23 de junio de 2021
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Muere el notable economista Albert O. Hirschaman

5 de enero de 2013
5 de enero de 2013

Alberto O. Hirschman

Con él tomó el curso de Economía Internacional y fue su director de tesis, titulada «De la Teoría a la Práctica: el caso de la reforma agraria en Jamundí, Valle» con la cual se graduó Magna cum Laude en Economía. En dicha investigación, López Obregón se adentró en el análisis económico de la ley, lo que posteriormente adquirió mucha relevancia en el campo de la economía. Hirshman había vivido unos años en Colombia en los años 50, cuando perseguido por el marcartismo que se apoderó de los EEUU, terminó trabajando en el equipo de Lauchlin Currie.

Escribió un clásico sobre reforma agraria, The Journeys Towards Progress (Los caminos hacia el progreso) que llamó la atención de la joven estudiante hacia el tema seleccionado para su trabajo de grado. «Aunque data de los años 70, el escrito recobra relevancia en el marco de la discusión sobre el modelo agrario que se debate hoy en el país», comentó la doctora López. «Allí se analiza el único caso de la aplicación de la Ley 135 de 1961 para efectuar una concentración parcelaria e implementar el proyecto productivo panelero que allí se desarrollaba a través de una cooperativa de trabajadores», explicó. Al recordar a su profesor, resaltó que sus cursos remontaban los moldes de la disciplina económica para adentrarse en el complejo mundo de la toma de decisiones en materia de políticas públicas, con los ingredientes políticos y sociales que les son consustanciales. «Era lejano y parco, pero muy humano. Incluso permitía que mi perro asistiera a las clases en los fríos días de invierno», recordó la doctora López.

Albert O. Hirschman, el notable economista de fama mundial que trabajó en Colombia en la década de los 50, murió el pasado 10 de diciembre a los 97 años de edad. Algunos de sus trabajos, como señaló el Financial Times, son hoy textos «clásicos» de las ciencias sociales. «Un gran pensador lateral», lo llamó The Economist, por sus talentos para moverse con facilidad entre diversas disciplinas, mientras destacaba sus méritos para el Premio Nobel de Economía, que nunca le fue otorgado.

Hirschman no fue un economista convencional. Como observa Malcolm Deas en un ensayo reciente, su misma educación fue «variada y peripatética», y sus ambiciones académicas se volcaron más hacia la filosofía política que a la economía (en Rubén Sierra, ed. La restauración conservadora, 2012).

De origen judío, Hirschman nació en 1915 en Alemania, de donde huyó en 1933. Luchó por la causa republicana en la guerra civil española y en la resistencia francesa contra los nazis, antes de mudarse a los Estados Unidos en 1940. Tras haber colaborado con la Oficina de Servicios Estratégicos durante la Segunda Guerra Mundial, trabajó en el Federal Reserve Board. Por una de esas ironías del destino, víctima del macartismo norteamericano, llegó a Colombia en 1952 como asesor de un gobierno conservador.

Vivió con su familia en Bogotá durante los siguientes cuatro años. Para la familia Hirschman «fueron, en muchos aspectos, los mejores de sus vidas», según Jeremy Adelman, quien ha escrito una monumental biografía, que será publicada pronto por Princeton University Press. Hirschman recorrió el territorio colombiano. Conversó con representantes de variados sectores sociales. Estudió sus problemas. (Véase el artículo de Adelman en Desarrollo y Sociedad, 2008, junto con otros artículos en homenaje a Hirschman).

Su experiencia colombiana fue fundamental para la evolución de su pensamiento sobre los dilemas del desarrollo, elaborado en su posterior carrera académica, en Yale, Harvard y Princeton. Como bien se demuestra en el examen de Adelman, los años de aprendizaje en Colombia sirvieron para moldear el contenido de La estrategia del desarrollo económico, uno de sus principales libros (1958).

Importa destacar algunas de las observaciones de Adelman sobre el enfoque de Hirschman: «Se fijaba menos en las patologías del país que en lo que estaba haciendo correctamente»; «percibió claramente que el país y su gente se movían hacia adelante, sin revolcarse en el atraso»; Colombia «podía jactarse de algunos progresos espectaculares y alto crecimiento, lo cual había creado nuevas tensiones y escasez».

Hirschman era escéptico frente a los grandes planes de «desarrollo integrado». Creía en programas sectoriales. Advertía contra los fatalismos y la impaciencia. Dudaba de los «modelos abstractos del mundo».

Malcolm Deas observa que Lauchlin Currie tuvo en el país, como consejero y economista, más peso e influencia pedagógica que Hirschman. Pero subraya también sus indudables valores, como el haber enseñado «a sus lectores un estilo de pensar: (…) no caer en pesimismos exagerados, no dudar tanto de la capacidad nativa y de las instituciones del país, no amontonar todos los problemas en un solo gran problema».

Entre mis textos favoritos se encuentra The Rhetoric of Reaction, una aguda crítica de Hirschman a ciertas formas de argumentar. Aunque el foco de sus ataques fue la cultura reaccionaria, Hirschman expandió su análisis a todas las posturas intransigentes. Quiso mover la discusión pública más allá de las posiciones extremas, con la «esperanza» que el debate condujese amigablemente hacia la democracia.
Hirschman aprendió de Colombia. Parece entonces oportuno que los colombianos aprendamos más de su magnífica obra.