19 de junio de 2021
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«La libertad de expresión llega hasta cuando toca el bolsillo de los dueños»

29 de diciembre de 2012
29 de diciembre de 2012

edgar artunduaga
Son más de 40 años en la radio, como redactor, locutor, comentarista, editorialista y productor. Escribe con una prosa sencilla de comprender para varios periódicos. Es columnista de páginas de internet y en sus ratos libres, que son pocos, se dedica a estudiar, analizar, investigar y redactar temas periodísticos o a escribir libros. Lleva más de una docena.

Entre letras y sonidos ha pasado su vida, llena de chivas periodísticas y de sueños por encontrar el lead perfecto, el título atrayente y el párrafo sublime, como le suele suceder a los grandes periodistas.

Hábil para las entrevistas. Celoso con las crónicas. Experto en los reportajes y con un ojo clínico para detectar en microsegundos la noticia. Tiene infinidad de conocidos, miles de amigos, centenares de admiradoras, pero solo dos maestros.

Pasa las mañanas preguntando, indagando, escudriñando.

–¿Todavía tiene aspiraciones de volver al Senado?

–Ni siquiera de visita. Mejoré la opinión que tenía de unos congresistas y me horrorizo con la mayoría.


–¿Se vendieron sus libros sobre las marrullas del Senado?

–El primero más que el segundo. El grueso de los colombianos prefiere cerrar los ojos. No les importa si hay corrupción o si los congresistas son bandidos.


–¿Es un circo el Congreso?

–Total. Como dice mi amigo Guillermo Plazas Alcid hay de todo y se ve de todo: desde lo sublime hasta lo ridículo. Leones y enanos, micos y elefantes, malabaristas y payasos, domadores y trapecistas. Cada quien con su especialidad y ambigüedad.

–¿Es más importante aprobar el matrimonio gay que legislar a favor de los pobres?

–Legislar para los pobres lo cobra el gobierno de turno. En cambio, enarbolar la bandera gay da votos, parece entender Armando Benedetti.

–¿Hay drogadictos en el Congreso?

–En mis tiempos de vicepresidente del Senado dije que en el Capitolio vendían y consumían droga. Le di nombres a la Fiscalía y a la Policía. Pero el asunto era peor que una bomba en la Plaza de Bolívar. Y dejaron que se diluyera la controversia.

–¿Habrá paz en Colombia?

–Dios quiera. Pero seguro pasarán algunos años, que no sean otros cincuenta.

–¿Quiénes mandan en este país?

–Unas cuantas familias, unos cuantos banqueros y unos grandes medios  de esas familias y de esos banqueros.

–¿Se puede ser objetivo luego de pasar por el Congreso?

–Tengo la opinión de que la libertad de expresión llega hasta cuando toca el bolsillo de los dueños.

–¿Quién le enseñó periodismo?

–Con mucho desprendimiento Orlando Cadavid me llevó de la mano los primeros meses. Marcos Jara me condujo por los pasillos del Congreso y después varios periodistas contribuyeron a desasnarme, pienso que sin éxito.


–¿Qué recuerda de su época de La Luciérnaga?

–Sólo alegrías. Fueron diez años de mucho periodismo risueño, hasta que le saqué la piedra al susceptible presidente de turno.

–¿De qué hablan con Guillermo Díaz Salamanca cuando se encuentran?

–Del presente y del futuro, más que del pasado.


–¿Cuándo dijo: “ahora sí tocamos fondo en Colombia”?

–Todavía nos faltan algunos metros.

–¿Qué noticia no le hubiera gustado dar?

–La toma del Palacio de Justicia y la catástrofe de Armero.


–¿Cuáles han sido sus grandes chivas?

–Informé en primicia sobre la muerte de Luis Carlos Galán, media  hora antes que la competencia, (ya andaba yo asustado). Y me adelanté a todos con el secuestro de Álvaro Gómez. Ese domingo, medio día, estaba en Todelar.


–¿Cómo cautivar oyentes?

–Como dice Hernán Peláez, contando historias creíbles, ciertas, y relatadas sin recovecos.


–¿Se siente mejor ante el micrófono o escribiendo?

–Mi fuerte es la radio, pero disfruto mucho escribiendo, sin pretensiones literarias.


–¿Cuál ha sido la pregunta que le han hecho sus nietos y que no ha podido responder?

–Por lo menos me ha tocado explicar el asunto. ¿Verdad que tú salías en televisión?

–¿Se le dice la verdad al país?

–No siempre. Hay demasiados intereses, infinidad de sesgos.


–¿Quiénes mienten y por qué?

–Los que mienten o acomodan la información lo hacen, es de pensar, en defensa de sus intereses personales o los de su empresa.


–¿Añora sus tiempos en El Espacio?

–Yo sucedí en la subdirección de El Espacio a Carlos Lemos Simmonds y a Luis Guillermo Giraldo. En ese entonces el periódico tenía credibilidad y respeto. Después, cuando llegó Pablo Ardila, se convirtió en un pasquín despreciable.

–¿Verdad que usted daba su veredicto sobre las “monas”?

–Confieso que escogía las monas, escribía el horóscopo, pero también la política y las grandes chivas. También me inventé el espaciograma, que hacían pequeño los hermanos Olarte.


–¿A quién admira en el periodismo?

–Yamit Amad, Hernán Peláez, Daniel Samper Pizano, Orlando Cadavid Correa.


–¿Quién será el próximo presidente de la República?

–Juan Manuel Santos, si logra la paz y mantiene bien su próstata.

–¿Nos fregó la determinación de la Corte Internacional de Justicia?

–Según el Presidente Santos, San Andrés está mejor que antes.

–¿Qué añora en Bogotá de su Huila del alma?

–La música, la gente buena, la comida, la siesta. El chisme….


–¿Puede dar una definición de Hernán Peláez?

–Talento, disciplina, constancia, memoria, valentía. Excelente director de orquesta y exigente con su música.

–¿Dónde dejó a su club de admiradoras de Radio Santa Fe?

–Lastimosamente nos mató la distancia.

–¿Samper o Uribe?

–Samper.


–¿Le gustaría guiar La Luciérnaga o El Tren?

–Es tanto como desear la mujer del prójimo, aunque miro de reojo y con cierto apetito.