1 de marzo de 2021
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Evelio Giraldo Ospina

Cómo identificar un «haiga» moderno

16 de enero de 2013

En España se conocen muchas poblaciones, incluso, cuyo nombre delata la existencia de unos opulentos que llegaron de América y se dedicaban a no hacer nada. Estas poblaciones se llaman “Villaviciosa”. En Asturias, por ejemplo existe una.

Pero lo interesante es que estos personajes, que siendo nada, se encontraban de pronto con una fortuna, llegaban a los almacenes a comprar y por lo general decían: “Véndame (cualquier producto) el más grande que “haiga”.

Hoy en día, existen esos “haigas”, sólo que en versión moderna, en la medida que muchos son gente humilde que con el narcotráfico se convierten en señores opulentos

Y hay varias maneras de identificarlos: por lo general compran el carro más grande que hay en el mercado, por aquello de que quiere compensar las estrecheces que siempre soportó cuando viajaba; el carro tiene un color llamativo, porque no tiene sentido que después de una gran inversión, la gente no se de cuenta cuándo paso, llega o sale. Y por lo general, muy cerca del espejo retrovisor central, tiene colgada una pequeña silla de montar, porque la ganadería constituye para ellos una especie de vocación tardía, en la medida que ganado-ganadero-sombrero-poncho, se refiere a una persona que siempre ha gozado de un gran estatus.

Por lo general estas personas hacen unos palacetes en sus barrios de origen, pero otros optan por codearse con los estratos altos y entonces compran una propiedad en un conjunto cerrado exclusivo.

También existen personajes de los que estamos hablando que resuelven comprar un terreno para hacer su propia habitación con todas las comodidades como piscina, baños turcos, caballeriza y hasta ganado vacuno.

Y a éstos últimos se les pela el cobre cuando llegan las fiestas navideñas o cuando celebran un día especial: pólvora a granel y unos equipos de sonido como aquellos de los que se utilizan en un estadio para un concierto.

La razón por la cual son tan amigos que quemar pólvora está en el hecho de que siendo una acción prohibida, les fascina el reto, el desafío. Eso lo aprenden por lo general de las series de T.V. como la de Pablo Escobar y El Capo. No es extraño oír a ciertas personas hablar de lo “macho” que era Escobar, quien se atrevió a desafiar a toda la clase política, al Estado, el Ejército. Por eso mismo no es raro que en muchos hogares de colombianos, aparezca la figura de Pablo Escobar, en una especie de nicho, endiosado y según dicen, haciendo milagros.

Estamos pues, de alguna manera, acosados por los “vivos” y los “haigas”, con el agravante que no existe una cultura de “control social”, es decir, hacerles saber a estos sujetos que su conducta es inapropiada y no contribuye en nada a una convivencia social armónica.