28 de julio de 2021
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Bianchi ha vuelto al Boca Júnior

22 de enero de 2013

Apodado “El Virrey” por la crónica deportiva de Buenos Aires, el estratega se ha comprometido con el equipo xeneize por tres temporadas, en el que será su tercer ciclo en el club al que le ha dado nueve títulos, convirtiéndose en el más ganador de su historia: cuatro ligas, tres copas Libertadores y dos copas Intercontinentales.

La prensa argentina recuerda que el técnico bonaerense dirigió a Boca por primera vez en 1998 consiguiendo tres ligas, dos Copas Libertadores y una Intercontinental (ante el Real Madrid). En 2001 se desligó pero volvió dos años después para alzar otra liga, otra Libertadores y otra Intercontinental.

¿Cómo fue la noche triste?

Aquella terrible noche del jueves primero de julio de 2004, en la que se precipitaron casi al unísono, en Manizales y en Buenos Aires, dos episodios desventurados para ellos, será difícil de borrar de la memoria de Carlos Bianchi, su esposa Margarita y sus hijos Brenda y Mauro.

Las adversidades se juntaron para esta familia rioplatense en la final de la Copa libertadores del 2004.  Lo que para ellos tenía en principio la cara amable de una fiesta inolvidable, se convirtió de repente en lóbrego funeral, a millares de kilómetros de su patria, su himno, su bandera y la mitad más uno de los argentinos, como se suele medir el tamaño descomunal de la hinchada “boquense”.

Los hechos se presentaron con velocidad aeronáutica: 1) Pérdida en la definición por penaltis, en Palogrande, ante el Once Caldas, del que sería el décimo título para el Boca en la productiva era Bianchi; 2) muerte súbita, por paro cardíaco, en Buenos Aires, de la suegra de Bianchi, tras seguir por televisión el descalabro deportivo del esposo de su hija y padre de sus nietos, y 3) decisión del reconocido entrenador – tomada en el hotel campestre “El otoño”, lugar de concentración del encopetado equipo argentino- de renunciar y dejarle su lugar en el banco a un Miguel Ángel Brindisi de limitada experiencia en un puesto tan exigente y difícil como ingrato.

No hay enemigo pequeño

Don Carlos, quien tiene más aspecto de severo profesor de filosofía que de técnico de futbol,  estaba tan seguro de llevársela Copa de regreso a Buenos Aires que resolvió traerse consigo a sus seres más queridos – su mujer y sus dos vástagos – para que fuesen testigos, en el estadio manizaleño, de la conquista del sexto título internacional, de su cosecha personal, para el popular club xeneize.  No esperaba que un equipo chico, sin recorrido continental y con apenas dos títulos domésticos, le cortara la exitosa racha copera; le causara un doble y angustioso duelo y lo llevara a renunciar, tan pronto regresó a Buenos Aires, porque “es la decisión más acertada por el bien del club”, según dijo en un comunicado.  Tampoco suponía que al Boca se le impondría una multa de treinta mil dólares por no haberse presentado, debido a una actitud soberbia, de mal perdedor, por inmadura determinación suya, al acto de premiación, en la gramilla de Palogrande, para recibir la medalla de plata, como subcampeón del prestigioso torneo hemisférico.

Un testigo de excepción

El abogado y periodista  manizaleño Jorge Eliécer Castellanos Moreno, quien a su paso por el Seguro Social  pensionó a más de 200 comunicadores, fue testigo de excepción del drama que Bianchi vivió  en “El Otoño”, en compañía de su inconsolable familia,, sus abatidos jugadores, directivos y asistentes, mientras que en todos los sectores de la urbe cafetera se celebraba con justificado frenesí la hazaña deportiva del equipo de la casa.

El colega caldense vio llegar el bus de Expreso Bolivariano que trajo de regreso, del estadio al hotel, a ocho kilómetros del centro de Manizales, al abatido campeón mundial de clubes.  Estaba a tres metros de la recepción cuando repicó el teléfono con una llamada de la Argentina que traía malos aires para los Bianchi.  Se les anunciaba que acababa de morir, en su casa de la capital federal, la suegra del “Virrey” de copas.  Hubo escenas de llanto,  en medio del dolor, la angustia y la desesperación que protagonizaron doña Margarita y su hija Brenda.  Aturdidos también con la noticia, el profesos Bianchi y su hijo Mauro  se armaron de valor, reunieron el grupo familiar y se dirigieron a la pequeña capilla del hotel, a orar por el alma de la abuela bondadosa que acababa de cerrar su ciclo vital.  

Volver con las manos vacías

La mala sombra se apoderó por completo del ambiente en el punto de concentración del Boca.  Nadie durmió.  Hubo aguacero torrencial hacia la media noche.  Los argentinos deseaban que amaneciera rápido para dirigirse en bus y  abordar, en el aeropuerto de Pereira, el avión que en seis horas de angustioso vuelo, sin escalas, los llevaría de regreso a Buenos Aires, cargados de pesares y sin la Copa Libertadores de América que se quedó en Colombia.  El fútbol es así.  En él se vive, se sufre, se goza y también se muere.

Como el hincha es eminentemente triunfalista, muy pocos seguidores acudieron al aeropuerto de Ezeiza a acompañarlo, al regreso,  en el doble duelo de su divisa amada.

Tolón tilín

En aquella lejana noche triste del primero de julio de 2004, mientras el gigante Goliat (el Boca Júnior) lloraba, el pequeño David (el Once Caldas) se embriagaba de felicidad al constituirse en el segundo club  colombiano (después del Atlético Nacional) en conquistar la codiciada Copa Libertadores de América.