25 de julio de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Bitelio o la nostalgia

14 de febrero de 2013
14 de febrero de 2013

cesar montoyaEs sibarítico el paisaje. Nubes lejanas palmotean las breñas y por los peñascos se descuelgan tímidas hebras  de agua, que el sol  a la distancia,  parece convertirlas en líquido ripio de cristal. Cansan la vista los glaucos cafetales. La vida fluye en las viviendas  campesinas adornadas de begonias y  platanillas en flor. Saltan cacareando las aves de corral, ladran los perros, asciende el tibio olor de los ordeños, corren los becerros, y se escuchan las indecentes   interjecciones de una peonada liberal.

Estoy en el balcón de Bitelio un sesentón de piel  rosada, ojos de fatiga y una pulcra indumentaria que cubre el  árbol de su cuerpo. Nos desmontamos  aquí, en Risaralda,  después de una intensa jornada electoral en Anserma. Atrás quedaron los   fiambres calientes envueltos en hojas de congo, el entusiasmo llorón de Macaco, las  emotivas  peroratas  de Juan Carlos Montoya y Omar Reina, mas    las consignas precisas del comandante Yepes.   Desde aquí oteamos  el valle de  Sopinga,los nerviosos movimientos de las Canchelos que  retozan sus perezas sobre los arenales del rio materno, los vaqueros a horcajadas de potros criollos, y una alineada marcha   de ganado que, en fila india, se dirige hacia los abrevaderos.  

Tiene Bitelio una gigantesca colección de música. ¿Quién puede hablar ahora  si Carlos Gardel  ha tomado posesión de esta bohardilla encantada? ¿Quién saca voz si  las Hermanitas Padilla resucitan saudades con “amor maldito”?_¿Qué espacio dejan Carlos Roldan y Julio Martel con sus voces liricas y esos tonos de arrullo para enamorar doncellas? Estaban programadas las conferencias. Sin embargo, preferimos hacer un  condumio de bohemia,  descubriendo las cicatrices  que dejaron díscolas  mujeres,  deshilachando las entretelas del corazón.

Qué deliciosas son las parrandas  en las fondas campesinas. Cuántas veces nos apeamos en esas billiciosas tabernas veredales, rogados por los aldeanos en jolgorio. Son baquianos para amarrai las bestias enjalmadas  de los horcones, dejando  mínimos espacios para el sofoco de los resuellos. La camaradería abre confianzas, todos sentados  sobre bultos de café y liadas pacas de panela.  Los  parroquianos se vuelven efusivos, parlan  a gritos  y pronostican la abundancia de las próximas cosechas. En esos bacanales hacen confidencias de faldas, rompen candados para hablar de  sus  travesuras de alcoba y entre copa y copa extienden  en el reverbero de  las aras   el humeante tejido de sus penas.

Risaralda está empotrada  sobre un vértice escurridizo, convertida en barandilla para degustar, por todos los costados, el banquete interminable de las acuarelas de una naturaleza pródiga. Con historias humanas exaltables. Aquí  nació Ovidio Rincón que en los solsticios meditabundos  escribió  “El Metal de la Noche”; Amparo Sánchez Londoño, Carlos Arboleda González, Jorge Giraldo Montoya, Roberto Vélez Correa;   de esta tierra Braulio Alzate, amigo entrañable del Mariscal,  Benjamín Henao discípulo de Hipócrates  y Héctor Helí Orozco, abogado,  negro bacano, de ojos atigrados y espíritu revolucionario.

En Risaralda el nombre de Bitelio tiene peso sentimental. Él representa a Baco, dios pagano y licencioso, con la tronera de los  nepentes  que  alteran los escondidos recodos  del alma. Nadie hace camorras donde Bitelio. El suyo es un vaticano orientado por Alexander Valencia, Zoilo Bermúdez, Delio Jaramillo y Luis Valencia, todos de coraza azul. Ellos reparten credenciales a una selecta cofradía  de fiesteros  que conocen el secreto  de las alquimias del amor con la nostalgia. El estrecho círculo social tiene el piso resbaladizo por  las lágrimas que derraman  los enamorados. Esa es una estancia íntima  convertida  en  notaria privada en donde se oficializan matrimonios.

Bitelio trisca pasos como un camaján. Bambolea con  brisa  de cumbia  su  cuerpo flojo  y sus manos martirizadas por el acetato tiene una rojiza hidrografía de venas en desorden. Bitelio es una institución que sus paisanos cuidan,  porque en su estancia nacen las serenatas  y lloran los viudos de la muerte.