8 de mayo de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Soy periodista estrato cero

7 de diciembre de 2012

Orozco es un periodista venido a menos aunque nunca ha sido más de nada. Si alguien  es reconocido por su obsecuente lamboneria y marcado entusiasmo por el arribismo es él de quien se asume fue el estafeta de la mano negra que tanto daño le hizo al departamento por años y años.

Su marcada tendencia a aburrir en extremo con sus incoherentes peroratas, farragosas e inentendibles amén de pendencieras, son esos remedos de columnas que escribe por doquier.

Descalifica a placer todo cuanto no sea de su íntimo  interés y usa  nombres ilustres para afianzarse en un ‘poderío’ que solo gravita en su menuda capacidad de entender.

Últimamente en el desespero de su desquiciada soledad  ha hecho una catarsis para tratar de olvidarse de lo funesto que ha sido para el desarrollo social de esta región. A fe que no lo ha logrado, por el contrario, sus antañonas abyecciones han salido a flote incluso echando mano de la mentira para tratar de apuntalar sus incoherencias.

No ha podido asimilar su destitución de Telecafé, donde todo el aparataje técnico y humano se ponía a su disposición trasladándolos por cuenta del míster a cuanto rincón se le antojara, para realizar el programa más mediocre de Set que en rincón alguno se haya puesto al aire. Eso no era Hablemos del Quindío sino Hablemos Mierda.

Quince años tuvieron que mamárselo los muy pocos televidentes – nunca arrojó ningún resultado satisfactorio en las mediciones-con ese engendro de vanidades y exultaciones a la carencia de escrúpulos y materia de ofensa con sus ridículas poses.

Orozco es el inventor falaz del estrato entre los periodistas. Por supuesto que él encabeza la más encumbrada élite de los elevados a los altares de la indecencia. Con su proverbial manera de ser ha invertido las pirámides de  las calificaciones sociales, según su magín. Lo interesante es que allí en las cumbres está absolutamente solo. Nadie digno se atreve a acompañarlo.

Para ser del  estrato de Orozco se necesita: Haber recibido dólares de la mafia, pertenecer al círculo íntimo de narcotraficantes extraditados, cantarle tonadas de cantina a los poderosos, echar chistes flojos, congraciarse con la estéril y maltrecha sociedad vergonzante de la pobreza moral y por supuesto creerse el simpático a sabiendas que lo odian mientras le hacen venias ridículas de acatamiento los otros menesterosos de la relevancia.

Prefiero, ahora que hago un programa en Telecafé, ser de estrato cero para poder decirle a mis hijos que el Escarabajo modelo 61 en el que me desplazo lo compré con dignidad y con el ahorro de muchos años lo mismo que la estrecha pero digna casa en donde viven.

Soy de estrato cero mientras nadie me soborne y mantenga en alto el decoro y la decencia  y abjuro de los arribismos, no ceno en La Fogata para que me  vean sino para alimentarme y jamás voy a misa a exculpar pecados. Y que conste que soy el más imperfecto de los humanos en la tierra.

Siento placer con los Matamoros o con Omara Portuondo, me gusta el guarilaque en Quebradanegra, como “subidos” me codeo con Tobón y Padilla, escucho tangos, me apuro fácilmente una fritanga, me halaga el magistral saxofón de mi hija, escucho con placer a la Matancera y no me regodeo con las hermanas Montoya.

Tengo la fortuna de andar sin misterios por alguna extraviada calle de Armenia sin vergüenzas y con la cabeza en alto. Ese es mi estrato, el cero, el que me permite leer con fascinación a Balzac y botar a la basura Ledher el Hombre.

Quiero mantenerme hasta el final en mi estrato cero, según Orozco, no me moveré de allí porque allá arriba, en las nebulosas, donde él reside esta la corrupción y  la indecencia, aunque de todos modos él y yo vamos al inodoro, seguramente a distintas horas, pero vamos a no ser que sufra de estreñimiento. Yo no.