1 de marzo de 2021
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El amor por las armas

8 de enero de 2013
8 de enero de 2013

albeiro valencia llano La nueva masacre en la escuela primaria de Newtown, Connecticut, donde fueron asesinadas 26 personas, entre ellas 20 niños, logró conmover a todos los sectores sociales. El hecho despertó la solidaridad mundial de los pueblos perturbados por las imágenes que mostraban los medios y frente a la tristeza del presidente Obama, cuando expresó que “nuestros corazones están rotos. Sé que no hay ningún padre que no sienta eso. La mayoría de los que murieron eran niños, niños hermosos que tenían toda la vida por delante”.

Por supuesto el pueblo estadounidense vive con miedo de un ataque terrorista en esta nación donde las masacres son frecuentes, pero ¿Por qué ocurre esto en el país más poderoso del mundo? ¿Por qué impera la ley del más fuerte y la pistola más rápida?

El negocio de las armas

Ante las amenazas del terrorismo, debido a la inseguridad, los estadounidenses quieren vivir armados. Según una encuesta de Gallup, 47% de la población tiene un arma en casa y hay en el país 310 millones de rifles, pistolas y revólveres, mientras que la población es de 314 millones de personas. Esta costumbre de poseer armas viene de la Segunda Enmienda de la Constitución, de 1791, que dice: “Siendo necesaria una milicia bien ordenada para la seguridad de un Estado libre, el derecho del Pueblo a portar armas no será infringido”. Esto también tiene que ver con el “sueño americano”, o con la igualdad de oportunidades y libertad que poseen todos los habitantes de lograr sus objetivos, únicamente con el esfuerzo y la determinación, sin restricciones. Por lo tanto, truncar la posesión de un arma significa impedir la libertad que tiene una persona para defender su integridad física y la de su familia.

¿Quiénes se benefician con el negocio de las armas? El discurso sobre la libertad de poseer armas lo manejan muy bien los monopolios de la industria armamentista, los comerciantes y las organizaciones de cazadores y amantes de las armas de fuego; estos últimos están agrupados en la poderosa federación Asociación Nacional del Rifle, la más grande institución defensora de la Segunda Enmienda.

La Asociación se fundó en Nueva York en el año 1871, tiene seis millones de afiliados y maneja un gigantesco presupuesto que le permite invertir en las campañas presidenciales y mantener estrechas relaciones con los congresistas; se dice que es la organización de lobby más poderosa de Estados Unidos. En la pasada campaña por la presidencia apoyó al candidato Mitt Romney, porque el 70% de los republicanos son partidarios de portar armas de fuego. El presidente Obama, durante su primer gobierno, planteó algunas inquietudes sobre el control de armas, pero no avanzó porque los republicanos en el Congreso bloquean proyectos de este tipo. Sin embargo los demócratas no se atreven a proponer nada al respecto ¿Cuál será la razón?
Todos recordamos que después de la masacre del pasado 20 de julio de este año, el presidente Obama prometió un debate para regular el porte de armas, y dijo que “la AK-47 deben estar sólo en manos de nuestros soldados”. Sin embargo cuando pasó la tragedia y llegó el olvido la discusión también se abandonó.

La cultura de la violencia

Millones de estadounidenses hablan de una cultura que promueve la violencia. En cafeterías, bares, restaurantes, almacenes y parques, las personas comunes y corrientes discuten sobre las caras de la violencia y se refieren “a la cultura de las armas, a la violencia mediática, a la falta de servicios de salud mental, a las guerras abiertas y encubiertas que realiza el gobierno en otros países y a la manera como criamos a nuestros hijos”.

El estado de Connecticut, donde ocurrió la masacre del 14 de diciembre, no exige permiso a sus ciudadanos para poseer rifles o pistolas; la única demanda es tener más de 21 años. Tampoco se lleva un registro de las armas en poder de la población civil. Y Barbara Elsas, quien cada lunes se sitúa frente a la Casa Blanca para exigir el endurecimiento de las leyes sobre el control de armas indicó que “cuando vas a comprar un medicamento para el catarro tienes que mostrar tu licencia de conducir y cuando vas a comprar un arma ni siquiera la necesitas”.

Ante la dimensión de la tragedia se siguen escuchando voces para regular el porte y comercio de armas; en esta dirección se vienen pronunciando varios legisladores. El senador demócrata Harry Reid dijo que abordará el tema en el Congreso; y el republicano Charles Grassley sugirió la formación de una comisión especial y afirmó que “no puede ser un debate sólo sobre el control de armas, debe haber una discusión seria y juiciosa sobre temas de la salud mental”.  De otro lado el diario The Washington Post pidió limitar la venta de las armas de asalto a las que denominó “máquinas de matar”, y criticó al presidente Obama por no cumplir sus promesas sobre la regulación de dichos armamentos.  El alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, dijo enfáticamente que lo que el país necesita es “que Obama envíe un proyecto de ley al Congreso para solucionar el problema. Eso debe terminar”.

Hoy le aconsejan al gobierno de Estados Unidos seguir el ejemplo de Japón, Australia y Escocia, naciones que redujeron en forma drástica las muertes por armas de fuego, después de aplicar leyes estrictas para regular su porte y comercio. Sin embargo el contexto cultural y político es muy diferente, pues en Estados Unidos la cultura de las armas está arraigada en la Constitución.

El poder del dinero

Después de la masacre en la escuela primaria de Newtown todo va regresando a la normalidad. La Asociación Nacional del Rifle declaró que “La única forma de parar a un tipo malo con un arma, es un tipo bueno con un arma” y propuso la presencia de policías en cada escuela. Sus voceros defendieron el derecho de los ciudadanos a portar armas para la defensa personal y afirmaron que “la conducta violenta de los estadounidenses está siendo marcada por los videojuegos y las películas de contenido violento”.

Los monopolios de la industria militar son un poderoso grupo de presión con mucha influencia económica y política. En Estados Unidos hay más de 300 fábricas de armas con ingresos de muchos miles de millones de dólares y con ganancias suficientes para hacer el cabildeo necesario para defender “el derecho del pueblo a portar armas”, con un argumento que tiene mucha fuerza: “No son las armas las causantes de las muertes, sino quienes las usan”. Con esta cultura llegarán nuevas masacres en esta poderosa nación, llena de contradicciones porque hay mucho poder detrás de las armas.