27 de julio de 2021
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¿Dónde está la reportería?

8 de febrero de 2013

gilberto montalvoEs precaria técnicamente si nos atenemos a elementales códigos sustantivos que se aprenden en la academia o en el ejercicio del periodismo.

Hay unas muletillas pecaminosas que engañan al oyente desprevenido porque con el argumento de “exclusiva” dan crédito sin cedazo alguno a las versiones “autorizadas” de alguien generalmente interesado en que se escuche lo que quiere que le oigan.

Elemental atropello contra las normas no escritas para el ejercicio honesto del periodismo.

Escuchaba reflexiones interesantes del reconocido periodista de la prestigiosa revista  New Yorker, Jon Lee Anderson, quien en un conversatorio con motivo del Hay Festival de Cartagena, hizo advertencias muy claras en cuanto los intereses particulares que alientan a personajes a engañar a los periodistas con sus aseveraciones que con el mote de “exclusiva” llenan de vanidad al “afortunado “que tiene a su bien extender la grabadora y captar las maravillas de su interlocutor.

Claro que se engaña al periodista por la falta absoluta de rigor en el trabajo que le ha encomendado  la sociedad y de contera crea una atmósfera irresponsable que desencadena   en un producto final no fiable y distorsionador de la verdad.

No hay nada más riesgoso que dar por descontado el aprovechamiento de un interlocutor, por importante que sea, en el uso de la interpretación de hechos que tienen la necesidad de conocerse por otras versiones.

Esas tales ‘exclusivas’ es lo más pernicioso en materia de información porque se cae en lo más profundo de la irresponsabilidad mediática.

Hay que meterle más reportaría a los asuntos informativos porque mientras nos atengamos a la curiosa manera de interpretación amañada de los interesados seguiremos  recibiendo informaciones maltrechas, a medias y por lo tanto distorsionadoras de la verdad.

La comodidad de una sola arista de la información no es más que la impericia de quienes tienen responsabilidades de alto calado en una sociedad que necesita transparencia en el producto informativo que se le entrega.

Hay de otra parte una manía recurrente de pegarse a las versiones de medios escritos  que caen en las mismas desgracias y por lo tanto esto no es más que una cadena de fallas en el propio origen que desencadena  en la desinformación.

Es menester revisar las maneras como se capta la información, sus orígenes y la evaluación técnica de las mismas.

Si siguen de idiotas útiles de los titiriteros, no importa vengan de donde viniesen, el destino final es el descrédito y lo más fatal  la pérdida de credibilidad no sin antes anotar que esta es el más valioso patrimonio del informador.

Si a los columnistas se les exige por lo menos de manera tácita que para poder tener influencia en sus lectores deben ser reconocidos por su seriedad y aplomo mucho más a los responsables de la información porque como todos sabemos esta es sagrada y no admite vaivenes o manipulaciones de los siempre interesados en sus verdades.

Siempre habrá facilistas que interpretan como una verdad de apuño lo que le dice el personaje del momento. Los periodistas que se dejan manipular sienten vanidad porque suponen que quienes los utilizan les están haciendo un favor y ese favorcito es nada más y nada menos que la distorsión de la verdad.

Si se sacrifica la honestidad profesional en el rigor por las ‘exclusivas’ jamás saldremos de la anacrónica manera de hacer un periodismo de desecho.

¿Dónde carajos está la reportería?  Todos sabemos que esta es la única manera de encontrar una información confiable.