7 de marzo de 2021
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Este sábado un año más sin Barco

18 de enero de 2013
18 de enero de 2013

 

renan barco
Renán Barco

En su infancia fue muy pobre. Tuvo una gran cualidad: le gustó el estudio. Inteligente, agudo, sagaz, echado para adelante, aprovechó su gran capacidad para avanzar. Con el tiempo llegó a ser, tal vez, el personaje más importante de Caldas en el liberalismo.

Hombre influyente

Barco fue uno de los personajes más influyentes de Caldas. Cuando estuvo vigente, no se movía una paja sin su consentimiento. Los gobernadores le consultaban casi todos los nombramientos y las inversiones. Tener el apoyo de Barco, significaba para muchas personas estar al otro lado. Nacionalmente, era admirado y acatado en el alto gobierno. Por algo siempre lo nombraban ponente de las reformas tributarias en el Congreso de la República. Ya imaginarán las prebendas que tenía.

Cuantiosa fortuna

Cuando Barco murió dejó una cuantiosa fortuna. Quienes lo conocieron dicen que era un mago para las finanzas. No daba puntada sin dedal. Sus herederos -tres mujeres- se repartieron más de 25 mil millones de pesos que era su patrimonio. Sin embargo, hay quienes afirman que tenía más. No obstante, fue un tacaño de aquí a la Patagonia. Almorzaba en los «corrientazos» de Bogotá donde no le cobraban más de cinco mil pesos por golpe. Incluso sacrificaba su presentación personal para honrar su cicatería. En una ocasión, cuando Julio César Turbay Ayala fue candidato presidencial, lo acompañó en una correría por el norte de Caldas. Llevó un solo vestido y una gabardina para un fin de semana.

Sobre la vida de Barco se pueden derramar ríos de tinta. Casi toda su vida  tuvo facetas interesantes.

Lo que se dice del jefe liberal

Al conmemorarse el cuarto aniversario del fallecimiento del senador y jefe liberal caldense, publicamos las últimas notas de EJE 21 sobre aspectos vertebrales de su vida para que nuestros lectores se formen una idea de tan controvertida personalidad.

El Campanario
Por Tomás Nieto

Se cumple este sábado, 19 de enero, el cuarto aniversario de la muerte de Víctor Renán Barco López, toda una biblia en ciencias tributarias y el más breve de todos los ministros de justicia que tuvo Colombia en el siglo pasado: duró 19 días en el “Mandato claro” de su compañero-jefe Alfonso López Michelsen.

El político nacido en Aguadas, la ciudad de las brumas, y aquerenciado en La Dorada, al lado de su amada “negramenta”, fue un estudioso permanente de la economía que lo apasionó desde su paso por la facultad de derecho de la Universidad Nacional, de Bogotá, que lo convirtió en abogado, y un experto consumado en “ingeniería electoral”, materia que aplicaba con singular maestría para obtener el mayor número posible de curules para su movimiento en el Congreso, la Asamblea de Caldas y los concejos municipales de su circunscripción.

Su deceso se produjo en la madrugada del 19 de enero de 2009, en un postoperatorio, en el Hospital Santa Sofía, de Manizales.

Sucesión en la decanatura

Eterno solterón jamás vencido, con la muerte de  Barco –que fue por mucho tiempo el decano de los congresistas colombianos— el Liberalismo perdió a uno de sus mejores parlamentarios y las futuras reformas tributarias quedaron huérfanas, pues ya no serían objeto de las enjundiosas ponencias que recibieron en los últimos cuarenta años. Los ministros de hacienda se quedaron sin a quien consultar en la ciencia de meterle la mano al bolsillo a los contribuyentes ricos.

Confesaba que le gustaba empujar cada reforma tributaria porque sus electores, debido a su pobreza extrema,  no pagaban impuestos.

A su muerte, su departamento de Caldas perdió una curul en el Senado que fue ocupada por el liberal nariñense Guillermo García Realp. En la decanatura, por antigüedad, lo sucedió en el Capitolio el conservador barranquillero Roberto Gerleín Echeverría, dueño de la panza más voluminosa de la política nacional.

Cofundador del MRL, era considerado uno de los hombres más ricos de Colombia. Poseía tierras no solo en su país sino en Venezuela y Argentina. El gran amor de su vida fue la actual embajadora en China, Carmenza Jaramillo.

Dueño de su pequeño Frente Nacional

Al colapsar Barco, se hundió prácticamente la pequeña réplica frentenacionalista que predominó en Caldas durante 35 años, fruto de la alianza entre su sector  liberal y el movimiento conservador capitaneado por el ahora jubilado ex senador conservador Omar Yepes Alzate, sorprendente imitador del bolerista Leo Marini. Duró esta coalición tanto tiempo que terminó llamándose el “Dueto de antaño” en los mentideros políticos manizaleños. Allá se recuerda que en un tiempo la alianza era de tres jefes, con Luis Guillermo Giraldo a bordo, que se repartían a placer el ponqué burocrático. En el momento de su óbito  los medios no se pusieron de acuerdo sobre su edad. Unos le atribuyeron 80;  otros le pusieron  83 y los demás le calcularon 85.

Los chascarrillos de Barco

Tras sus postgrados en ciencias económicas en reputadas universidades de Londres y Nueva York, el senador aguadeño solía decir que él oficiaba como estadista en Bogotá y como manzanillo en La Dorada. Enemigo acérrimo del matrimonio, decía que la mujer que se casara con él tendría que estar loca y “yo con una loca no me caso”.

Cuando el presidente Virgilio Barco le ofreció la Designatura, la rechazó por considerar que “no tenía ropa para semejante investidura”. Con el mismo argumento evadió los intentos de sus amigos que quisieron elegirlo presidente del Senado. Según el finado escritor caldense Antonio Mejía Gutiérrez, el sucesor de Barco en la jefatura del liberalismo caldense sería aquel que saliera vivo del último tiroteo.

Unos episodios barquistas

Sus biógrafos recuerdan que el senador Barco fue presidente durante quince años del Concejo Municipal de La Dorada, donde por  cuatro décadas tuvo su principal bastión electoral. Subrayan que nombrado Ministro de Justicia en 1976 por el presidente López Michelsen, apenas duró en el cargo 19 días, a raíz de un debate que le hizo, en la Cámara,  el extinto congresista conservador caldense Jesús Jiménez Gómez.  Fue el senador que por más tiempo ocupó una curul  y el jefe liberal más votado en Caldas. Su velorio no tuvo antecedentes, por lo maratónico: primero permaneció en cámara ardiente, en el recinto de la Asamblea departamental, en Manizales;  después, en el recinto del Senado de la República, en Bogotá; finalmente, estuvo en el recinto de sesiones del Concejo de La Dorada, la ciudad en la que se le amó y se le odió durante su dilatado cacicazgo de casi medio siglo,  en la última etapa de su periplo fue sepultado en Cali por encarecida petición de sus hermanas radicadas en la Sultana del Valle.

Entrevistar al difunto Germán

Hubo en la mañana del martes un entretenido palique en la cabina del 6 am-9 am, de Caracol Básica, en el que se abordó el tema literario.

El cronista deportivo César Augusto Londoño se hizo lenguas al contar que estaba inmerso en la lectura de la encantadora novela maestra “La tejedora de coronas”, del cartagenero Germán Espinosa, a quien la gente amante de la lectura pone al mismo nivel del gran fabulador de Macondo, Gabriel García Márquez.

Tomó la palabra el director de Hoy por hoy, Darío Arizmendi, para proponerles a sus compañeros de la mesa que llamaran inmediatamente a Espinosa para entrevistarlo. (¡).

Sin salir de su asombro, sus colegas le contaron al paisa que don Germán murió en Bogotá, el 17 de octubre de 2007 (hace cinco años) y que todavía no hay manera de comunicarse telefónicamente con ese más allá que los poetas llaman cielo.

Tolón Tilín

Preocupante que Arizmendi esté tan atrás de noticias sobre el mundo literario colombiano. ¿Ya sabrá que el escritor vallecaucano Juan Evangelista Quintana Rentería, el autor de la cartilla Alegría de leer (con su esposa Susana) uno de los libros más leídos y vendidos de Colombia, murió en Bogotá, en 1979?

La Barca de Calderón

La curul vacía de Barco

Este sábado conmemoraremos el cuarto aniversario de la desaparición del senador caldense Víctor Renán Barco, una de las figuras más destacadas del Congreso de la República en cuatro décadas.

Maestro en acrobacias tributarias, –con razón dicen, que con su viaje descansó el fisco– y en la manipulación de mapas para obtener los mejores dividendos electorales,–operación avispa– pasó a la historia como el Ministro de Justicia más efímero: apenas duró 19 días por obra y gracia de mi paisano conservador Jesús Jiménez Gómez, quien lo forzó a renunciar en un memorable debate en la plenaria de la Cámara.

Portó por varios lustros la dignidad de decano de los senadores y a su muerte, en un post-operatorio, en el Hospital Santa Sofía, de Manizales.

El hombre más rico del cementerio

Barco –considerado uno de los políticos más ricos del país— y hoy el más rico del cementerio, tenía propiedades no solo en Colombia sino en Argentina, Venezuela y Perú, además de su montepío en donde ejercía el «gota -gota», el Senador aguadeño se distinguió por su timidez para el gasto . El reparto de su fortuna lo hizo un juez de Manizales entre tres hijas que el líder liberal tuvo en igual número de amoríos pasajeros. Dicen las malas lenguas que Barco fué tan buen padre que a cada hija le tenía una mamá, incluida la muchacha  del circo . Enemigo del matrimonio, nunca se casó. Amó devotamente a la actual embajadora en China, Carmenza Jaramillo. Cuando el presidente Virgilio Barco le ofreció la Designatura, le respondió con su famoso estribillo: “No tengo ropa para semejante investidura”.  Lo mismo le dijo a quienes se empeñaban en elegirlo presidente del Senado.

Desde su óbito, su vertiente liberal ha permanecido atomizada y no ha sido capaz de recuperar la curul perdida. Ahora más de un aparecido quiere ir a la Dorada a sacar pecho y llorar con lagrimas de cocodrilo su desaparición. Muchos de sus amigos entonan el estribillo de Santos «el jefe» el anacobero mayor… En el juego de la vida, juega el grande y juega el chico, juega el pobre y juega el rico…y a sus amigos les decía cuatro puertas hay abiertas al que no tiene dinero el hospital y la carcel la iglesia y el cementerio…..cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.    

Su deceso precipitó la liquidación de su alianza bipartidista de más de 35 años con el ahora ex senador conservador Omar Yepes Alzate. El contubernio recibió, por su antigüedad, el mote del “Dueto de antaño”.

Antes de ser sepultado en Cali, a pedido de sus hermanas, el ataúd fue  paseado en maratónica velación por los recintos de la Asamblea de Caldas, el Senado de la República y el Concejo de La Dorada.    

Un dandi aguadeño

Alrededor del dirigente liberal se tejieron a lo largo de medio siglo muchas anécdotas recogidas por la picaresca manizaleña.

Cuando Barco adelantaba altos estudios de economía y finanzas en Londres, aprovechaba las vacaciones de cada año para visitar a su familia en Aguadas.

En las tardes solía pasearse por las calles de la ciudad de las brumas ataviado como todo un gentleman: fino traje de corte inglés, sombrero de copa y bastón.

Entre la alborotada chiquillería que lo seguía en su recorrido, a prudente distancia, iba un niño llamado Eucario Bermúdez, el unigénito de doña Margarita Ramírez, que con el paso del tiempo sería primera figura de la radio y la televisión colombiana.

“La marcha vespertina del dandi aguadeño era un espectáculo que no nos podíamos perder”, recuerda desde Miami el notable comunicador.

El fallecido jefe siempre tuvo las cuentas bien claras: “En el 2008 cumplí 80 años de edad; 40 como parlamentario y 35 como gamonal del liberalismo de Caldas y me considero uno de los pocos dinosaurios de la política colombiana”.