26 de junio de 2022
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

De los fundadores

28 de enero de 2013
28 de enero de 2013

Otros  de los fundadores recordaron sus  cercanías con las tierras del sur y al ver ese paraje  de la salida, al sur, tan yermo y extenso, le dio  el nombre de la Pampa. Ese mismo hombre, siguió hacia el norte, y le puso a esa montaña, Buenos Aires. Desde allí recordó ese canto que dice: “La pampa es un verde pañuelo colgada del cielo, tendido en el sol… “  

Otro sobreviviente del pasado y muy ligado a las labores marítimas, inmortalizó el lugar que había dejado al lado de un río caudaloso y le puso a la otra salida, al norte,  El Puerto.

De esta  manera encadenaban  los nombres y parajes que, junto con la plaza principal, iría  a terminar con lo que nosotros llamamos Aranzazu.

De las personas religiosas salieron los nombres como la tipografía  San José, o la vereda San Rafael. Personas descendientes de hombres y mujeres religiosas con sobrada importancia social y descendientes de militares. Las madres siempre quisieron tener un sacerdote en casa, pero si hubiese sido gratis el ejercicio de esa profesión, mayor número de sacerdotes hubiesen engrosado ese ejercito eclesiástico.

Ya avanzados los años, los continuadores de esta labor de sobrevivencia siguieron bautizando los lugares, y un enamorado del paisaje le puso a la colina un poco baja, pero estratégica para el amor,  la Puerta del Sol. Nombre emblemático que lleva el nombre de una novela. Otro demasiado influido por los sufrimientos ajenos le puso a una calle, de La Congoja; cuántas dificultades de sus habitantes, para que se hubiesen aceptado o auto nombrado con ese apelativo. Tuvo mejor idea el vecino optimista que, al observar un paisaje alegre y prometedor, le puso a la nueva vía La calle Nueva.

Otro de nuestros antepasados en esta vida de pueblo, encontró una calle tan sinuosa y escondida y para alentar a sus pobladores le puso el nombre de Carangal.  Hubo alguien que en una vereda halló tal cantidad de robles, esa madera noble y hermosa, y sin pensarlo dos veces le puso el nombre de El Roblal. Sin embargo, alguien no menos imaginativo, halló dos montañas que tenían aspecto de muela  y otra parecía un colmillo, y le puso el nombre de Muelas. Sin embargo, el que encontró las flores más bellas, puso el nombre de la Floresta y un poco más allá,  nombre al club social, Miraflores. Y aquel que halló la tierra roja, como la sangre,  le puso Salón Rojo donde  saldrían cuentos de fantasmas y miedos. Y el Brillante es un nombre hermoso.

De esos fundadores quisieron  nombrar las calles por las personas que habitaban: en la cuadra de altos y fornidos hombres, le pusieron la calle de los Largos. Avanzando un poco más, descubrió hombres y mujeres con  cachos, ramos y ortigas  en la cabeza, y a  esa pasajera y afrodisiaca tierra, la bautizaron Cachipay.

El que escogió Chambery, bebió en el pasado indígena para designarlos. Acerca de la palabra Guarango podemos decir lo siguiente: aparece definida en el Diccionario de Lunfardo como persona torpe y poco servil, que no sabe guardar la buena educación.

Y el personaje más siniestro y con poca inventiva, fue el que puso el nombre de los Tullidos. Y debemos sacudirnos  esa fuerza negativa en los nombres y no apoyar los amigos y paisanos que toman fotos de todos las personas con problemas mentales y físicos para  hacer videos y exposiciones de lo que somos.  Así, como quienes en épocas nuevas, quieren sobresalir nombrándonos  como los bipolares, que estigmatiza esta  tierra con calificativos nada originales.

A pesar de los nombres bellos y feos, Aranzazu en esta época del 2013, vive una época de resurgir de la inteligencia. Personas adultas, tratan de dar una nueva visión al municipio en el sentido del progreso y la inteligencia. A pesar de que la literatura y la escritura, no son cualidades que el mundo de hoy aprecie, Aranzazu en estos momentos cuenta con una pléyade de escritores, columnistas, novelistas, que están activos en su labor literaria, y  todavía pueden y dan la batalla por la cultura, esa que soñamos cuando éramos jóvenes y bellos.