30 de junio de 2022
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«Chispas», el protector de los oprimidos

17 de febrero de 2013
17 de febrero de 2013

albeiro valencia llano En este punto aparecieron las guerrillas de los Llanos Orientales, dirigidas por Guadalupe Salcedo, Eduardo Franco Isaza y Dumar Aljure; las del sur del Tolima, de Gerardo Loaiza e Isauro Yosa y el bandolerismo social, donde se destacaron “Chispas”, Efraín González, el capitán Venganza, El Mosco, Desquite y Sangrenegra.

En cierta forma estos dirigentes representaban a comunidades agrarias abandonadas por el Estado y perseguidas por organismos del gobierno, que conformaron grupos armados causantes del terror y la barbarie contra los campesinos indefensos; por esta razón surgió el mito y la leyenda.

Veinte años de violencia

Este período de violencia política o de conflicto tiene varias etapas: se inició en 1946 durante el gobierno de Mariano Ospina Pérez y se agudizó con el asesinato del líder popular Jorge Eliécer Gaitán, el 9 de abril de 1948; en esta fase de persecución política contra los liberales se formaron las cuadrillas, pero sólo los campesinos que habían estado en el ejército conocían el manejo de las armas.

En 1953 comenzó otra etapa caracterizada porque el terror se había apoderado de aldeas, caseríos y pueblos; los principales jefes liberales habían sido desterrados y el Partido Conservador estaba dividido entre los dirigentes Laureano Gómez, Mariano Ospina Pérez y Gilberto Alzate Avendaño. En este confuso ambiente los gamonales habían organizado grupos armados, conocidos como pájaros y chusmeros, para producir el pánico entre los campesinos inocentes y obligarlos a salir de sus fincas.

Mientras tanto el ejército se estaba politizando y marchaba unido bajo la dirección del general Gustavo Rojas Pinilla, quien se había convertido en una piedra en el zapato para el presidente Laureano Gómez; cuando éste se quiso deshacer de Rojas se produjo el “golpe de opinión” del 13 de junio de 1953. Todos participaron de la euforia colectiva: los liberales, los conservadores, los empresarios, los políticos y la Iglesia. Pero el General Rojas no estaba preparado para ejercer el poder y no tenía programa de gobierno. Como estrategia ofreció la amnistía a los guerrilleros y grupos organizados que entregaran las armas, y recorrió el país buscando consenso alrededor de la paz.

Cuando Rojas inició su gobierno llegó la bonanza cafetera que le permitió desarrollar un programa de obras públicas; pero le llovieron otros problemas porque muchos gamonales encontraron la oportunidad de expulsar a los campesinos para quedarse con sus valorizadas tierras. Además fueron asesinados muchos exguerrilleros y bandoleros amnistiados y reapareció la violencia producida por el sectarismo político en los departamentos de Caldas, Tolima, Huila y Valle del Cauca, donde se produjeron numerosas masacres. Ya nadie creía en la bandera de la paz agitada por Rojas Pinilla y la violencia se prolongó hasta 1966, primeros años del Frente Nacional.

“Chispas”, un bandolero acorralado por el Gobierno

Teófilo Rojas, “Chispas”, tenía 13 años en 1949 y vivía con sus padres en la finca La Esperanza, ubicada en Rovira (Tolima), cuando llegaron personas extrañas quienes mataron a varios familiares y amigos y tuvieron que abandonar la propiedad, por el delito de pertenecer al Partido Liberal. Como último recurso el joven Teófilo Rojas ingresó a la cuadrilla de Leonidas Borja, alias El Lobo, participó en algunos combates contra fuerzas del gobierno y del Partido Conservador, pero en agosto de 1953 se acogieron a la amnistía que ofreció el gobierno de Rojas y regresaron a las actividades agrícolas.

El período tuvo una pequeña pausa y continuó con nuevos bríos estimulados por el accionar de políticos y gamonales quienes utilizaron grupos de sicarios conocidos como “pájaros” (asesinos a sueldo) para que entregaran boletas a los campesinos, con un claro mensaje: abandonar las parcelas a cambio de sus vidas. Ante semejante ofensiva el joven Teófilo Rojas, conocido ampliamente como “Chispas”, regresó a la cuadrilla de El Lobo hasta 1957, cuando llegó la nueva amnistía como consecuencia de la caída del gobierno de Rojas Pinilla, el 10 de mayo de 1957.

Ante las nuevas promesas entregaron las armas y los diferentes grupos de la cuadrilla de El Lobo se dispersaron por varios municipios, con la intención de organizar sus familias y vivir en paz. “Chispas” regresó a la población de Guadualito y trabajó durante un año en una finca, pero empezaron las emboscadas y los antiguos combatientes fueron cayendo asesinados.

Después de la muerte de El Lobo las miradas de políticos, gamonales y de los organismos de seguridad del Gobierno se volvieron sobre “Chispas”; éste empezó a buscar a sus antiguos compañeros de la guerrilla del sur del Tolima, hasta que se puso en contacto con el General Mariachi, en Planadas, el 16 de julio de 1958. Sobre esta etapa de su vida aparece el siguiente relato atribuido a “Chispas”

“No podía salir porque el ejército y los pájaros aumentaron la persecución, ya tuve que hacerles frente y defenderme cuando me acorralaban y como nadie me apoyaba, en cambio todos me perseguían, y por la prensa, por la radio y las Fuerzas Armadas y dentro de los pájaros y en una forma y otra, no han hecho más que cargarme la mano de todas las muertes que se presentan, pueden ser las muertes naturales, dicen que soy yo y que me tienen que matar…” (Monseñor Germán Guzmán Campos. La Violencia en Colombia).

Y no le falta razón a “Chispas”. A principios de 1958, a los 22 años de edad, la prensa le adjudicaba 400 crímenes, incluyendo mujeres y niños, pero el negaba semejante cifra por exagerada.

En el año 1959 en pleno apogeo del Frente Nacional, cuando la paz parecía estar a la vuelta de la esquina, “Chispas” aceptó la propuesta del Gobierno y regresó a la vida campesina, a su tierra de La Esperanza. Pero un suboficial del ejército se propuso asesinarlo aunque se había acogido a la amnistía; para ello le montó cargos falsos y lo inculpó de “robo de ganado vacuno y especialmente de caballares y mulares, que han sido transportados a Guadualito”. Sobre este asunto “Chispas” se defendió y envió la siguiente nota a la autoridad competente:

Ninguna de esas cosas es cierta, todo lo contrario, estoy dispuesto a respaldar al gobierno hasta con mi propia vida, y si fuera el caso. Lo que pasa es que los conservadores están incómodos con mi estadía en la región y propalan chismes buscando que se me persiga y se me declare guerra sin cuartel; y si esto llegare a ocurrir no puedo quedarme cruzado de brazos para que me asesinen.

Entre el Ejército y los pájaros siguieron acosando a “Chispas” quien no tuvo otra opción que reorganizar su cuadrilla con 65 guerrilleros, la mayoría jóvenes sin experiencia. En su desespero se dedicó al asalto de buses en las regiones de Playarrica, Rovira, Ibagué, La China, Laureles, Cocora, Amaime, Génova, Pijao, Calarcá, Córdoba y el sur del Tolima.

“Chispas” tenía gran talento político pero no sus subalternos quienes cometieron un terrible error, que todavía se recuerda con tristeza en el departamento de Caldas. El 28 de junio de 1959 en el sitio de La Línea, en los límites entre Caldas y Tolima, un grupo de hombres de su cuadrilla, comandados por “Franqueza” y “Triunfo”, estaban esperando al dirigente Jorge Leyva, Jefe del Directorio Conservador, quien no llegó y en cambio arribó un bus con 48 alumnos y el profesor Ramón Cardona García, Director del Conservatorio de Música de la Universidad de Caldas. Cuando los interrogaron el Maestro Cardona se identificó como el Director del Conservatorio e inmediatamente lo asesinaron, porque lo confundieron con el directorio conservador.

El crimen causó conmoción en el departamento de Caldas y fue utilizado por las autoridades contra “Chispas”, a quien presentaron como el más desalmado de los bandoleros de la región. De aquí en adelante el Ejército y la prensa nacional lo empezaron a mostrar como un individuo que no se podía recuperar para la sociedad; lo acusaban de haber dirigido o participado en 50 asaltos, entre 1954 y 1957, con un saldo de 500 muertos en varios municipios del Tolima. Esta táctica servía para aislar a “Chispas” de otros guerrilleros como el “General Mariachi”, para quitarle base popular y buscaba, además, que los jefes liberales lo abandonaran.
Ante estos hechos “Chispas” abandonó la región tolimense y se radicó en el Quindío con 150 hombres, donde recibió el apoyo de comerciantes, cafeteros y políticos liberales, agobiados por la persecución de autoridades, gamonales y cuadrillas conservadoras.

Para esta época la Gobernación de Caldas ofrecía una enorme recompensa de 30 mil pesos para quien diera información que llevara a su captura, pero al mismo tiempo crecía el apoyo que le brindaban los comerciantes y cafeteros liberales de la región y que significaba sustento popular. Esta situación la ilustra muy bien un informe del Batallón de Infantería “Rifles”, del 25 de agosto de 1961:

Este antisocial… ha operado desde hace unos diez años en regiones del Tolima, inicialmente, y luego en el Quindío, sin que haya sido posible su captura o baja por parte de las tropas, por el motivo principal de que los habitantes de las regiones que frecuenta lo amparan decididamente, avisándole de la presencia de la tropa con la suficiente anticipación que le ha permitido escapar de las innumerables comisiones que lo han perseguido no sólo en jurisdicción de este Batallón, sino en la del Batallón Cisneros y en la Sexta Brigada (Tolima)…

La verdad es que el mencionado sujeto, jefe de una cuadrilla más o menos numerosa y bien armada, tiene un efectivísimo servicio de información entre los habitantes de la región, que le ha permitido no solamente eludir la acción de las tropas, sino en ocasiones efectuar emboscadas con relativo éxito.

Para principios de 1962 se organiza una fuerte ofensiva contra “Chispas” y su cuadrilla. Los organismos de inteligencia tratan de resquebrajar la organización ofreciendo recompensas e infringen castigo a la población civil que protege a los bandoleros. Mientras tanto la prensa continúa con la campaña para desprestigiar la imagen del líder ante la opinión pública, y las autoridades civiles y militares buscan el apoyo de los políticos liberales.

En septiembre del mismo año, “Chispas” estaba reorientando su lucha pues ya hablaba de un movimiento “de pobres contra millonarios, de oprimidos contra opresores” y fue perdiendo el apoyo de los propietarios cafeteros y de los dirigentes de su Partido Liberal. Su suerte estaba sellada; la inteligencia militar realizó intensa campaña entre la población civil y logró información sobre sus desplazamientos y vida cotidiana. Fue delatado y abatido el 22 de enero de 1963, cuando se desplazaba en compañía de un guardaespaldas y de una mujer, hacia la finca El Porvenir, en el caserío de Albania, en Calarcá. Se dice que en uno de  sus bolsillos encontraron un retrato del  “Che” Guevara.

De este modo murió a la edad de 27 años, un campesino bandolero que se convirtió en leyenda ante la ausencia del Estado.