30 de noviembre de 2021
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Recuperar la confianza pública

20 de noviembre de 2012

ferney pazLo anterior para afirmar, como la sociedad ve con asombro que el elemento disolvente del bienestar social de quienes habitamos este país lo constituye la creciente inseguridad ciudadana, el secuestro, los carteles del narcotráfico, las actividades clandestinas, la corrupción administrativa y política, los paros armados, las protestas sindicales, de trabajadores, de estudiantes, de funcionarios judiciales, configurando un clima de excepcional gravedad y perturbación de la vida cotidiana.

A este ambiente de desesperanza, se le suma un prolongado cese de actividades de funcionarios y empleados judiciales que afecta a usuarios y litigantes que observan perplejos la indefinición de sus procesos, así como el ambiente de terror vivido por la población chocoana para su libre locomoción, a pesar de la desafortunada frase del Ministro de la Defensa Nacional, calificando la imposición guerrillera como una paro de papel, o que decir del titular del tiempo del pasado 16 de noviembre: “ el miedo se toma a Buenaventura por la guerra entre  las bandas .”

Otro titular:”El nivel de pobreza de Buenaventura es una vergüenza”. Lo afirma la ONU.( el tiempo , sábado 17 de noviembre 2012 ).

El gobierno nacional debe aterrizar y en lugar de estar preocupado por las encuestas de popularidad, darle una mejor lectura al panorama social del país, por cuanto una de las razones que justifica la democracia radica en que obliga a los partidos y gobiernos de turno a presentar un pliego de rendición de cuentas a  la sociedad.  

No nos llamemos a engaño. El país no va por el sendero correcto, aunque la gran prensa  sostenga lo contrario, afirmación  que se sustenta en hechos que se denuncian a diario por los medios independientes, que aluden a:
– El desestimulo del pequeño inversionista que  observa como el Estado omite ejercer las funciones de vigilancia, permitiendo que unos pocos vivos del sector  bursátil pongan en peligro  los ahorros de miles de colombianos, que acuden al sistema financiero creyendo en la seriedad  y transparencia del mismo (Caso Interbolsa).

– Los reclamos de los ganaderos alarmados por el descenso del número de cabezas de ganado por habitante y la congelación de sus precios.
– El campo y los agricultores abandonados a su suerte.

– Las protestas del sector cafetero que ven como se jugó alegremente con la bonanza  que no era obra oficial, sino de la naturaleza.

– El total descuido respecto a los desplazados  y las penurias de las destechadas víctimas del abuso del sistema bancario a través de las UPACS hoy llamadas UVR

– El millar de desempleados que deambulan por las calles de las principales ciudades convertidos en raponeros o mendigos, o dedicados a limpiar parabrisas, vender frutas o perros calientes al pié de los semáforos.

– El dolor de presenciar a los ancianos y humildes  colombianos que mueren en las puertas de los hospitales cerrados por la caótica política de seguridad social, que solo ha servido para enriquecer a unos cuantos. (caso Saludcoop).

– La explotación de obreros y trabajadores a través de las cooperativas  de trabajo como intermediarias  laborales, con el único propósito de burlar  el pago de los beneficios  de ley.

Capítulo aparte  merece la incertidumbre en que se encuentran centenares de compatriotas que después de culminar su vida laboral y de cumplir con los requisitos de ley para obtener  el beneficio pensional, tienen que soportar la dilación injustificada por parte de los organismos de seguridad social del Estado. Y  cuando  ello se da al término de varios años, se desconocen sus derechos, transgrediendo a sabiendas con actuaciones administrativas casi que dolosas normas legales.

Con la creación de “Colpensiones “, reemplazando al mal recordado “ISS”, se pasó de Guatemala a Guatepeor, ante los permanentes reclamos de usuarios y apoderados por el caos  y desorden  que allí reina.( juego de palabras sin que represente ofensa al hermano país ).

Es tiempo que la dirigencia nacional entienda que el país requiere de políticas  sociales, acompañada de una redistribución de  la riqueza y que la mano del Estado llegue  a los sectores marginados.

Algo hay que hacer, para recobrar la confianza pública en los gobernantes, instituciones, por cuanto la igualdad y la equidad social debe ser una búsqueda económica como cultural.

Si se dieran esos pasos de beneficio colectivo, se  estaría golpeando a una guerrilla que ha aprovechado el abandono estatal, obteniendo en ciertas regiones el apoyo de una población rural desamparada a su suerte y en condiciones económicas lamentables.

Bien lo decía el ex presidente Carlos Lleras, en documento dirigido al Congreso en defensa de la Ley de Reforma Agraria, cuando afirmaba, que el “país iba a presenciar el marginamiento de una gran parte de la población colombiana, desempleada y dedicada a una azarosa economía informal”, e instaba a los partidos políticos a que se  “tendiera a  mantener la población  vinculada al campo, aun a niveles de simple subsistencia, era  económica y socialmente útil”.

Esto lo decía en 1962 y aunque posteriormente fue presidente de la República, y contaba con el apoyo de los partidos políticos, la reforma  agraria fracasó porque esos partidos prefirieron  defender las clases dominantes y no buscar los mecanismos alternativos con el fin de disminuir las injusticias sociales y propiciar la paz.

Con razón se ha sostenido y cuestionado la ineficacia de los partidos políticos como guías ideológicos  y voceros de la sociedad, queriendo compensar  la falta de ese liderazgo, con la capacidad de distribuir prebendas y burocracia oficial. El resultado se ha traducido en la apatía de la ciudadanía que se ha venido expresando en la abstención  electoral.

Bogotá, noviembre 20 de 2012

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