26 de julio de 2021
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Orlando Cadavid Correa
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Bueno es culantro…

12 de febrero de 2013

Para nadie es un secreto que Colombia ocupa uno de los deshonrosos primeros lugares en el mundo por tener la mayor cantidad de tierra en pocas manos.

Y el doctor Uribe, durante su gobierno, sin duda alguna alentó el proceso de concentración de tierras, con el convencimiento de que la concentración de tierras es manos de empresarios, podría generar más empleo para los asalariados del campo. En ningún momento se planteó la posibilidad de generar condiciones para que los pequeños propietarios pudieran organizarse con el fin de introducir una eficiente tecnología en la producción del agro, de la misma manera como lo harían los grandes empresarios. Ejemplos hay a granel de resultados positivos en este último caso.

Pero también es cierto que aquellos sectores cuya plataforma política es la guerra, un proceso de paz exitoso implicaría la hecatombe para sus fines electorales.  Es desde esta perspectiva que es necesario analizar la manera rabiosa como muchos seguidores del Puro Centro Democrático ha arremetido contra el proceso de paz.

El gobierno de Santos ha perdido en año en lo que tiene que ver con la Locomotora de la minería, pues ella lo que está es arrasando con la riqueza hídrica que tiene el país y está produciendo una verdadera tragedia en el campo ambienta, eso no quiere decir que no haya alternativas diferentes a las propuestas por el doctor Uribe. Este último está padeciendo las consecuencias de una oposición  sin futuro, toda vez que la ubre de la vaca democrática la está ordeñando el doctor Santos y la cola para la repartición de la leche está detrás de él.

Se espera que de no producirse la reelección de Santos, otro gallo venga a cantar, diferente a las propuestas que hace el doctor Uribe, con figuras en el fondo que producen terror como José Obdulio, Fernando Londoño y el presidente de Fedegán, entre otros. Todos ellos enemigos de dialogar con la guerrilla, cuando en los procesos de diálogo con los paramilitares, los asesinatos por parte de estas fuerzas armadas, no cesaban de producir víctimas. Pero en este caso, sus voces no se levantaron para exigir la suspensión de la conversaciones.  Todo esto, en otra época se consideraba “doble moral”.