30 de julio de 2021
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

El negocio del fin del mundo

25 de diciembre de 2012

Y ahora vuelven a reaparecer los apóstoles de la tragedia, anunciando el fin del mundo para el 21 de diciembre del año 2012, supuestamente porque de acuerdo con el calendario Maya, el planeta llegaba a su fin.

Resulta paradójico, por decir lo menos, que una sociedad en donde los avances tecnológicos y científicos nos permiten incluso destruir el Planeta, pueda aceptar con tanta facilidad esas noticias catastróficas. Pero precisamente por esto, habría que buscar las razones no precisamente en la credibilidad de la gente sino en el proceso mediante el cual todas estas ideas se difunden con tanta facilidad.

En un mundo en donde la rentabilidad, el negocio, se ha convertido en el centro de toda actividad, no es extraño que se eche mano de la tragedia para que salgan a la palestra los enviados de Dios a prometer la redención y la felicidad, siempre y cuando se arrepientan y paguen sus diezmos. Y los otros negociantes que venden un viaje al pasado del mundo Maya, con excursiones para ver las pirámides de aquellas civilizaciones, y los otros que imprimen y venden libros donde se habla de los Mayas, de sus calendarios, y en fin, de todo lo que por siempre se ha ignorado, pero con el toque de suspenso, de terror, que parece, es lo que le da pimienta al asunto.

Lobsang Rampa fue un místico para algunos y para otros un “vivo” que nunca estuvo en la India y escribió historias de experiencias espirituales en el Tibet, sin haber estado nunca en esos lugares. Pero todos sabemos que tuvo un éxito editorial extraordinario.

Y también recordamos el éxito que tuvieron las publicaciones sobre los extraterrestres que hicieron las pirámides y las ciudades del Perú, porque siempre se consideró que tales construcciones no habían sido hechas por los indígenas, debido a su incapacidad.

Y ahora se anuncia que los hoteles en Guatemala y en Méjico no dan abasto y los libros sobre las profecías Mayas, se venden como arroz.
¡Negocios fríamente calculados!.