2 de marzo de 2021
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No hay bala perdida

7 de enero de 2013

Sin que obedezca a un propósito deliberado, pero como una prueba más de lo poco que ha avanzado el país en este frente, pese a que ya es un delito penalizado, hoy nos ocupa el mismo tema, a raíz de los tristes hechos registrados el 1 de enero con la muerte de una niña de 11 años, en el barrio Manrique.

La coincidencia estriba en que si bien durante todo el año se producen esta clase de muertes por causa de personas que disparan un arma de forma indiscriminada, lo absurdo es que en estas fechas de final y comienzo de año haya personas que no midan la consecuencia de sus actos y celebren disparando al aire.

Por eso, hay que hacer un llamado a los fiscales y a los jueces penales para que hagan una reflexión especial: quien dispara al aire y mata a una persona, debería ser procesado a título de dolo eventual, y no bajo el cargo de homicidio culposo que tiene una pena más benévola.

Esto, por cuanto quien dispara al aire no puede decir que «no midió las consecuencias». Quien incurre en semejante temeridad sabe muy bien que puede herir o matar a una persona, pues sus balas no se diluyen en el aire. Por lo tanto, conoce lo que está haciendo y puede prever sus efectos, y eso, en derecho penal, es dolo.

Cuando el mensaje de la justicia es que una muerte por bala perdida es un homicidio cometido con dolo eventual, la irresponsabilidad con el uso de las armas y los disparos al aire podrán reducirse.

De este modo, la mayor severidad con la que ahora se debe juzgar este delito podría contribuir a despertar la conciencia ciudadana para rechazar esta perniciosa práctica.

Ya está bien claro que no existen balas perdidas y como bien lo comprueba la dolorosa muerte de Lisette Britel, la niña que estaba de visita en Medellín, estas balas disparadas suelen tener como blanco a una persona inocente.

Es muy triste registrar que las balas al aire se han convertido en un nuevo factor de inseguridad, contra el cual deben luchar las autoridades porque si no ¿quién, en ciudades como Medellín, donde se presenta el segundo mayor número de casos, después de Cali, puede estar tranquilo celebrando en un balcón o en una acera?

En la última década, según un análisis publicado por este diario, cada año mueren en promedio unas 70 personas en el país. En la última década fueron asesinadas 700 personas y 1.970 quedaron heridas.

Teniendo claro que quien acciona un arma asume de antemano una responsabilidad como consecuencia de ese acto, el país debe avanzar en todos los niveles para poner fin al uso irresponsable e indiscriminado de las armas de fuego.

Y al mismo tiempo, la Policía y las autoridades judiciales deben obrar con eficacia para sancionar a los responsables de estas acciones para que no queden impunes.

Aunque no le devolverán la vida, la justicia humana cumplirá su misión si sanciona con todo rigor a quienes provocaron la muerte de Lissete, y al parecer ya están identificados, pues la Policía está tras su pista.

Que la pancarta que presidió el sepelio, con la inscripción: «no más víctimas inocentes por balas perdidas», se convierta en un lema que nos comprometa como sociedad para desterrar esta lacra. El Colombiano.