29 de julio de 2021
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La circunscripción nacional para Senado en Colombia

29 de enero de 2013

ferney pazNo nos llamemos a engaño.  Existe una vocación de reformitis, más no de reformismo. Colombia ha tenido  nueve constituciones, reformas al interior de cada una de estas, sesenta y cinco la del  86, y la del 91  en los últimos años  ha presentado más de treinta reformas y las que están en ciernes, o en proceso de formación.

Se comenta y parece que con cierta  veracidad, que  se está impulsando una reforma  constitucional para elegir el Senado de la República volviendo al sistema departamental, para salirle al paso a una eventual lista del uribismo que podría traerle complicaciones al próximo gobierno, en el caso de la reelección del presidente Santos.

El síndrome de  la reformitis viene haciendo carrera en  la nación, esto es, no dejamos que se desarrollen plenamente las instituciones jurídicas y políticas, generando  una inestabilidad institucional y  atentando contra  la ejecución de  las  políticas estatales.

Pero ante el rumor  de la posible reforma a la circunscripción nacional, es preciso expresar que esta figura fue defendida en su momento por  el Dr. Luis Carlos Galán y justificada en la constituyente del 91, como una de las reformas más importantes para cambiar las  costumbres políticas del país,  que pondría fin a los feudos electorales en las regiones, buscando la igualdad de condiciones  en favor de las minorías.

En otros términos, se vendió la idea de una verdadera ampliación de la democracia.

La pregunta que  nos debemos formular es  la de ¿si  ha sido positiva esta figura constitucional para el país?

Las opiniones se dividen profundamente, para unos la idea  de que aparecieran líderes nacionales, de gran reconocimiento político, que fueran abanderados de  proyectos de beneficio país, no se ha dado, por cuanto los senadores que han sido elegidos desde la creación de la circunscripción nacional, lo han sido en un 85% con los votos concentrados en sus respectivas regiones o departamentos.

Y si por el contrario, los costos de las campañas se incrementaron de manera exorbitante acompañada de una dosis de corrupción y despilfarro, por cuanto los jefes políticos o gamonales de  los diferentes  regiones  y municipios del país se dejaron llevar en términos de mercado por los aspirantes de otros departamentos, haciéndose onerosa las campañas para Senado de la República y se habla de cifras millonarias que sobrepasan los dos mil millones de pesos.

Es un hecho real, aunque se hayan elegido en circunscripción nacional, la mayoría de los senadores se siguen sintiendo voceros políticos de una región donde concentran la mayoría de sus votos, ya que con la introducción de dicha figura  constitucional, no  los obligó a abandonar la política regional.

No es un secreto,  que una de las características del sistema electoral colombiano, hacen que “para el éxito electoral de un candidato, tenga más importancia la promoción de su propio nombre y prestigio personal, que el prestigio de su propio partido”. (Rodríguez Raga: Cambiar todo para que nada cambie).

Otros sostienen, que las minorías han sacado provecho de este sistema de elección y consideran que modificarlo sería reducir los espacios políticos para que se expresen aquellos que no están al servicio de las grandes maquinarias electorales.

Lo cierto es, que trascurridos 21 años desde la proclamación de la constitución del 91, la figura de la circunscripción nacional para elegir  el Senado de la República, no ha arrojado la finalidad política  perseguida,  de promover líderes nacionales y los datos  así lo demuestran, con un aumento de los  feudos electorales y la clase política continua actuando como en el pasado, enfocando sus campañas en sus respectivos departamentos, con el objetivo único de lograr su propio beneficio, en este caso  obtener la curul  y el poder que trae consigo.

En el pasado reciente se trató  el tema y se argumentó que cada departamento debería tener un senador, por lo menos, y las  demás curules quedarían al libre juego de  cocientes y residuos electorales en todo el país  o la de  un porcentaje por circunscripción nacional y el resto por el sistema de curules fijados para cada ente territorial.

En la legislatura  que finaliza en junio del 2014, la mayoría de los departamentos que  integraban  los territorios nacionales, no tienen representación en el Senado de la república, y ausentes  de los  proyectos y debates  que tocan con el desarrollo  regional.

La realidad es una, poco o nada cambió desde la expedición de la constitución del 91 con respecto al poder  tradicional de los senadores, ya que continúan siendo dueños de sus votaciones a través de lo que históricamente se ha denominado clientelismo  político, entendido como un sistema extraoficial de intercambio de favores, o el poder sobre las decisiones del estado para obtener beneficio privado.

Quedamos  a la espera de conocer si es cierta la versión de una reforma constitucional, que iniciaría su trámite en la  próxima legislatura y regresar al sistema electoral anterior o el mecanismo que se proponga a consideración del  Congreso.

ADENDA:   Ante la queja generalizada de  usuarios y abogados litigantes por la tardanza en las decisiones judiciales, el incumplimiento de los términos procesales, que pareciera que solo fuera para las partes y no para el funcionario, conviene  recordarles a los magistrados y jueces de todas las jurisdicciones el pensamiento de Kafka, cuando al tratar el tema de la justicia expresaba que la “dilación indefinida en el trámite y en su decisión, convierte al proceso en un laberinto que lo hace interminable, consagra el desconocimiento del derecho y patentiza la denegación de justicia”. La  claridad del concepto  no admite comentario alguno.

Bogotá, Enero 29 de 2013.

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