15 de junio de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

De la gran voz a la pintura: Gonzalo Ayala

8 de enero de 2013
8 de enero de 2013

gonzalo ayala
Gonzalo Ayala con Édgar Hozzman

Decenas de chiquillas se enamoraban de esa prodigiosa voz que tenía este locutor por excelencia de las estaciones románticas. Fue el ídolo en Radio Tequendama, Emisoras Monserrate, Radio Visión, Smar  Stereo, La Voz de Bogotá. Promotores de discos le buscaban, lo invitaban a almorzar, lo llevaban y lo traían a ruedas de prensa, conciertos. Hoy, todos esos “personajes” se fueron a buscar otros destinos y Gonzalo, en su descanso, se dedica a la pintura.     

Realizó millares de entrevistas. Era su trabajo. Era lo normal. Tanto así, que hizo el último diálogo de Nino Bravo con un medio de comunicación en América Latina y ¡no la grabó!.  Aunque todos los artistas lo conocían, nunca fue amigo de ellos y de los promotores, ya ni de sus nombres se acuerdan: “hubo buenos, regulares, malos y otros más malos”, dice.

Durante más de 20 años fue la voz que identificó a Todelar. Le tocó, incluso, mandar decenas de cartas a Bernardo Tobón para que lo remplazara. Después presentó a RTI y era quien animaba comerciales de más de 200 empresas.

Lo encontramos en su taller, relajado, escuchando a Bach y desgastando sus ojos en colores ocres para darle vida a sus recreaciones artísticas.

–¿El talento se identifica en silencio?
–El talento puede identificarse de manera silenciosa o sonora. La pintura y la musica son un buen ejemplo, silenciosa la pintura y sonora como la musica.

–¿En los años setenta usted  fue la voz del Corazón, quien lo identificó así y por qué?

–“La voz del corazón” fue un calificativo que me dieron por mi interpretación del poema “La carta que nunca envié”, a la que le puse eso: el corazón.

–¿En los ochenta fue la voz comercial más cotizada, recuerda cuál fue gran comercial,  que grabo?

–Fueron varios trabajos los que marcaron mi estilo como locutor comercial. Un comercial destacado fue el de “Club Colombia”… Perfecta.

–¿El cambio de Todelar a Caracol, que significó para usted?
–Mi paso de Todelar a Caracol resultó poco favorable ya que cambié una emisora potente y bien ubicada por otra de señal pequeña y el extremo del dial. Sin embargo, esta última, la trabajé con cariño porque la música es mi pasión. La radio de ese entonces era la entrega antes que el dinero.

–¿Usted fue el gestor del gran boom de la segunda conquista española, hablando musicalmente, este representó algo económicamente?
–He oído que en las emisoras musicales se cobra por programar artistas o temas , antes esa modalidad no existía; éramos muy delicados al respecto.

–¿Las disqueras, las grandes beneficiadas con su labor radial, le agradecieron?

–Nunca tuve una nota de agradecimiento en ninguna emisora. Sin embargo de “Discos Phillips” me hicieron llegar una caja de deliciosas  variedades, de licor, aunque debo decirte, que yo no soy tomador.

–¿Cuál fue su modelo como Disc jockey?
–Escuchando locutores experimentados fui dando personalidad a mi estilo, un Disc Jockey de la época para nombrarte podría ser Jaime Martínez.

–¿Una voz?

–No tendría cómo escoger, porque fueron muchos y excelentes… Roberto Carlos, Nino Bravo, Julio Iglesias, Joan Manuel Serrat (este como cantautor), Elvis Presley, Olivia Newton – John, Barry White… En fin, no terminaría. Una voz: Frank Sinatra. Aunque no fue dominante en la programación de Radio Tequendama. En música clásica, que también me gusta, podría nombrar a Pavarotti.

–¿Una artista?
–Paloma San Basilio

–¿Cómo actor cual fue su gran personificación, Reyes o el Dr. Thorne?

–El Dr. Thorne, en el amor fue un hombre tierno y persistente. Por su parte, Rafael Reyes me implicó mucho trabajo, aunque, cabe recordar, fue la serie de televisión más costosa de los años 80s.

–¿Cuál fue su gran acierto Pompín o Plumita?

–Desde luego que Pompín, pues tenía vida propia y una sección de diálogos variados. Plumita, era sinónimo de música por su trino.

–¿Qué pasó con la carta que nunca envió?
–“La carta que nunca envié” paradójicamente llegó a mucha gente,  me abrió las puertas al mundo de la publicidad  para grabar  cuñas en televisión, radio y una buena cantidad de audiovisuales para diferentes productos; no puedo pasar de largo sin nombrar a Alfonso de la Aspriella, su autor de «La carta que nunca envié», y a Eduardo Cabas, productor discográfico, ambos creativos  de gran sensibilidad.

–Usted fue el último periodista que entrevistó a este lado del Atlántico a Nino Bravo ¿qué recuerda de este diálogo?- Testimonio que se perdió a la posteridad por la economía del centavo del Todelar.
–El diálogo con Nino Bravo me permitió conocer a una persona sencilla, de gran calidez. En su tour artístico estaba descubriendo y conquistando a América con su voz potente y acariciante, facultad que le permitía matices inigualables. Hablamos  durante una hora en la cabina, no obstante que su esposa le esperaba en la oficina un poco cansada, pues estaba embarazada. La entrevista no se grabó, no por causa de Todelar, sino por un tonto descuido de quienes estábamos en ese momento en la emisora, que no me cansaré de lamentar.

— ¿Raphael o Nino Bravo?
–Raphael y Nino Bravo, dos estilos un tanto diferentes. Raphael actúa, tiene escena; Nino Bravo no, pero son dos voces irrepetibles.

–¿Por qué no ha vuelto a actuar en televisión?
–No actúo en televisión en parte, porque la gente que maneja el medio, (directores y productores) son nuevos, y desconocen a quienes hemos estado casi desde los inicios de la televisión. Y por otra parte, porque estoy en el tema de la pintura.

–¿Por qué no ha vuelto a grabar comerciales?
–En los comerciales sucede lo mismo, hay otra gente en ese medio.

–Hoy está dedicado a la pintura, ¿cuándo piensa hacer una exposición?
–La pintura fue mi reencuentro con algo que experimenté desde niño. Allí me sumerjo y me olvido de todo, es una experiencia muy agradable. En cuanto a la exposición, debo completar un número determinado de cuadros, ya te avisaré.

–¿Es más pintor  que actor o más actor que locutor?
–Soy tan pintor como actor o como locutor, tres facetas que me salen de adentro del espíritu.

–¿A quién escucha?
–En la radio a Julio Sánchez Cristo, pienso que en la radio de hoy hace una labor impecable como locutor, periodista y creativo.

–¿Su arte lo proyecta a la soledad o lo identifica con su silencio?
–El arte lo proyecto hacia la creación y hacia la sensibilidad. Afortunadamente no estoy ni solo, ni en estado silencioso.

–¿Añora los decenios de los 70s y 80s?

–Mucho, mucho. Esas dos decenios contaron con la armonía de la música que no volverá.

–¿Cuál se escuchó más, Emisoras Mil XX en los 60s o Radio Tequendama Todelar de los 70s?
–Ambas emisoras, cada una en su momento, fueron las número uno. En cuanto a Radio Tequendama, su permanencia en el primer lugar se extendió por diez años y la producción musical fue mucho más copiosa. Cómo olvidar esto.

Sin embargo, la vida sigue, la radio musical de hoy tiene otra técnica: la computación, esta puede ser más práctica, pero se acabó con ella el ambiente cálido de antes.