18 de junio de 2021
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El cáncer presidencial

24 de diciembre de 2012
24 de diciembre de 2012

El último en ingresar al club de los presidentes con cáncer fue el colombiano Juan Manuel Santos, quien el pasado primero de octubre comunicó a su país que le habían hallado un tumor en la próstata. El anuncio reavivó el debate y desempolvó los casos de la brasileña Dilma Rousseff, el paraguayo Fernando Lugo, el brasileño Luiz Inácio “Lula” Da Silva y la argentina Cristina Fernández de Kirchner.

El caso de Hugo Chávez, controversial presidente de Venezuela, no necesitaba ser desempolvado. Desde junio del año pasado, cuando el mandatario anunció en un mensaje televisado desde Cuba que le habían detectado un tumor en la zona pélvica, los avances y retrocesos de su salud no han dejado de aparecer en los medios de comunicación del mundo, pese a que la información acerca de la naturaleza de su enfermedad se ha manejado a discreción.

Fue el propio Chávez quien insinuó que el cáncer diagnosticado a los líderes latinoamericanos podría haber sido provocado por un arma biológica estadounidense. “Ese es Estados Unidos. ¿Sería extraño que hubieran desarrollado una tecnología para inducir el cáncer y que nadie lo sepa hasta ahora y se descubra esto dentro de 50 años o no sé cuánto? No sé, solo dejo la reflexión, pero esto es muy extraño”, dijo el venezolano en diciembre del 2011, en un discurso de fin de año a la Fuerza Armada de su país.

Según Chávez, incluso el exdictador cubano Fidel Castro le advirtió: “Cuidado con lo que comes, con lo que te dan de comer, con una pequeña aguja y te inyectan no sé qué”.

La “maldición”

Las especulaciones han tocado el cielo, ya que más de alguna vez alguien ha sugerido que “Dios debe ser de derecha”. Además, muchos creen que Chávez se ganó un castigo divino el jueves 2 de junio de 2011, día en que, en un acto oficial transmitido por la televisión venezolana, maldijo a Israel por el ataque a una flotilla que llevaba ayuda humanitaria a Gaza.

Las palabras de Chávez fueron: “¡Desde el fondo de mi alma y de mis vísceras, maldito seas Estado de Israel, terrorista y asesino!” Los partidarios de la hipótesis de que el cáncer del presidente venezolano no es más que una airada respuesta del cielo, se basan en la Biblia. Precisamente en aquel versículo que contiene la promesa de Jehová a Abraham: “Bendeciré a los que te bendijeren y a los que te maldijeren, maldeciré”.

No hay manera de comprobar si la profecía y el cáncer tienen un vínculo. “Si la enfermedad está ligada o no a eso, yo no lo puedo decir, sería demasiado irresponsable. Está fuera de los alcances del hombre determinarlo, en el mundo hay miles de personas que están padeciendo cáncer”, apunta el reverendo Augusto César Marenco. No obstante, agrega: “¿Pero maldecir al pueblo de Israel es malo? Sí es malo. Y es indiscutible que se podrían tener dificultades en la vida. No solo él (Chávez), cualquier ser humano”.

En todo caso, aunque el cáncer de Chávez se explicara en Génesis 12:3, faltaría esclarecer por qué se han enfermado los otros cinco líderes latinoamericanos.

Los médicos prefieren creer en lo que dice la ciencia. Por ejemplo, el oncólogo nicaragüense Alfredo Saavedra Dormuz opina que tantos presidentes con cáncer más que una coincidencia es una muestra de lo mucho que esa enfermedad está proliferando en nuestros días.

“El cáncer puede afectar a blancos y negros, ricos y pobres, presidentes y no presidentes. No puedo decir que sea solamente un grupo escogido. Esta es una muestra de que esto puede dar a cualquier edad, cualquier estrato social y económico”, señala el médico.

En números

Las tasas actuales demuestran que el cáncer es más común de lo que parece. Aproximadamente uno de cada dos hombres y una de cada tres mujeres van a desarrollar un cáncer a lo largo de su vida. “Así estamos ahorita. Son estadísticas globales”, afirma Saavedra Dormuz. Lo cual, si lo tomamos al pie de los números, significa que la mitad de las personas que usted conoce tendrá cáncer alguna vez. Según el médico, “todos, todos, absolutamente todos los seres humanos somos potenciales productores de cáncer”.

A las cifras hay que sumar el actual estilo de vida. Se vive rápido y se come mal. “Cambiamos nuestro modo de comer y de vivir. Antes no había discotecas y los jóvenes no se desvelaban hasta las cuatro de la mañana. Las mujeres no fumaban tanto, fumaban más los hombres, tomaban más alcohol los hombres. Hoy, en la competencia por la paridad de género, la mujer fuma y toma igual que el hombre. Hay promiscuidad sexual. Todos esos factores han favorecido a que tengamos un número mayor de cáncer en el mundo”, manifiesta el oncólogo.

Además, señala, están los factores externos: “Las radiaciones. La capa de ozono que cada vez es más grande y los rayos penetran más perpendicularmente sobre la Tierra, eso significa que estamos más expuestos a los rayos gamma que son los que nos predisponen a los cánceres de piel”.

Por otro lado —dice el médico— los mandatarios que se han enfermado “están en una edad propicia para que aparezca este tipo de enfermedad”. Todos se acercan a los sesenta años o ya los sobrepasaron. También “hay situaciones de estrés que pueden acelerar este tipo de problemas (tumores)”, lo que no significa que eso fue lo que provocó el cáncer a estos presidentes, advierte.

En julio del 2011, Hugo Chávez reconoció que solía tomar 40 tazas de café al día, usaba tres celulares, comía en cualquier parte, mantenía una angustia permanente que no lo dejaba respirar y no dormía ni dejaba dormir a los ministros. “Estaba matándome yo mismo”, reconoció en una conversación telefónica con el periodista Ernesto Villegas.

Por otra parte, reflexionó acerca de su concepto de liderazgo y concluyó: “Hay que aprender a delegar, a que se desplieguen todas las potencialidades de los niveles de gobierno. Un presidente no puede estar en eso, de vez en cuando un llamado de atención, pero eso es problema de los alcaldes. Estoy frenando los caballos que llevo. Tengo que aprender a delegar más”.

En el caso de Lula Da Silva, el cáncer de laringe ha sido vinculado a sus 50 años de adicción al cigarrillo. Mientras que el tumor en la tiroides de Cristina Fernández de Kirchner podría deberse a su gusto por las cirugías estéticas con radiaciones y el cáncer en el sistema linfático de Fernando Lugo a su resistencia a usar el preservativo (concibió varios hijos cuando era obispo), según escribió hace un par de semanas el endocrinólogo venezolano Salomón Jakubowicz en su artículo Revelado el complot del cáncer de los presidentes .

El caso de Evita

Entre las muertes más famosas de la historia de América Latina están las de los gobernantes que perdieron la vida a manos de “justicieros”. Es el caso del dictador Rafael Trujillo, en República Dominicana y de los Somoza en Nicaragua. Sin embargo, también hay muertes como la de Evita Perón, esposa del entonces presidente de Argentina Juan Perón. Ella falleció debido a un cáncer de cuello de útero.

Se fue de este mundo a los 33 años, el 27 de julio de 1952. Una parte del pueblo argentino la lloró como se llora a una santa; la otra celebró su partida. Y hubo una mano que se atrevió a escribir en un muro de Buenos Aires: “¡Viva el cáncer!” La enfermedad pasa a ser un asunto de Estado cuando el que la sufre está en el poder.

En su lucha contra el cáncer, los presidentes latinoamericanos han despertado reacciones contradictorias. Alegría y tristeza. Apoyo y mofa. Pero, al parecer, han ganado la batalla. Todos se han declarado curados; salvo Chávez, quien se encuentra convaleciente luego de someterse a una cuarta operación en Cuba.

El pasado sábado 8 de diciembre designó a su vicepresidente Nicolás Maduro como sucesor. Luego regresó a La Habana confiando en “el favor de Dios” y pidiendo que ocurriera un milagro. Hay grupos que rezan por él, mientras otros, en foros de internet, le desean la muerte.

Mientras tanto, el mundo sigue paso a paso su drama, porque una eventual muerte de Chávez, caudillo del Partido Socialista Unido de Venezuela y líder de un país que cuenta con el 20 por ciento de las reservas petroleras probadas del planeta, plantearía grandes interrogantes. Con Nicaragua, casi hipotecada al crudo venezolano, su suerte está ligada a la de Chávez. Y la de Daniel Ortega también.