26 de septiembre de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

La cascada de alzas

21 de enero de 2013

Lo bueno, pero también trágico, y contradictorio, es que las matemáticas no mienten. Y no mienten porque mientras el aumento del salario no se compadece, los incrementos en las tarifas básicas de los servicios fundamentales, sobrepasan el 15 y hasta el 30% en varios de ellos. No mienten, en el pírrico aumento del ingreso; y no son falaces y confirman la tragedia de la repartición equitativa de la pobreza en la que andan empeñados nuestros gobernantes desde hace décadas. Desde hace tiempo la búsqueda de cerrar la brecha de la desigualdad con la repartición equitativa de la riqueza suena a utopía.

Si de porcentajes se trata, desde hace muchos años, los aumentos en los servicios públicos básicos, como energía, gas, telefonía y agua, sobrepasan, y con creces, ese 4 y medio por ciento de aumento, promedio, en el ingreso mínimo de los colombianos trabajadores formales. Hablemos de los subempleados, o a quienes vemos todos los días en los andenes y calles de nuestras ciudades, rebuscando el sustento, el pago del arriendo, la comida, el vestido, incluso del almuerzo «corrientazo», que ahora ya no lo será y aumentará para que el ciudadano de a pie pague el IVA que tendrán los alimentos para su preparación. En fin, al único que le importa el tema es al trabajador, que deberá resolver todos los días cómo y con qué come.

Pero desde hace tiempo estamos viendo que las normas se hacen para beneficiar a intereses mayores, como los que motivaron el descenso en el impuesto de renta para los ricos, pero el aumento para los trabajadores de una clase media cada vez más vapuleada por el concepto erróneo e indolente de creer que si se gana más de un millón de pesos mensuales se es rico. Preguntémosles a las autoridades de la DIAN o del Ministerio de Hacienda si ese no es su pensamiento ventilado en privado en muchos círculos de poder.

No obstante estos desafíos a enfrentar en 2013, hay también vientos de esperanza, y mucha expectativa en cuanto al avance de los diálogos que el Gobierno adelanta con el grupo armado ilegal Farc. Todo el país tiene los ojos puestos en ellos y de sus conclusiones dependerá en parte también las consecuencias que quedará en el llamado inconsciente colectivo, en especial que la sola voluntad de paz no alcanza. Hace falta un golpe enorme al timón de las reformas sociales que se requieren para que esa paz, o esos acuerdos se siembren en tierra fértil, y no sean de nuevo fracasos como los que hemos visto a lo largo de la historia.

Mauricio Ospina
Senador de la República