27 de septiembre de 2021
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La felicidad, ja, ja, ja!

12 de enero de 2013

pacho galvisPuesto a escoger entre el resultado de Gallup y la ponderación de la de la ONU, lógicamente estaré del lado de la última. La experiencia empírica así lo demuestra, sin necesidad de ‘rabuleo’.

Qué sería la felicidad sino la experiencia diaria de vivir unos y apenas sí sobrevivir otros, pues, al menos, hay que agradecer por el aire que respiramos, todavía no envasado para la venta por públicos y privados, como el agua, ni gravado con impuestos. La felicidad humana generalmente no se logra con grandes cosas, sino con las pequeñas que suelen suceder a diario, como cuando le arrancamos una sonrisa a aquel taciturno y abatido. De seguro lo hacemos feliz y estamos siendo felices.

Para el viejo Benjamín Franklin, estadista y científico, “la dicha de la vida consiste en tener siempre algo qué hacer, alguien a quién amar y alguna cosa qué esperar.” El programa es de una total simpleza, pero suficiente y quienes nos hacen felices no son los gobiernos como lo pretende Santos, sino la propia entereza, el cabal aprovechamiento de lo que poseemos y la esperanza de mejorar en lo que precariamente poseemos.

Y no es cosa de los gobiernos, porque si fuera por los gobernantes que los pueblos tienen, todos seríamos perfectamente desgraciados. Colombia es ejemplo de ello: inseguridad, millones de pobres y miserables, corrupción, injusticia, todas las injusticias. La felicidad es asunto de actitud para asumir la vida.

Desde luego que si los encuestados por Gallup lo fueron en su mayoría guerrilleros, bandidos, ricos, nuevos ricos, corruptos, congresistas, almojarifes, ciertos fiscales, procuradores, jueces y magistrados, etc., no habría que recatear porque así, de esa manera, todos tan felices hasta el hartazgo.

Contó Héctor Abad Faciolince en Bluradio su experiencia con el basuriego que recoge en su edificio, quien se decretaba de alguna manera feliz con lo que hacía y acostumbrado a hacerlo no tenía otras demandas qué hacerle a la vida, ni a Santos, ni a nadie y quizás solo a su espíritu.

Descarto, por tanto, los resultados de la encuesta de Gallup que con tanto ahínco y soberbia refregó el presidente a través de Twitter y más bien valdría la pena emplazarlo para que divulgue el resultado con pelos y señales, por lo que hace a Colombia, del estudio de la ONU. Pero no crean, el gobierno no es valiente, aunque azaroso sí es.

Vista la felicidad desde lo público valdría preguntar: quién está feliz con el cierre de columnas de opinión, salvo el presidente; quien con la reforma tributaria, menos los ricos; quién con el precio de la gasolina, excepto el ministro de Hacienda; quién con el salario mínimo, aparte el Consejo Gremial; quién con tres masacres en Antioquia en un año; quién con la operación morosa de la Justicia, muchas veces al servicio de mezquinos intereses; quién con un Congreso apestoso; quién con unas Cortes clientelistas; quién con los graves problemas de movilidad de las ciudades; quién con el desastre de INTERBOLSA, etc.?

Bien pocos por cierto, porque la felicidad pública se construye con bienestar, con orden público garantizado, con justicia limpia, pronta y cumplida; con justicia conmutativa y redistributiva; con tributación justa, con legislación ponderada y equitativa, con el buen ejemplo de los dirigente privados y públicos!

En mi vida personal, profesional y académica me declaro feliz, pero como ciudadano me declaro infeliz y sobre esto último como que no indagó la obsecuente encuestadora de marras.

Quizá, pues, los encuestados por Gallup pensaron con Goethe que el hombre más feliz del mundo es aquel que sabe reconocer los méritos ajenos y además alegrarse del bien ajeno, como si fuera propio y es algo en lo que se puede estar de acuerdo.

La encuesta de Gallup trajo a mi memoria aquella vieja canción que dice. “la felicidad, ja, ja, ja… y todo gracias al amor…”.

Tiro al aire: ”En las cosas grandes los hombres se muestran como les conviene, en las pequeñas tales como son.” Chamfort.