28 de noviembre de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Y/o, adjetivos desubicados, montar, roaming, lenguaje incluyente

28 de noviembre de 2012
28 de noviembre de 2012

osorio efraim

“Siga ese carro”, le ordena el detective al taxista, en una película, parodia de las policíacas. Y remata: “Siempre quise tener la oportunidad de decir esto”. A muchos escritores les sucede lo mismo con las frases de cajón, por ejemplo, ‘en este orden de ideas’, y ‘…o morir en el intento’; con las palabras seductoras y pegajosas (aunque no las entiendan), como ‘el imaginario’, ‘prístino’, ‘trasegar’ y ‘jalonar’; y con los absurdos, verbigracia, la combinación ‘y/o’, dos conjunciones que se excluyen la una a la otra. El sobrino de Álvaro Gómez Hurtado, Enrique Gómez Martínez, entrevistado por María Isabel Rueda, en una de sus respuestas, dice: “…en la que Orlando Henao le había propuesto a Carlos Castaño que mataran y/o secuestraran a Álvaro Gómez, como lo dijo HH públicamente en Justicia y Paz” (El Tiempo, 6/11/2012). La conjunción ‘y’ es copulativa, y sirve para unir palabras o frases en oraciones afirmativas; la ‘o’, en cambio, es disyuntiva, y “denota diferencia, separación o alternativa entre dos o más personas, cosas o ideas”. Analizada la frase del señor Gómez Martínez, se deduce que en ella sobra la conjunción ‘y’, porque, aunque uno sufra de la sevicia de El Paisa y de esos que están sentados allá en Cuba riéndose del país, no se puede proponer ‘secuestrar y asesinar’ a nadie, ya que el ‘secuestro’ tiene muchos fines perversos, que no se alcanzarían con el cadáver. Otra cosa es que, como lo han hecho tantas veces los desalmados mencionados (indignos del perdón de sus paisanos y de las genuflexiones oficiales), se propongan ‘secuestrar’ a alguien, y, una vez obtenido el fruto de su crimen, ‘asesinarlo  calladamente’, para seguir cobrando por su rescate. Y esto no fue, ¡inocente yo!, lo que Orlando Henao le propuso a Carlos Castaño, sino “o lo secuestramos o lo matamos”. Y, para vergüenza y desventura de Colombia, lo mataron. ***

De Germán Espinoza, el autor de La Tejedora de Coronas, recordé los dichos ‘elocuente frazada’,  glúteos opíparos’, ‘equivocación prócer’, ‘frugal residencia’ (de Aitana, su novela) cuando leí lo siguiente de Libaniel Casas Ospina: “Hay un elemento impertérrito que nada puede competir con él que es la felicidad” (LA PATRIA, 28/10/2012). Hay adornos que chillan, corbatas que no casan con el ‘estrén’ y adjetivos que no les cuadran a los nombres que califican, como el ‘impertérrito’ del señor Casas, porque se aplica únicamente a quienes no se asustan ni se conmueven; que no se alteran; personas imperturbables, espartanas, impasibles, impávidas, flemáticas  y cariparejas. Adjetivos todos que no califican elementos abstractos. ¡No, señor! ***

Podemos ‘montar un negocio’, ‘una máquina’, ‘una obra teatral’, ‘un zafiro en un anillo’,  etc. En estos ejemplos, el verbo ‘montar’ es transitivo’, por lo que sus complementos no piden la preposición ‘a’. Hay otras construcciones en las que el mismo verbo es intransitivo, rige, por lo tanto, otras preposiciones, como en ‘montar a caballo’, ‘montar en tren’. El doctor Fernando Londoño Hoyos omitió la preposición ‘a’ en las siguientes frases: “…que traducidos a pesos montan seis billones”. “Sus empleados, que son los guerrilleros, montan 8.100…”. “Esa misma suma monta seis veces las utilidades del Banco de Colombia…” (El Tiempo, Las Farc, S. A. 1/11/2012). ¿Por qué la omitió? ¡Hum! En ellas, ‘montar’ significa ‘ascender a’, locución que suena mejor en algunas: “sus empleados (…) ascienden a…”. Y “…que traducidos a pesos montan a seis billones”. Así, doctor Londoño. ***

El sustantivo ‘roaming’ de la siguiente frase me dejó en las nubes: “En tercer término, por el roaming que va a la ley no quedará población en Colombia en donde Comcel se comunique por datos en la que no puedan comunicarse también los usuarios de las otras empresas…”. Así escribió el polista (¿juega polo?) Jorge Enrique Robledo (LA PATRIA, 29/10/2012). El diccionario inglés Macmillan define ‘roaming’ así: “Técnico. La habilidad de conectarse a Internet o de usar su teléfono celular cuando esté viajando, sin necesidad de hacer llamadas de larga distancia o internacionales”. En realidad, ‘roaming’ es el gerundio del verbo ‘to roam’, que tiene innumerables traducciones al castellano: ‘Vagabundear, errar, andareguear, pasearse, ir de un lugar a otro; desviarse; buscar hurgando, esculcar, explorar; delirar, divagar; caminar pesadamente; encaminarse, buscar el camino’, etc. Sí, etcétera, porque hay más, muchas más, es decir, que el terminacho ese dice mucho y no dice nada, pero que, como está en inglés, tiene que expresar lo que no expresa, y así lo tenemos que aceptar, aunque los que leemos nuestro periódico no entendamos ni pizca de inglés. Además, según la definición citada, son más apropiados ‘traveling’, ‘touring’ y aun ‘tripping’. ¿Y en castellano? -¿‘Vagabundeo’? -¿No? –Entonces, CID (‘Conexión Itinerante Directa’). Pero, ¿quién soy yo para siquiera proponer esto? ***

Jacinto Cruz de Elejalde enseña que el ‘lenguaje incluyente’ de las feministas a ultranza es “farragoso, nocivo, inútil y traicionero”. Lo demuestra el siguiente botón: “El cuidado de los otros, de las otras y de sí-mismo y de sí-misma, ha sido secularmente un oficio asignado y asumido por mujeres” (El Tiempo, Florence Thomas, 7/11/2012. ¡Qué vergüenza de castellano! ***

Decadencia de la VEINTITRÉS: De paseo agradable y acogedor a Mercado Persa a Plaza de Mercado a basurero municipal.