15 de junio de 2021
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Orlando Cadavid Correa
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El publicista Guillermo Buitrago

16 de diciembre de 2012
16 de diciembre de 2012

Nacido el 19 de abril de 1921, en Ciénaga, Magdalena, dejó de existir en la misma población del Magdalena justamente el día que cumplía sus 30 años de edad (el 19 de abril de 1951) a causa de una tuberculosis, temida dolencia que en aquellos tiempos no tenía cura.

El juglar de los primeros aires vallenatos que conoció el país fue el mayor de los siete hijos nacidos del matrimonio formado por Roberto Buitrago, un agente viajero natural de Marinilla, Antioquia, que decidió hacer larga escala en Ciénaga, y Teresa Mercedes Henríquez, una de las muchachas más bonitas del pueblo. El esposo salió alguna vez a comprar algo en la calle del comercio y jamás regresó. El paisa resolvió incurrir en paternidad irresponsable por la vía del escape. En la estéril búsqueda del padre fugitivo su mayorazgo llegó hasta Ibagué, Tolima, y regresó a su patria chica con las manos vacías, para desolación de los suyos.

He aquí algunas de las mejores cartas credenciales del rubio cantante, guitarrista y compositor cienaguero, el primero que popularizó las muy originales creaciones de un joven bachiller identificado como Rafael Escalona: “La víspera de año nuevo”, “Compa Heliodoro”, “Grito Vagabundo”, “La gota fría”, “Ron de vinola”, “La araña picúa”, “Las mujeres a mí no me quieren”, ”Dame tu mujer, José”, “La hija de mi comadre”, “La vida es un relajo”  y “El brujo de Arjona”, entre otras creaciones que giraban alrededor de los pequeños episodios locales. En sus grabaciones para el sello “Fuentes” lo acompañaban sus dos guitarras y la guacharaca, “Los Trovadores de Barú” y de cuando en vez el acordeón.

El propósito original de este Contraplano no apuntaba a volver a contar la historia de este talentoso exponente de la canción típica del Caribe sino a llamar la atención sobre una interesante faceta poco conocida de Buitrago: la del publicista.

Su biógrafo Edgar Caballero Elías narra que el jilguero incursionó en la publicidad cantada a través de programas de su propiedad que tuvo en Emisora Atlántico, de Barranquilla, y Radio Magdalena, de Santa Marta, en los que hacía la locución de los libretos y de las propagandas que matizaba con lo mejor de su repertorio musical, reforzado con boleros, pasillos y valses, parte en la que lo acompañaban sus inseparables amigos Angel Fontanilla y El Mocho Rubio.

Entre sus anunciadores cienagueros pautaban al ritmo de paseos, porros y merengues, sin atenerse a los precarios 15 segundos de los jingles del futuro, “La Costeña”, una sastrería; “El Colegio”, un almacén de víveres y licores; “La piladora de Tomás”, “Farmacia San José”, “Almendra Tropical”, un café; “Farmacia Royal”; “La Fama”, una fábrica de muebles; la “Canada Dry” y “Nutrimalta”, las tres últimas de Barranquilla. Sus clientes samarios eran “Cigarrillos Gentleman”, la Dulcería y pastelería “La Mayorquina” y la panadería “Flor del campo”.

Capítulo aparte ameritan las cuñas radiales de más de tres minutos de duración con las que Buitrago premiaba a sus anunciadores de Cúcuta, la capital de Norte de Santander: “Ron Añejo” y “Ron Motilón”. Queda por verificar si ambas destilerías eran del mismo dueño o de dos tenaces competidores que se disputaban la clientela dipsómana de la frontera colombo-venezolana.

La apostilla: 1)
Para el sicólogo Luis Javier Jaramillo, el cantor Buitrago la sacó del estadio con su adolorido  interrogante ¿“Cómo me compongo yo en el día de hoy”?… 2) En la ventana de una enorme casona de Bello, Antioquia,  aparecía todas la mañanas una joven que perdió la razón cuando se llevaron a su amado a pagar el servicio militar. La linda loca parodiaba así el “Grito vagabundo” del cantor de Ciénaga: “Yo quiero tener un hijo y no me dejan”…