14 de mayo de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Nuestro sistema educativo rural

9 de noviembre de 2012

octavo cardonaAnte los ojos desprevenidos de cualquier ciudadano de a pie, no deja de ser agradable y plausible, que los jóvenes campesinos reciban la misma educación que se brinda a los jóvenes de la ciudad, entendida esta última como el área urbana, pues ello permite inferir que los unos y los otros tienen los mismos derechos, y permite además, en defensa del sistema actual, argumentar que la existencia de un sistema exactamente igual es garantía de continuidad de los procesos, en los casos de traslado familiar de un entorno al otro.

No obstante la aparente igualdad, el sistema es todo lo contrario, desigual por naturaleza, lo que se explica en asuntos tan simples como aquel según el cual, cada vez que hay concurso de profesores, los mejor calificados terminan en mega colegios urbanos o por lo menos en los colegios de la zona urbana con mayor número de alumnos, pues se entiende que su puntuación es garantía de calidad y se entiende que enviarlos a connotados colegios es premiar su reconocida estructura académica. Al área rural por su parte, no siempre llegan los mejores, muchos de los que allí llegan por decisiones administrativas lo hacen porque su nombramiento es provisional, o simplemente porque tienen un contrato para cubrir una licencia.

No conozco un solo concurso de méritos cuyo resultado determine que los mejores del concurso deban presentarse a servir en comunidades rurales de nuestro municipio, lo que indica a las claras que la voluntad administrativa no es precisamente que nuestros jóvenes rurales tengan entre sus orientadores a los mejor calificados, lo que per se no descalifica a los que allí trabajan, pero si demuestra que el pensamiento gubernamental primero se enfoca a la ciudad y después piensa en el campo.

De otro lado, encontramos que los resultados en exámenes de Estado no son ni de lejos favorables para los estudiantes del área rural, lo que salvo mejor opinión, es asunto de calidad educativa, y es allí donde empieza a forjarse la primera gran brecha entre unos y otros, asunto que se consolida, cuando revisados los registros de ingreso a las universidades de nuestro país, encontramos que la población educativa en su gran mayoría tiene origen en zona urbana y solo por excepción se encuentran educandos rurales.

Mientras el sistema procure mantener una igualdad tan desigual, los jóvenes del área rural, niños y niñas, que allí se educan, no estarán en condiciones reales de acceder a cupos en las instituciones de educación superior o tecnológica que buscan brindarles educación complementaria que les permita desarrollar tareas diferentes a las agrícolas.

Por lo hasta ahora planteado, es que considero con gran convencimiento, que se debe rediseñar el sistema educativo actual, manteniendo de una parte un escenario común, para el sistema educativo rural y urbano, pero ingresando unos elementos que sean realmente diferenciadores y que permitan a los jóvenes del área rural convertirse en proveedores de conocimientos especializados en asuntos que bien podrían garantizarles una colocación laboral futura que no necesariamente sea en el cafetal.

Es así entonces que en nuestro criterio vale la pena que desde la entidad que regenta la educación en esta célula territorial, se considere la posibilidad de suscribir convenios con el SENA o con las universidades aquí asentadas, para que la educación a impartir en área rural tenga complementos que la especialicen de tal manera que nuestros jóvenes rurales no egresen como bachilleres clásicos, sino que por el contrario su egreso sea como tecnólogos en sistemas, en ganadería, en ciencias agrícolas, en manualidades, en mecánica automotriz o industrial, en contabilidad, etc. En todo caso con unos complementos que sean dictados y recibidos in situ, para que sus sueños no terminen el día de recibirse como bachilleres y para que el paso final de un bachiller rural, no sea más el cafetal o cuando mucho el manejo de un vehículo de servicio público.

Ni que decir de la brecha inmensa que se forja cuando los alumnos de colegios públicos, urbanos y rurales, se presentan a las pruebas de Estado en aparente igualdad de condiciones a los jóvenes de colegio privados, allí si que la distancia se torna en sideral, pues no es comparable una educación con recursos financieros, tecnológicos, y logísticos adecuados, con profundizaciones, bilingüismo, adecuada nutrición, etc., que una educación donde no existen laboratorios, no hay instalaciones adecuadas, un mismo profesor para varios salones, donde no solo no hay bilingüismo sino que tampoco hay profesor de español y donde los salarios se pagan tardíamente. Por eso es que los cupos públicos de las universidades públicas, hoy están quedando en manos de los jóvenes provenientes de colegios privados, desplazando a los jóvenes de colegios públicos de la única oportunidad que tenían de salir adelante, ello es inequitativo, pero tampoco es culpa de los jóvenes de los colegios privados, es culpa del gobierno y de su concepción educativa.

Para no ir muy lejos, puedo afirmar que conozco un colegio del corregimiento el manantial, donde una profesora dicta clases en un mismo salón, a jóvenes de primero a quinto, no se si pedagógicamente ello sea correcto, no se si administrativamente ello sea adecuado, lo que si se es que esos niños no tendrán las mismas oportunidades de otros que reciben educación personalizada.
Que las mayores desigualdades, no sigan siendo igualdades aparentes.