7 de diciembre de 2021
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¿Nuevas formas del periodismo en el Quindío?

7 de noviembre de 2012

gilberto montalvoSi bien es cierto los periódicos y las salas de redacción son foros abiertos para la discusión no es menos importante subrayar que los lectores  merecen respeto y no pueden ser objeto de agresiones con comentarios en donde se ve a las claras una posición arrogante y  de dominio de quien tiene la sartén por el mango en las decisiones editoriales.

Es evidente que Miguel Ángel Rojas en su posición, llamarán legítima algunos, de director del periódico La Crónica tiene la potestad de tener en su halagoso círculo personal a sus comentaristas con afinidades ideológicas como se ha visto en el acento que le ha dado a los espacios editoriales.

Hay también escritores lejanos a sus querencias políticas pero pocos y eso es de absoluto respeto aunque muchas veces se le ha ido la mano en pluralidad dando cabida a personas por fuera de la ley y que no tienen más reconocimiento que el código penal.

Las discusiones académicas son bienvenidas en los abiertos foros de interpretación de los periódicos pero no pueden convertirse en garrote para quienes disientan y más si el director se baja de su majestuosidad para plantear querellas al igual que se da en las galleras.

Cuando un columnista se le va la mano-y en aras de discusión- no interpreta los sentimientos muy personales e íntimos del director tiene la jurisdicción para prescindir de sus servicios y así hacerle de paso un honor a la libertad de opinión.

Después de analizar este asunto y recibir criterios muy autorizados de personas que también disienten de la posición del director del periódico frente a uno de  sus columnistas queda claro que el mensaje es contundente y quien no esté de acuerdo para eso existe el tribunal disciplinario de La Coctelera para someter al reo a juicio sumario y escarnio público.

No se puede disentir desde las columnas de opinión del periódico La Crónica con la ecuménica y definitiva posición editorial del director porque de lo contrario lloverán rayos y centellas.

Miguel Ángel se ha formado en la academia, tiene reconocimiento por su trabajo y en mi caso particular goza de mi aprecio-esto es marginal, por supuesto-  pero da autoridad para comentar lo que viene sucediendo con su actitud arrogante la cual signó en la separata de los 21 años de su periódico donde de manera altisonante advirtió que había sacado los “ladrillos” de la página editorial.

Claro, ese es su oficio, depurar lo que considere lesivo a los intereses de la calidad de su publicación pero decirlo públicamente a sabiendas que es su fuero discrecional no queda bien y transmite una suficiencia que sobra.

Alegar en contra de las posiciones editoriales de Juan Diego Lozano, es un buen ejercicio desde las órbitas naturales pero desestimarlo con ruidosos comentarios y mandarlo a “Un cursito de comprensión de lectura no nos caería mal. Sobre todo si uno es periodista”, vuelve y juega una actitud arrogante y que para nada se balancea en la posición de un director.

Si esto le ocurre a Juan Diego Lozano, un curtido periodista, con reconocimiento, director también de medio, qué le podrá pasar a un cualquier Juanlanas que ha pedido posada en el exclusivo círculo de los afectos de don Miguel.

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