8 de marzo de 2021
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Oxígeno supremo al chavismo

10 de enero de 2013

Hoy, cuando el reelecto Presidente Chávez debería tomar posesión de su cargo para el período 2013-2019, tal como lo establece la Carta Política, está claro que la redacción de la misma jamás contempló un escenario tan dramático y adverso para quien la inspiró.

Chávez, en el mejor de los casos, sigue en una situación de salud estable y estacionaria, pero con incapacidad para tomar posesión de su cargo ante la Asamblea Nacional.

Su fantasmagórica figura ha desaparecido de la escena, no sólo política, sino del resto, y los rumores de su fallecimiento, o de que tiene muerte cerebral, no se resuelven con la mera interpretación acomodada de varios artículos de la Constitución que el propio Chávez confeccionó para poder perpetuarse en el poder.

Más allá de la disputa jurídica que se está llevando a cabo entre oficialistas y opositores, entre juristas y obispos, lo cierto es que Venezuela sigue sometida a la precariedad constitucional en la que la dejó el chavismo desde el mismo momento en que Chávez se creyó inmortal.

La decisión contrarreloj que adoptó ayer el Tribunal Supremo de Justicia, en el sentido de que «no es necesaria una nueva toma de posesión del Presidente» y que Chávez podrá juramentar su posesión en fecha posterior a hoy 10 de enero, aunque en derecho, confirma la hegemonía que el chavismo tiene dentro de las demás ramas del Poder Público.

El problema, y vaya problema, es que mientras el oficialismo supera esta nueva coyuntura política, la economía venezolana camina hacia un «estado terminal», con penosos pronósticos y sin muchas posibilidades de recuperación, en una vorágine de malas noticias para todos los venezolanos.

La «petrolización» del poder en Venezuela acabó con la inversión extranjera, convirtió al país en caja menor del populismo y extinguió la capacidad de trabajo de los venezolanos. La corrupción viaja en camionetas Hummer y sus tentáculos se han extendido por varios países de la región.

No resulta una quimera la frase del Presidente Juan Manuel Santos, cuando afirmó que Chávez es un factor de estabilidad para la región. Y lo es. Lo que no significa que lo sea el ungido, Nicolás Maduro, su vicepresidente, ni mucho menos el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello.

Son estos dos personajes parte de la encrucijada que vive Venezuela, porque ambos están lejos de cubrir la sombra que deja la protectora figura del Comandante Chávez.

Los problemas para Venezuela no son hoy la imposibilidad de que Chávez pueda posesionarse, sino lo que tendrán que hacer sus «fusibles» para evitar que se incendie el país cuando no se puedan cumplir las promesas de acabar con la pobreza, darles casas gratis a los más vulnerables, llevar los mercados a los barrios populares y regalar la gasolina.

Será la economía, tan dependiente de la política, la que finalmente se convierta en la gran trampa donde caiga el populismo irracional e irresponsable de Chávez, que no del chavismo, porque sus áulicos ni siquiera se prepararon para manejar semejante monstruo de burocracia y derroche. Como ha ocurrido en los últimos años, los chavistas tratarán de ganar tiempo, ese que se le sigue escapando al Comandante en Cuba.

El Colombiano/Editorial