27 de septiembre de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Cuatro años sin el senador Víctor Renán Barco

18 de enero de 2013
18 de enero de 2013

El político nacido en Aguadas, la ciudad de las brumas, y aquerenciado en La Dorada, al lado de su amada “negramenta”, fue un estudioso permanente de la economía que lo apasionó desde su paso por la facultad de derecho de la Universidad Nacional, de Bogotá, que lo convirtió en abogado, y un experto consumado en “ingeniería electoral”, materia que aplicaba con singular maestría para obtener el mayor número posible de curules para su movimiento en el Congreso, la Asamblea de Caldas y los concejos municipales de su circunscripción.

Su deceso se produjo en la madrugada del 19 de enero de 2009, en un postoperatorio, en el Hospital Santa Sofía, de Manizales.

Sucesión en la decanatura

Eterno solterón jamás vencido, con la muerte de  Barco –que fue por mucho tiempo el decano de los congresistas colombianos— el Liberalismo perdió a uno de sus mejores parlamentarios y las futuras reformas tributarias quedaron huérfanas, pues ya no serían objeto de las enjundiosas ponencias que recibieron en los últimos cuarenta años. Los ministros de hacienda se quedaron sin a quien consultar en la ciencia de meterle la mano al bolsillo a los contribuyentes ricos.

Confesaba que le gustaba empujar cada reforma tributaria porque sus electores, debido a su pobreza extrema,  no pagaban impuestos.

A su muerte, su departamento de Caldas perdió una curul en el Senado que fue ocupada por el liberal nariñense Guillermo García Realp. En la decanatura, por antigüedad, lo sucedió en el Capitolio el conservador barranquillero Roberto Gerleín Echeverría, dueño de la panza más voluminosa de la política nacional.

Cofundador del MRL, era considerado uno de los hombres más ricos de Colombia. Poseía tierras no solo en su país sino en Venezuela y Argentina. El gran amor de su vida fue la actual embajadora en China, Carmenza Jaramillo.

Dueño de su pequeño Frente Nacional

Al colapsar Barco, se hundió prácticamente la pequeña réplica frentenacionalista que predominó en Caldas durante 35 años, fruto de la alianza entre su sector  liberal y el movimiento conservador capitaneado por el ahora jubilado ex senador conservador Omar Yepes Alzate, sorprendente imitador del bolerista Leo Marini. Duró esta coalición tanto tiempo que terminó llamándose el “Dueto de antaño” en los mentideros políticos manizaleños. Allá se recuerda que en un tiempo la alianza era de tres jefes, con Luis Guillermo Giraldo a bordo, que se repartían a placer el ponqué burocrático. En el momento de su óbito  los medios no se pusieron de acuerdo sobre su edad. Unos le atribuyeron 80;  otros le pusieron  83 y los demás le calcularon 85.

Los chascarrillos de Barco

Tras sus postgrados en ciencias económicas en reputadas universidades de Londres y Nueva York, el senador aguadeño solía decir que él oficiaba como estadista en Bogotá y como manzanillo en La Dorada. Enemigo acérrimo del matrimonio, decía que la mujer que se casara con él tendría que estar loca y “yo con una loca no me caso”.

Cuando el presidente Virgilio Barco le ofreció la Designatura, la rechazó por considerar que “no tenía ropa para semejante investidura”. Con el mismo argumento evadió los intentos de sus amigos que quisieron elegirlo presidente del Senado. Según el finado escritor caldense Antonio Mejía Gutiérrez, el sucesor de Barco en la jefatura del liberalismo caldense sería aquel que saliera vivo del último tiroteo.

Unos episodios barquistas

Sus biógrafos recuerdan que el senador Barco fue presidente durante quince años del Concejo Municipal de La Dorada, donde por  cuatro décadas tuvo su principal bastión electoral. Subrayan que nombrado Ministro de Justicia en 1976 por el presidente López Michelsen, apenas duró en el cargo 19 días, a raíz de un debate que le hizo, en la Cámara,  el extinto congresista conservador caldense Jesús Jiménez Gómez.  Fue el senador que por más tiempo ocupó una curul  y el jefe liberal más votado en Caldas. Su velorio no tuvo antecedentes, por lo maratónico: primero permaneció en cámara ardiente, en el recinto de la Asamblea departamental, en Manizales;  después, en el recinto del Senado de la República, en Bogotá; finalmente, estuvo en el recinto de sesiones del Concejo de La Dorada, la ciudad en la que se le amó y se le odió durante su dilatado cacicazgo de casi medio siglo,  en la última etapa de su periplo fue sepultado en Cali por encarecida petición de sus hermanas radicadas en la Sultana del Valle.

Entrevistar al difunto Germán

Hubo en la mañana del martes un entretenido palique en la cabina del 6 am-9 am, de Caracol Básica, en el que se abordó el tema literario.

El cronista deportivo César Augusto Londoño se hizo lenguas al contar que estaba inmerso en la lectura de la encantadora novela maestra “La tejedora de coronas”, del cartagenero Germán Espinosa, a quien la gente amante de la lectura pone al mismo nivel del gran fabulador de Macondo, Gabriel García Márquez.

Tomó la palabra el director de Hoy por hoy, Darío Arizmendi, para proponerles a sus compañeros de la mesa que llamaran inmediatamente a Espinosa para entrevistarlo. (¡).

Sin salir de su asombro, sus colegas le contaron al paisa que don Germán murió en Bogotá, el 17 de octubre de 2007 (hace cinco años) y que todavía no hay manera de comunicarse telefónicamente con ese más allá que los poetas llaman cielo.

Tolón Tilín

Preocupante que Arizmendi esté tan atrás de noticias sobre el mundo literario colombiano. ¿Ya sabrá que el escritor vallecaucano Juan Evangelista Quintana Rentería, el autor de la cartilla Alegría de leer (con su esposa Susana) uno de los libros más leídos y vendidos de Colombia, murió en Bogotá, en 1979?