinoza Valderrama escribe: “Un sentido de equilibrio y ponderación regía el manejo de las finanzas del fondo, hasta el punto de que su elevado patrimonio excluía…” (28/2/2013). El castellano tiene muchas locuciones que suprimen o no piden preposición alguna antes de ‘que’, por ejemplo, ‘al tiempo que, antes que, después que, a medida que, al modo que, a tal punto que’ y ‘al punto que’. Estas dos últimas “señalan los resultados que se derivan de una acción o situación”, razón por la cual la partícula ‘que’ ejerce en ellas claramente el oficio de conjunción, no de pronombre relativo. Aun el oído rechaza la preposición. ***

Titular de LA PATRIA: “Filadelfeños proclaman la libertad de su mandatario” (Regional, 28/2/2013). En él está mal empleado el verbo ‘proclamar’, porque su significado primario es el de “decir una cosa públicamente. Hacer saber. Publicar”. Tiene otras acepciones, ninguna de las cuales justifica su presencia en el equivocado titular, que debió ser redactado de este modo: “Filadelfeños proclaman la inocencia de su mandatario y piden su libertad”; o “Filadelfeños demuestran la inocencia de su mandatario y exigen su libertad”. Y así, hasta se la conceden. Más de lo mismo: Si ‘organizar’ es “disponer cómo ha de realizarse una cosa y preparar lo necesario para ella”, ¿cómo diantres se organiza un hueco?, que fue lo que lograron en Risaralda (Caldas), según la nota de LA PATRIA (“Organizan huecos”, Caldenses, 6/3/2013). Los huecos se pueden tapar o disimular, pero, ¿‘organizar’? ***

El intríngulis de ‘intríngulis’ es su origen: Antes de la edición de 1984, la Academia de la Lengua enseñaba que este vocablo procedía de los latinos ‘in’ (en) y ‘triculis’ (ablativo plural de ‘tricula’ =  enredos). Pero en dicha edición afirma que “parece formación humorística latinizante sobre ‘intrincar’, ‘intrigar’”. Sin embargo, de la edición de 1992 para acá borra todo lo anterior, y sentencia que es de origen incierto. Corominas dice textualmente: “Intríngulis, 1884, no parece ser derivado de ‘intriga’, sino tomado del italiano ‘intingoli’, ‘guisotes con salsa’, ‘pócimas’ (derivado de ‘intingere’, ‘mojar en una salsa’), con influjo de ‘intriga’”. Sea de ello lo que fuere, la palabreja esta significa lo siguiente: “Dificultad o complicación de algo. // 2. Coloq. Intención solapada o razón oculta que se entrevé o supone en una persona o en una acción” (El Diccionario). Y es masculino, no femenino, género que le asignó el columnista John Jairo Giraldo Herrera en esta frase: “Lo que vemos entonces son todas las intríngulis que rodearon los procesos publicitarios…” (LA PATRIA, 1/3/2013). Así, enredó más este intríngulis. ***

En la sección En Domingo, LA PATRIA publica testimonios de algunas personas que tuvieron relación especial con el cardenal Marc Ouellet, papable y manizaleño de corazón, pues ha regresado en diferentes ocasiones a visitar a sus amigos y, seguramente, a recorrer de nuevo El Carretero, hoy llamado Avenida Santander. El padre Jaime Pinzón Medina, uno de los consultados, destaca su afición al deporte, su personalidad sobresaliente y su capacidad para los idiomas. La señora Luz Marina Beltrán, víctima de una artritis reumática severa, y el señor Gonzalo Agudelo Castañeda, jardinero del Seminario Mayor, lo recuerdan con mucho cariño y gratitud. Y el padre Joaquín Eduardo Cortés, su compañero en el Seminario, alaba su sencillez, su generosidad y su facilidad para comunicarse en castellano, pero lo desacredita con la siguiente afirmación: “Aprendió muy bien el español, como si fuera uno de nosotros, más aún, con términos muy nuestros. Se inculturó bien en medio de nosotros”. Ello es que si existiese el verbo ‘inculturar-se’, lo que asegura es que “se embruteció bien en medio de nosotros”. Porque, cuando el prefijo ‘in’ se une a cultura, es privativo. En efecto, ‘incultura’ es “falta de cultivo o de cultura”. Mejor, quizás, ‘aculturarse’, verbo que tampoco está en los léxicos, pero mejor estructurado, porque ellos asientan ‘aculturación’, “recepción y asimilación de elementos culturales de un grupo humano por parte de otro” (El Diccionario), muy apropiado para el caso. Al padre Cortés, después de este lapsus, no le queda sino decir, como decimos todos cuando metemos la pata: “Por ponerla Mariarramos, la embarramos”. Nota: Según mi criterio, en la definición de la Academia, la preposición ‘por’, ella sola, expresa bien la idea pretendida, sin el fastidioso ‘por parte de’. ***

La VEINTITRÉS: Sus bancos de concreto son ya puestos de venta de toda clase de cachivaches.