7 de agosto de 2022
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La torpeza de elegir corruptos y traidores

8 de noviembre de 2012

cesar montoyaAntes todo era mejor. Un ejecutivo responsable, en escala descendente,  escogía sus colaboradores. Gobernador que se excedía, incapaz o venal, era fulminantemente removido.  Alcalde arbitrario, camaleonado en sátrapa de su pueblo, o doloso en su conducta, desaparecía de la administración.Los concejos, ad honorem, estaban integrados por patricios, incontaminados y probos. La remuneración a los ediles sirvió de Torre de Babel a la moral pública.

Es horroroso  lo que ocurre ahora. El dinero de la mafia compra gobernaciones; los indignos en asaltos criminales se hacen a las alcaldías; y una demosteniana demagogia de zapateros y vendedores ambulantes   le echa mano  a los cuerpos edilicios. Están o estuvieron en los panópticos por delincuencias los gobernadores de Magdalena,Boyacá, Cesar, Bolívar, Córdoba, Chocó, Cundinamarca, Arauca, Amazonas, Santander y Meta. Suspendidos o destituídos  los del  Valle del Cauca. Más del 50% de los alcaldes del país  tienen enredos penales  o atienden procesos en la Procuraduría General de la Nación. Y los concejales detrás de los bocados del presupuesto,  libran batallas para conseguir adeptos a cambio de contratos y sobornos. Nos movemos  en el ámbito de una democracia podrida.      

¿Para qué sirven los políticos? ¡Absolutamente para nada! Aportan su pecunio, su tiempo  y su apostolado mesiánico. Son imprescindibles para abrir trochas, irreemplazables para ilustrar conciencias, necesarios, sí,  necesarios en el crédito que a los candidatos le dan  los obedientes votantes. Los que buscan ser elegidos gobernadores o alcaldes  mendigan el apoyo de los políticos. Los he visto cortesanos, promeseros con juramentos de por medio, obsecuentes ante los barones que cultivan  el mundo del sufragio.

Cuando triunfan,estorban los políticos. Qué carajo el atafago de las carreteras y las interminables jornadas en los balcones y el somatén guerrero en las convocatorias que hacen los líderes  en sus provincias. Estos son buenos para ganar elecciones pero embarazan en la hora de administrar la victoria. Laureano Gómez, con voz apocalíptica, le cantó la tabla a un expresidente que fue imprudente al expresar   que había llegado “solo” a la Casa de Bolívar¿”Sólo”?, rugía el Zeus de la política conservadora. ¿”Solo”? Y los millares de votos de los sufragantes anónimos? ¿”Solo”? ¿En dónde quedan los capitanes que dirigieron los aguerridos combates?

Es angustiante el desespero de quienes integraron pacíficas milicias para ayudar a un candidato, confiados en un posterior apoyo del triunfador. Éste los halagó. El laurel corrompió su corazón e inesperadamente se transforma en personaje hosco y difícil,escondido de sus ingenuos electores.  

Pregunto : ¿por qué la política se convirtió  en un desolado estadio de ingratitud? ¿Por qué las felonías de los gobernantes desleales? ¿Por qué  los asedios implorantes cuando eran candidatos y las espaldas frías y evasivas cuando, con votos ajenos, llegan al poder?

Qué desgraciada es esta elección popular de gobernadores y alcaldes. Quedamos en  manos de los tramposos,de los paracaidistas olfativos, de la marrulla indígena. Tenemos una democracia populachera y mentirosa.
Aclaración : el contenido de este artículo nada tiene que ver con  Guido Echeverri, eficiente  gobernador de Caldas.