25 de julio de 2021
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Acuerdo con FARC decidirá todo el futuro de Colombia…

15 de febrero de 2013

elkin

Señor Presidente: Lo que dijo su hermano Enrique es cierto, cuando estimó  que su re elección está atada al  proceso de paz que se  negocia  con las Farc  en La Habana. Eso podría traernos muchos beneficios para que de verdad haya prosperidad para todos. Pero lo más cierto es que en  el   documento que salga de allá puede estar comprometido  todo, todo, todo  el futuro de Colombia.

Muchos piensan, Señor Presidente, que ese acuerdo no debe limitarse  a los problemas de la tierra que inteligentemente fueron señalados por el fallecido Hernán  Echavarría Olózaga, quien dijo que de ellos no se saldría nunca, mientras no se fijaran impuestos parta las tierras ociosas, que debiéramos definir muy bien las tenencias de las mismas y fijarles claramente sus destinos en producción.

Lo que piensan otros  va mucho más allá. La paz real está sujeta a muchas cosas aparentemente distantes  de  los vacíos que afectan al país desde hace muchos años.. Veamos: Esos otros consideran que si se quiere paz para todos y perdurable, el Presidente Santos deberá conformar una Nueva Colombia, empezando  por comprometer a su gobierno y  su re elección –aunque no se diga en el texto nada de re elecciones–   en  la creación, por fin, de  las condiciones para que haya  agua potable –base de la salud–  para todos  e impedir que  continúen las prácticas criminales de quienes despiadadamente y con desvergüenzas la comercian ante un  Estado que parece ciego y sordo.

Piden que  sea contundente el Presidente con  una intervención a tiempo para que los políticos que actúan como miembros de bandas  no se inventen ahora reajustes hasta del doscientos por ciento del impuesto predial, lo que algunos consideran como una apropiación de los bienes urbanos, para luego robar tales dineros, dicen,  a través de sus mandaderos burocráticos.

Y a tiempo que sea decidido y decisorio el Presidente  en la toma de medidas para que el gran aparato de  la Justicia no se  consolide, como está ocurriendo solapadamente, en un negocio tan rentable como el de los narcotraficantes , que altos funcionarios encargados de controlar acciones y actitudes  publicas no aparezcan como  fusionados  o en coincidencias para conceder grandes beneficios para acusados de cuello blanco y contratistas, como se afirma   que está por suceder, que se terminen  todos los privilegios de los que se señalan como magistrados de la nación y de los políticos que parecieran pretender la conversión de fragmentos de los partidos liberal, conservador, de la U y de la Unidad Nacional  en vulgares bandas de  vividores de las cajas fuertes del Estado.

Es hora, piensan  muchos, de que quienes tienen tantos privilegios  digan en voz alta y públicamente que de verdad quieren servir al país y a la nación y que por tanto no requieren de esa marejada de ventajas sobre los demás.

Señor Presidente, si fracasan las negociaciones otros, con la correspondiente banda de guerra,  querrán quedar como dueños de la razón politizada, como los triunfadores, posando de salvadores de Colombia ante unos electores casi siempre ajenos a la realidad que los rodea. Entonces también se insistirá en continuar  con  el  presupuesto de hacer de nuestro país un estado mafioso-criminal.

Una prueba de que lo anterior  puede estar en marcha es la supuesta incapacidad –tanto de policías como de cuerpos investigadores— para frenar robos en todas partes, para esclarecer de verdad lo acontecido en Interbolsa  y empresas  financieras y para descubrir a quienes mataron al estudiante Colmenares y al patrullero Díaz. Y que se abstengan los  abogados de todos los casos de sospechosa  justicia de actuar como si fueran  capos de la misma.

Para que la paz si se firma llegue a ser real, bueno  sería que no se discrimine a ningún colombiano, que no se discrimine a los negros ni a las homosexuales en la formación de la parrilla burocrática. Y que no sea tan visible la indiferencia gubernamental  frente a los pobres que olvidados por el poder central terminan sirviendo a bandas de ilegales, ni a los novecientos mil  pobladores  pobres de Cartagena, pasando toda clase de necesidades frente a la opulencia de los noventa mil que viven plenos de dignidades y posando para el extranjero como   dueños de una paraíso amurallado.

Y que como  una compensación ante los  problemas causados por la pérdida de terrenos marítimos mas cercanos a ellos que a los demás colombianos, se acabe por fin  la misma indiferencia para  los nativos de la isla de San Andrés, que sobreviven sin agua potable, sin la suficiente energía eléctrica, sin servicios hospitalarios para  enfermedades comunes, sin alcantarillado, casi sin nada, sin la libertad de darle la vuelta al lugar en carro o bicicleta porque las vías están totalmente destruidas, sin poder realizar el sueño de mostrar al mundo una de las más bellas  islas en razón de que el Plan de Organización Territorial que tienen, y que defienden raizales que extrañamente quieren vivir en la pobreza, no permite que lleguen inversionistas nacionales y extranjeros a construir conjuntos cerrados con cabañas de dos pisos como sucede en otras partes muy conocidas
.

Y finalmente, Señor Presidente, si puede hacer la paz, para mantenerla y prolongarla en el tiempo, haga lo que fuere necesario para que los comandantes desmovilizados puedan llegar a los cuerpos colegiados y demostrar que si son ciertamente representantes del pueblo esta  vez en clara  competencia  con las bandas que se han formado en los varios partidos de mentiras que tenemos en el país.

Ojalá esté cercana la posibilidad de que podamos llegar  sin temblores de miedo a un aeropuerto internacional de cualquier lugar del mundo diciendo que somos colombianos.

Fraternalmente,

Elkin Mesa