7 de marzo de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Política competitiva Vs. Política colaborativa

4 de enero de 2013

Aunque parezca que poco tienen en común los residuos con los tributos, lo cierto es que en las decisiones adoptadas sobre ellos, la acción política de los Gobiernos y el Congreso ha tenido varias semejanzas. La principal coincidencia es que los dos debates siempre se movieron entre extremos, como si el beneficio concedido a un sector social significara siempre el perjuicio para otro.

En el caso de las basuras, se dijo que incluir a los recicladores iba en menoscabo de los empresarios privados; que el manejo público del servicio de aseo podría convenir a las tarifas y usuarios, pero poner en duda el futuro del sistema; que la propiedad de la infraestructura del servicio debía pasar al sector estatal, para no depender de monopolios privados, pero que su adquisición, renovación y administración resultarían más ágiles a cargo de los particulares.

Cada factor suele ser evaluado en suma cero, es decir como si inevitablemente lo que gana uno de los participantes, lo pierde o deba perder el otro.

En el caso de la reforma tributaria se dijo, entre otras cosas, que reducir el precio de la gasolina era una pérdida para el estado y una ventaja para los ricos; que gravar las utilidades de los grandes empresarios era una afectación para los que mueven la economía y un provecho para un estado que debe mejorar en su gestión; que gravar la explotación de recursos naturales generaría ingresos pero desestimularía el aprovechamiento de la minería. Cada propuesta se apreció como si se tratara de una pérdida para un sector y una dádiva exclusiva para otro.

Pensar la política como suma cero, es una manera tradicional de análisis muy frecuente en nuestro medio, pues incluso en asuntos que podrían ser de ayuda para todos, se encuentran conflictos inexplicables. Para la muestra, es incomprensible que se crea que el negocio de recoger desechos es irreconciliable con el de reutilizarlos.

El mercado da para las dos cosas, para que los que reciclan y los que desechan definitivamente lo sigan haciendo, pero en mejores condiciones.

La realidad vista de forma solidaria, también da para que el Estado y los empresarios obtengan utilidades, y para que los usuarios reciban mejores tarifas si a cambio clasifican parte de sus residuos.

De la misma manera, si en la reforma tributaria hubiera predominado no tanto un lente competitivo como uno colaborativo, varias determinaciones podrían haber tenido otro curso.

Así, para dar solamente una ilustración, el gravamen a la explotación minera y a las utilidades de las empresas que se ocupan en ella, se habría aceptado como una socialización del patrimonio ambiental, que seguramente reduciría oposición social a su aprovechamiento.

Pensar para que todos ganen no parece ser la forma privilegiada de toma de decisiones en la política colombiana, pues de otra forma tendríamos menos diferencias y más soluciones incluyentes con buenos resultados. En cualquier caso, estas lecciones imponen el reto de construir menos política competitiva y más política colaborativa

Carlos Alberto Baena
Senador de la República