27 de septiembre de 2021
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LA CASTA DE BATA BLANCA

14 de enero de 2013

oscar lizcanoPor estos días tuvimos una noticia vergonzosa: los recién egresados de medicina mendigando un puesto para ejercer su profesión. La escena es un indicador contundentemente de degradación y humillación: en la madrugada del 7 de enero, un día festivo, más de 300 muchachos que estudiaron medicina seis años y medio, hicieron fila en La Alpujarra. Aguantaron el inclemente sol del día y varias horas de la noche, para conseguir uno de los 33 cupos para realizar su rural.

Lo más triste es que muchos, además de cumplir este requisito, necesitan ganar dinero para subsistir. Aquellos que logran coronar un cupo, generalmente prefieren quedarse trabajando, porque es difícil costearse una especialización. A esto se le suma el favoritismo de élite y los celos profesionales, que no permiten que otros ingresen a una misma especialización, evitando así la competencia. Por ejemplo, para medicina interna se pueden presentar mil aspirantes a la Universidad de Antioquia y sólo hay dos cupos. Mientras tanto, un prestante especialista de la ciudad tiene cinco hijos especialistas, por ejemplo.

Razón tienen los que señalan que el gremio de los especialistas se ha convertido en una casta de privilegiados. Me contaba una exsecretaria de la Facultad de Medicina de una importante universidad oficial, que a algunos médicos especialistas se les identifica fácilmente en los pasillos de las clínicas porque caminan como pavos reales, exponiendo su prepotencia incluso ante los pacientes.

Aunque el decreto antitrámites reglamentó un plazo de 90 días para otorgar las citas con especialistas, éstas se siguen demorando más. No importa que en el país haya escasez de internistas, reumatólogos, nefrólogos, cirujanos de manos, psiquiatras infantiles, entre muchos otros. A un médico general de escasos recursos se le dificulta adelantar sus estudios de posgrado, pues en muchos casos estos están legados para los familiares de los especialistas o para las clases altas. Lo más grave es que el Estado no tiene un inventario de los especialistas del país, ni cómo están repartidos.

De otra parte, los médicos generales, puerta de entrada de todo paciente, han perdido toda capacidad para resolver problemas, pues deben limitarse a remitir al especialista. Esto ha hecho perder la credibilidad de los médicos generales, puesto que los pacientes lo ven como un requisito burocrático y obligado para llegar al especialista.

Según estudios, los médicos generales solo tienen la capacidad de resolver el 30 por ciento de los casos, lo demás va a las castas de especialistas. Y sí, es claro que se necesitan más de estos últimos, pero, además, se requiere una reforma estructural en la salud, que también rompa esa rosca que ostentan los privilegiados de bata blanca. ¿O acaso cambiaron el juramento hipocrático por la avidez insaciable del dinero?.