2 de febrero de 2023
Directores
Juan Sebastián Giraldo Gutiérrez
Ximena Giraldo Quintero

Tecnología I

27 de febrero de 2013

El teléfono (12647, todavía hoy es el único número que recuerdo de memoria) que nos mantenía en contacto con la familia cercana y de tarde en tarde con la menos próxima ya que ello suponía “una conferencia” lo que presumía un precio astronómico aunque realmente era mas bien modesto.
Y por supuesto la radio. Enorme aparato lleno de válvulas de gran tamaño y mandos frontales para sintonizar emisoras y controlar el volumen. La radio, en aquella época era el gran tótem alrededor del cual se reunía la familia en las tardes noches para escuchar cualquier cosa que pusieran. Noticias (en Radio Nacional), concursos y programas de humor (en Radio Madrid), partidos de fútbol los domingos y…..anuncios publicitarios, cuyas sintonías tarareaba todo el país incluida alguna que ha sobrevivido hasta nuestros días como la que anunciaba el Cola-Cao. Curiosamente los locutores más famosos eran venidos del otro lado del atlántico como los chilenos Bobby Deglané y Raúl Matas o el argentino Pepe Iglesias “El Zorro”.
El tercer aparato que he mencionado era un gramófono de manivela y pesado brazo reproductor, en el que se insertaba una aguja lectora de gran tamaño. Junto a él había una modesta colección de discos de 78 revoluciones de los que únicamente recuerdo el charlestón que he usado por título…”Madre cómpreme un negro, cómpreme un negro en el bazar, que baile el charlestón y que toque el jazzband…” Por cierto, está claro que la sociedad era mucho más tolerante en aquellos días. Hoy esa letra sería “políticamente incorrecta”(al menos en USA), lo que haría la canción inviable. Imaginen al pobre letrista teniendo que encontrar rima para  una frase como “madre contráteme un afroamericano…”
Ya queda dicho que la radio era omnipresente en nuestras vidas sin embargo recuerdo que apenas retransmitía música en esos años aunque eso cambiaría en los 60 radicalmente. Casi todo era hablado y en directo y lo cubrían grupos de locutores y locutoras que se relevaban por turnos y que eran totalmente versátiles ya que igual leían noticias que presentaban concursos o actuaban en teatros o novelas radiadas. En ese contexto, mi aprendizaje musical (como el de muchas otras cosas) lo ponía mi madre de la que aprendí todo el repertorio de zarzuelas imaginable.
Nada parecía pronosticar el gran, enorme, gigantesco cambio que estaba a punto de producirse en nuestra tranquila, anticuada y pobre sociedad.
No me refiero a cambios políticos ni económicos, que los hubo y de envergadura. Siguiendo el leit motiv de ésta columna me centraré en tres artilugios que cambiaron nuestra vida para siempre: el televisor, el coche y el tocadiscos o pick up como se le llamaba entonces, estrenando el dudoso honor del uso de anglicismos de los que pronto estaríamos desbordados. No en vano fue la tecnología la que importó el inglés que hasta entonces era, en España al menos, un  idioma menos conocido que el latín o el griego clásico y no es broma ya que al menos los miles de universitarios de Facultades de letras tenían un somero conocimiento de éstas lenguas muertas mientras que el idioma inglés (no así el francés) era un perfecto desconocido.

Hasta aquí mi columnita de hoy. Les emplazo a continuar leyendo en próximas entregas la serie “Tecnología”.
P.E.: Si hay algún interesado en conocer o recordar la canción que pone título a ésta columna sólo tiene que pinchar You tube y teclear el nombre.

 

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