24 de septiembre de 2021
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Contactar, ciento, insumo

28 de diciembre de 2012
28 de diciembre de 2012

osorio efraim

Cuando los verbos transitivos se usan como ‘pronominales’ deben estar acompañados de un pronombre personal (me, te, se, nos, os, se), siempre átono, norma quebrantada tiro por tiro con ‘iniciar’, ‘destacar’ y  ‘aplicar’.  La víctima, esta vez, fue ‘contactar’, y su victimario, el señor Luis García Montero, en éstas sus frases: “Tuve la suerte de contactar con varios que me han marcado y que pasaron de los libros a la amistad”; “También tuve la suerte de contactar con algunos hermanos mayores…” (LA PATRIA, Papel Salmón, 25/11/2012). “Contactarme”, señor, “contactarme”. Ahora bien, si no le suena el ‘contactarme’, cambie la preposición ‘con’ por ‘a’, y verá el resultado. Perfecto, porque, así, ‘contactar’ conserva su naturaleza de transitivo, con un complemento directo, ‘sus contactos’. La misma observación, tal cual, para el columnista John Mario González, que garrapateó lo siguiente: “Al presidente Santos le ha faltado más vehemencia para contactar con la opinión pública…” (Ibídem, 8/12/2012). La belleza de la gramática, señores, y su lógica. ***

Con una candidez que conmueve, la señora María Paula Ortiz, escribió: “Son dos opiniones (…) de las cientas casi anónimas que aparecieron en los foros de comunicación…” (El Tiempo, ¿Por qué rechazan a los homosexuales?”, 27/11/2012). Me parece que la columnista se enguaraló con el femenino de ‘ciento’, que no lo tiene, por culpa del sustantivo ‘opiniones’, femenino. Don Andrés Bello dice lo siguiente: “Con ciento como colectivo se forman los adjetivos compuestos ‘doscientos’, ‘trescientos’, etc., que tienen dos terminaciones para los géneros: doscientos reales, cuatrocientas libras” (Gramática de la Lengua Castellana).En los demás casos, ‘ciento’ es invariable en género. La frase, hay que reconocerlo, así redactada, no se deja ‘armar’ adecuadamente, porque habría que decir “los cientos casi anónimas…», o “los cientos casi anónimos…”, que no tienen lógica, porque, en la primera, el adjetivo debe concordar con el adjetivo numeral; y en la segunda, con el calificativo de un sustantivo femenino. La frase, con ese femenino espeluznante de ‘ciento’ (¡cientas!) de la escritora, tiene una concordancia imposible, según mi criterio. La única manera posible, de acuerdo con la lógica de los fundamentos gramaticales, es empleando la apócope de ‘ciento’, ‘cien’, así: “…dos opiniones, de las casi cien anónimas…”. O, como dicen en Chinchiná y en Tamalameque, “hay que buscarle la comba al palo”, cambiando el giro de la frase. ***

Como los estrafalarios cortes de pelo y los chocantes peinados de los jóvenes de hoy, según nosotros, los muchachos de ayer, está de moda el sustantivo ‘insumo’, sobre todo en los editoriales del diario de Caldas, por ejemplo, en éste: “Acogerse a criterios meramente técnicos y equilibrados tiene que ser insumo clave de sus decisiones…” (28/11/2012). Y en su primera página del día siguiente: “…reducción del 16% al 5% para ciertos insumos de la caficultura, como machetes, azadones y podadoras” (“El café tendrá descuentos de Iva”). Una ‘decisión’ (término que expresa una idea abstracta) y unas herramientas no son ‘insumos’, semánticamente hablando, por descontado. ‘Insumo’, en efecto, es “el conjunto de bienes en la producción de otros bienes”. ‘Insumo’ viene del verbo latino ‘insumire’ (‘invertir, gastar, consumir, agotar’) a través del castellano ‘insumir’ (acogido por la Academia de la Lengua apenas en la edición de su diccionario en 1984, con el significado de “emplear, invertir dinero”). Por lo tanto, ‘insumo’ es algo que se consume, se gasta, se agota, fenómeno que no se manifiesta en la ‘aceptación’ de algo, ni en las ‘herramientas’, que no son otra cosa que ‘instrumentos’ con los que se realiza una labor, y que no los consume nadie, ni siquiera ‘Mascafierros’, personaje de Santa Rosa de Cabal, que tenía un negocio en la Galería, ¡sí, señor!, de herramientas viejas, que nadie fue capaz de comérselas.  ¿Insumos? Los pesticidas, por ejemplo, o los abonos. Todos muy costosos. ***

‘Hay jalones y hay jalones’, o, como le gusta más al señor Domínguez, Óscar Domínguez, ‘hay jalones de jalones’, por ejemplo, los ‘jaloncitos’ esos que tanto aprecian los pescadores; y los ‘jalones’ que ponen en vías y caminos en cada kilómetro, digamos. Y ¿sabe por qué, señor, digo que hay jalones de jalones? Porque los primeros provienen del verbo ‘halar’ o ‘jalar’ (“tirar hacia sí algo”); los segundos, de ‘jalonar’ (“poner mojones o jalones”), del francés ‘jalonner’ (“poner jalones para indicar un trazado”), razón por la que estos ‘jalones’ nunca se podrán escribir con ‘hache’. Por todas estas razones, y por no sé cuántas más, insisto en que, cuando los redactores emplean ‘jalonar’ por ‘jalar’, están muy equivocados. Errada, por lo mismo, la respuesta que dio la dirección de LA PATRIA a un  lector que criticó dicho pegajoso y contaminante empleo: “La RAE define jalonar como establecer jalones, y a su vez a jalón, en una de sus acepciones lo equipara con tirón, que significa, según la misma Academia, “acción y efecto de tirar con violencia, de golpe”. El uso más común de esa palabra es el de impulsar” (28/11/2012). ¡Peor!, porque ’halar’ (jalar) e ‘impulsar’ son dos términos que expresan ideas diferentes: La acción del primero es “de allá para acá”; la del segundo, “de acá para allá”. Elemental.

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