12 de mayo de 2021
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La “vacuna” del terror

9 de noviembre de 2012

Como consecuencia de una negativa al pago de una extorsión, tres sujetos, al parecer de «los Rastrojos», asesinaron a 10 trabajadores de una plantación de tomate de árbol, entre ellos a una mujer.

En Santa Rosa de Osos, donde ocurrió esta masacre, todas las actividades, al igual que ocurre en unos 345 municipios del país, están sometidas al boleteo y la extorsión.

Quienes se niegan a someterse a la voluntad de los violentos sufren las consecuencias. El terrorismo ha sido entronizado, pues, como una práctica intimidatoria contra la población urbana y rural por parte de estas bandas asociadas al narcotráfico, que heredaron estructuras, procedimientos y armas de los carteles de las drogas y del paramilitarismo.

Al condenar la muerte de los humildes trabajadores agrarios, que enluta a la laboriosa población de Santa Rosa de Osos, tenemos que exigir un combate más eficaz, coordinado y contundente, contra estas bandas criminales que se han convertido en la peor amenaza para el país, tal como lo señaló en su momento el director de la Policía Nacional, general Óscar Naranjo.

Un concepto que fue reiterado por el representante en Colombia del Alto Comisionado de Naciones Unidas, al advertir que a estas organizaciones criminales se les atribuye hoy en día la mitad de las muertes violentas en Colombia.

Muchos de estos asesinatos se presentan por la confrontación que mantienen entre sí por el control territorial, como es el caso, en Antioquia, de «los Urabeños» y «los Rastrojos», y otras como retaliación por el no pago de las llamadas «vacunas» que se han convertido en un instrumento mafioso para financiar sus actividades, que además de la exportación de droga, se extienden al microtráfico de estupefacientes, la prostitución y trata de personas, la minería ilegal, los juegos de azar, la piratería, el contrabando y el sicariato, con hombres fuertemente armados y con un gran poder de intimidación.

Lo ocurrido en la finca La Española, a tan sólo dos horas y media de la capital antioqueña, en el norte del Departamento, es una muestra más, no solo de la sevicia con que actúan estas bandas, sino de su crecimiento desmesurado, y sin control.

No se puede desconocer la lucha que sostienen las Fuerzas Militares y de Policía que les han propinado duros golpes a estas organizaciones criminales, con la muerte o captura de sus principales cabecillas, pero faltan acciones más radicales, con nuevos instrumentos jurídicos, inteligencia, estrategias y operativos, en ciudades y áreas rurales, para extirpar este nuevo cáncer nacional.

La paz que podría alcanzarse con las Farc, con los actuales diálogos, perdería sus efectos si las bacrim copan sus espacios, tal como parece que han comenzado a hacerlo ya. Y eso explica, en parte, lo ocurrido el miércoles en la peor masacre registrada este año en el país.

La respuesta del Gobierno Nacional y del Departamental, tiene que ser más eficaz e ir más allá de ofrecer una magra recompensa, o lamentarse de lo sucedido, pues el poderío criminal que está exhibiendo el crimen organizado, bien sea en las comunas de Medellín, en las goteras del Valle de Aburrá o en ricas regiones agrícolas y mineras antioqueñas, nos muestran que estamos frente a un enemigo que puede ser peor que todas las plagas que ya hemos padecido.

El Colombiano/Editorial