20 de junio de 2021
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Lo que va de Petro a Peter

2 de enero de 2013

Casos tenemos en cantidades alarmantes, desafortunadamente. Por ejemplo, hubo un personaje que desde pequeño tuvo unas inclinaciones que lo impulsaban a buscar la equidad social, pero no dentro de lo que se puede llamar el “tiempo social”, sino en el tiempo individual. Es decir, que a pesar de que los procesos sociales son mucho más lentos que los individuales, se pretende acelerar el tiempo para que coincida el social con el individual. El resultado fue que el ciudadano en cuestión resolvió entrar a militar en un movimiento revolucionario que finalmente entregó las armas luego de una fallida toma del Palacio de Justicia en Bogotá.

De aquel miliciano poco se sabía hasta cuando resolvió presentarse como candidato al Congreso y fue elegido como Senador, en donde se desempeñaría con lujo de detalles porque mostró ser un hombre disciplinado, estudioso y sobre todo, sin temor a las denuncias que hacía desde dicha entidad. Y no hay duda que desde el punto de vista doctrinario, fue ejemplar en la medida que cuando consideró que en su Partido no andaban las cosas como lo mandaban las elementales reglas de la ética, resolvió montar toldo aparte y presentarse como candidato a la Alcaldía de Bogotá. Y ganó las elecciones con una minoría mayoritaria, como suelen decir los politólogos. Y ahí fue Troya.

Aquel competente Senador, se convirtió de la noche a la mañana en un incompetente funcionario público que, como en los viejos tiempos, quiso poner el acelerador de los procesos sociales y querer solucionar todos los problemas de Bogotá, en menos de un año de gobierno. Contrariando uno de los principios más elementales del “Arte de la guerra”, enfrentó todos los problemas al mismo tiempo, dando como resultado un verdadero desastre. No referimos a la pelea por la Plaza de Toros, el Metro liviano, la basuras, los indigentes, el Transmilenio, el Metro, la corrupción en la contratación y cuanto problema tiene Bogotá, agravado con la pésima administración de su antecesor.

Creemos que varias son las lecciones que aún debe aprender Petro: que un alcalde elegido debe gobernar para todos los ciudadanos y no sólo para algún sector; que no es posible solucionar todos los problemas de una ciudad tan conflictiva como Bogotá, en tan corto tiempo; que las posiciones verticales se toman cuando se ha tenido la posibilidad de escuchar a los diferentes actores que intervienen en determinado conflicto y por último, que la fuerza de los argumentos no está necesariamente en la arrogancia con la cual se plantean.

Es una verdadera lástima que el país haya perdido un buen Senador y a su vez se haya convertido en uno de los tantos personajes que va de “alcaldada en alcaldada”.

Nota: los objetivos, los fines que persigue Petro con sus propuestas, nos parecen estupendos: abrir camino a una política de reciclaje de basuras y la incorporación de muchísima mano de obra de sectores vulnerables. En lo que sí no estamos de acuerdo es con sus métodos.

Víctor Zuluaga