1 de marzo de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Reformas fiscales, aquí y allá

4 de enero de 2013

 

octavio cardonaLo que no pasaría de ser una mera casualidad de no ser porque el mismo fin se logra de manera tan adversa, es decir, mientras que allá buscan subir los tributos de los más pudientes, en Colombia buscamos mejorar y actualizar los ingresos fiscales del Estado mediante una reforma tributaria que reduce los tributos de los más ricos, los que antes de la reforma y según el art. 270 del estatuto tributario pagaban un impuesto de renta de 33%, pero que ahora y por disposición del art. 94 aprobado, pasan a pagar una tarifa del 25%, lo que según varias proyecciones les significa una reducción de tributos del orden de 8 billones de pesos a valor presente, que serán compensados, de manera parcial, con tributos que se han establecido para ser pagados por la clase media, con lo cual el propio gobierno ha reconocido que la reforma dejó un hueco fiscal de quinientos mil millones de pesos.   

No deja de ser aterrador que un gobierno haga tremenda reforma para terminar con tres asuntos inexplicables: los ricos más ricos, porque pagan menos impuestos; los pobres más pobres, porque pagan más impuestos, y el Estado con más necesidades porque después de esta acción tan ilógica, termina recibiendo menos de los que estaba recaudando, pues al dejar de recibir quinientos mil millones, significará que los mismos dejen de llegar a determinados programas de Estado y serán precisamente los más pobres los que resulten afectados.

Para mi gusto la reforma no debió darse, o por lo menos, no debió mantenerse bajo las condiciones en las que finalmente fue aprobada, pues si la clase media resulta gravada, pero la alta mantiene su nivel de aportes, ello hubiera significado que los más ricos hubieran conservado su papel dentro de la organización estatal al “subsidiar” y contribuir con sus aportes a que los más pobres recibieran más beneficios. A su vez la clase media entraría a soportar y coadyuvar de mejor manera en la solución de los problemas de los más necesitados, y finalmente el Estado tendría más herramientas económicas para atender las necesidades básicas insatisfechas de la población más vulnerable.

Esta reforma me recuerda el clásico héroe de la edad media que todos conocimos como Robín Hood y que vivía en los bosques de Sherwood, y lo digo porque según la historia, nuestro héroe se hacía a las pertenencias de gobernantes, eclesiásticos y acomodados, con el propósito de repartirlas en parte a los más necesitados. Ahora parece que ha llegado Hood Robín, con el fin de hacerse con parte de los bienes, rentas e ingresos de la clase media e incluso de los de menos ingresos, para compartirlas con los más ricos y los menos necesitados.  

Sin embargo, no todo en la reforma es malo, ni más faltaba. Varios asuntos se pueden calificar de modernistas y equitativos, tales como la reducción impositiva en elementos relacionados con las tecnologías como los portátiles y las tabletas; de igual manera es saludable que el costo de la gasolina haya bajado como consecuencia de la propia reforma, ni que decir de la instauración o establecimiento de condiciones para la generación de nuevos empleos mediante la eliminación del pago de parafiscales con destino al Sena y Bienestar Familiar, con lo que se espera una generación del orden de quinientos mil nuevos empleos, igual ocurre con las modificaciones en la tarifa del iva.

Luego no todo es malo, lo realmente inaceptable es que la reforma beneficie de manera clara a los que menos necesitan beneficios y afecte de manera puntual a los que ya están suficientemente gravados, que es precisamente lo que deja un sabor amargo sobre la reforma aprobada.
Lo que más preocupa de esta reforma, es que al haber dejado un hueco fiscal de quinientos mil millones de pesos, el gobierno buscará recuperarlos, más temprano que tarde, y para ello sólo está esperando que pasen los aspavientos de la reciente reforma, por lo cual vendrán nuevos tributos que compensen el faltante. ¿Será que para compensar el faltante se gravarán los grandes capitales o los ingresos de los banqueros?. Con toda seguridad que no; simplemente se seguirá buscando bajo la falda de la clase media para encontrar esos recursos perdidos.

Mientras aquí ocurre lo comentado en renglones anteriores, en Estados Unidos la Cámara de Representantes decidió por 257 contra 167 votos, que “se suban de forma permanente los tributos a los más ricos, mientras que se consolidan las exenciones fiscales para la clase media”. Allí se subirá el impuesto para los hogares con ingresos anuales superiores a los 450.000 dólares, que pagarán un 39,6% en lugar del 35% actual, es decir, que allá se pagarán mayores impuestos cuando se tengan ingresos por encima de ochocientos millones de pesos colombianos anuales, en cambio acá, esos son los que pagarán menos impuestos, lo que nos pone a pensar que allá o acá, hay un equipo económico que tiene que estar equivocado.   

Mientras aquí se reducen los impuestos para las herencias por efectos de ganancia ocasional, allá se elevan los impuestos a las herencias, pasándolos del 35% al 40%, lo que no significa que nosotros estemos equivocados al rebajarlos, pero si significa que allá o acá, hay un equipo económico que tiene que estar equivocado.   

Mientras aquí, el Gobierno ha reconocido un hueco fiscal de quinientos mil millones de pesos que deja de percibir por efectos de la reforma aprobada, allá se esperan recaudar 620.000 millones de dólares en nuevos ingresos en los próximos diez años, lo que no significa que nosotros estemos equivocados al rebajar el impuesto de renta a los grandes capitales, pero si significa que allá o acá, hay un equipo económico que tiene que estar equivocado. Ellos por obtener más recursos para financiar los programas estatales de los más necesitados o nosotros por desfinanciarlos.

La decisión del Congreso norteamericano ha salvado, por ahora, el subsidio al desempleo que reciben 2.3 millones de americanos que estuvieron a punto de perder ese beneficio social de no haberse aprobado la reforma que conjurara el precipicio fiscal estadounidense.
Es el momento histórico oportuno para que los dos gobiernos, el de Obama y el de Santos, sienten a sus equipos económicos para que discutan las dos reformas, para que revisen porqué acá se hizo la reforma de manera tan inversa a como la hicieron allá, lo que en principio se explicará por la cultura de aquí y la cultura de allá o simplemente servirá para que los de allá aprendan de los de acá, y lo digo así, porque los de aquí no aceptan de ninguna manera que la reforma pueda estar errada en varios asuntos, por eso y dada la contundencia de sus argumentos que vayan entonces y enseñen allá para ver si los convencen tan fácil como lo hicieron con muchos de los de acá.