24 de septiembre de 2021
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Páter familias, baladrón-a, alicorado, numerales ordinales, longevo.

20 de diciembre de 2012
20 de diciembre de 2012

osorio efraim

Cicerón y sus paisanos, para hablar del jefe del hogar,  del padre de familia, decían ‘pater familias’ o ‘familiae’. Al castellano, para significar lo mismo, ¡obvio!, pasó así: ‘Paterfamilias’ o ‘páter familias’. William Calderón, el de allí de Neira, lo escribió de este modo: “…en donde ahora manda el pater familia de la Justicia de Colombia” (La Barca de Calderón, 21/11/2012). El latín no tiene tildes, por esto, ‘pater’ no la lleva; pero, el castellano sí, porque es una palabra grave terminada en ‘ere’. La pierde en la palabra compuesta, por razones elementales. En la película, “¿En dónde estás tú, hermano?”, el personaje representado por George Clooney, en una forma asaz inocentona, pero, a la vez, jocosa, aduce su condición de ‘paterfamilias’ para tratar de recuperar a su mujer y a sus hijos. El inglés, por lo tanto, tiene el mismo vocablo, que el diccionario Webster define así: “El padre de una familia o cabeza del hogar; una expresión aplicada generalmente a un  hombre rodeado de sus hijos, o en su calidad de padre”. Cuando eran papá, mamá e hijos. ¡claro! ***

Si Horacio quería decirle a su contendor ‘belitre, pícaro’ o ‘bellaco’, echaba mano de ‘balatro’, sustantivo latino, que también significa ‘baladrón, matón, fanfarrón’ y ‘matasiete’. De él vienen el verbo ‘baladronear’ (“decir baladronadas”), el sustantivo ‘baladronada’ (“hecho o dicho propio de baladrones”) y el adjetivo ‘baladrón-a’ (“fanfarrón, y hablador, que, siendo cobarde, blasona de valiente”). El doctor César Montoya Ocampo le agrega una ‘ene’ en la siguiente oración: “No es fácil platicar con una parte envalentonada, balandrona en el lenguaje, terca en el diálogo…” (LA PATRIA, 22/11/2012). Desde su edición del 2001, El Diccionario acoge esta grafía espuria como regionalismo de Argentina, Honduras, Perú, Uruguay y Venezuela. Digo ‘espuria’, porque espuria es, ya que ‘balandro’, que nada tiene que ver con el adjetivo del columnista, es un “barco pescador aparejado de balandra, que se usa en la isla de Cuba”. Y ‘balandra’, “embarcación pequeña con cubierta y un solo palo”. Los ingleses dicen ‘bluff’ (‘fanfarronada’), y ‘to bluff’  (‘fanfarronear’ y ‘engañar’). De ahí, según el Diccionario Panhispánico de Dudas, el castellano, para adaptar gráficamente ese vocablo inglés, adoptó el término ‘bluf’ (también, ‘blof’, pronunciación del gringo), que define así: “Montaje destinado a impresionar, que posteriormente se revela falso”. Su plural, ‘blufs’ o ‘blofs’. Lo acepta, pero advierte que es recomendable sustituirlo por ‘engaño, mentira, montaje, invento, baladronada, fanfarronada’ u otros parecidos. En el juego de cartas, ‘farol’. Y, lógicamente, ‘blufear’ o ‘blofear’; ‘blufero-a’ o ‘blofero-a’. Influencias, valiosas o no, de otros idiomas, como siempre ha ocurrido. ***

El prefijo ‘a-‘(del ‘alfa’ privativa del griego), cuando no indica la falta de lo que significa el elemento principal (ateo, analgésico, acéfalo), puede señalar (de la preposición latina ‘ad’) abundancia de lo que representa la palabra a la cual se une (abarrotar, alicorar). De esto último se puede deducir que los vocablos ‘alicorar-se’ (“colmar-se de licor”), ‘alicoramiento’ (“acción de alicorar”), ‘alicorado’ (“beodo, borracho, prendido, achispado, bebido, a media caña”) están bien conformados; y que, valga la verdad, suenan bien, por lo que son atractivos para los profesionales de los diarios, como se aprecia en este titular de El Tiempo: “Plan retorno: dos accidentes y 1.243 choferes alicorados” (El Tiempo, Debes Saber, 13/11/2012). ¿Qué dirá la Academia de la Lengua? Nota: Con este prefijo se forman también adjetivos que indican que lo calificado por ellos toma la forma o la apariencia del elemento principal (aceitunado, amachado, abobado).  ***

Los adjetivos numerales ordinales “expresan la idea de orden, serie, gradación  o sucesión”: El sexto en la partida; el segundo en jerarquía; el octogésimo aniversario; el nonagésimo cumpleaños, etc.  Hoy en día, por ignorancia quizás, o por la ley del menor esfuerzo, ha caído en desuso su uso, y, en su lugar, se emplea el numeral cardinal. Las autoridades en la materia lo aceptan, siempre y cuando el cardinal venga después del nombre respectivo. El hermano Andrés Hurtado García, obviando esta norma, escribió: “El tramo (…) se construyó en 1974 para celebrar (…) el 1.100 aniversario de la fundación del país” (LA PATRIA. ¿Cómo se distingue a los islandeses?, 22/1/2012). Porque sería afectado decir el ‘milésimo centésimo aniversario’ (¿sí?), lo más indicado es usar el cardinal, pero así: “el aniversario 1.100”. Y suena mejor, como decir “el aniversario 70 de una vida dedicada a la naturaleza”, aunque es más armónico “el septuagésimo aniversario…”. ***

Matusalén es el ‘longevo’ por antonomasia, pues vivió, según el Génesis, ¡969 años! Le decimos así o ‘longevo’ a quien llega a los ochenta, noventa o cien años. Pero no podemos aplicárselo a un ‘solar en Cartago’, por muy viejo que fuere, como tampoco se le puede acomodar a una ‘pensión’, no de esas de la Galería, sino de las que merecida o tramposamente reciben los congresistas, porque ‘longevos’ son sólo los seres vivos de muchos años. Lo leí en El Tiempo: “Las pensiones más longevas” (Economía y negocios, 25/11/2012). Señor, ‘longevo’, el suertudo viejo que lleva 52 años, ¡cincuenta y dos!, cobrando la pensión; y ésta, ‘antigua’ o ‘antiquísima’. ***

La VEINTITRÉS: ¿Hasta cuándo su caos?