26 de mayo de 2022
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Golpe de Opinión, única solución viable para el País.

26 de noviembre de 2012
26 de noviembre de 2012

Al ‘golpe de opinión’ no se le puede dar el concepto político estricto que le da el expresidente Uribe a través de su mentor político José Obdulio Gaviria, ya que lo conciben como el instrumento o mecanismo para desarrollar la función administrativa del gobierno en cabeza de su Presidente, en su contacto con la ciudadanía: consejos comunales y mecanismos de participación. Está más cerca, sin duda, el concepto que tiene Jaime Castro al respecto, con el que busca acomodar toda su actuación a lo que piense la opinión pública, por lo menos la mayoritaria. Se refiere más a sintonizar la gestión de las autoridades con lo que sea el pensamiento de la ciudadanía, sin salirse del marco de la constitución y la ley.(Ver http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-5712361)

A diferencia de lo que es el Estado de Derecho, el cual está inequívocamente  consignado en nuestra Carta dándole la fuerza jurídica suficiente para predominar sobre el Estado(Golpe) de Opinión, velando celosamente para que éste no rebase a aquel en lo preestablecido y definido concepto universal, lo que atentaría contra la plena democracia, no obstante fundamentarse ésta en la opinión ciudadana, pero cuidando de no incurrir en excesos que conduzcan a situaciones populistas ejercidas por un mandatario desaforado y proclive al despotismo.

Una posición ecléctica del concepto político del Estado o Golpe de opinión, sin que nos ponga los pelos de punta, ya que el mandatario actual no es Uribe, podría ser: mecanismo excepcional en cabeza del Presidente procurando una actuación ( convocatoria a un mecanismo de participación) tendiente a conjurar o implantar una situación que reclama inequívocamente una mayoría abrumadora de la opinión pública, y la cual ha sido imposible de lograr por los canales normales u ordinarios.

En Colombia, como en ningún otro país se han dado todos los presupuestos necesarios para realizar revueltas que busquen la solución de los grandes problemas que aquejan a la comunidad o logren la deposición del régimen, como ocurrió con las revoluciones que se dieron en Francia, Rusia o México; y estamos  ‘mamados’ y frustrados de esperar ansiosos las verdaderas reformas que a diario nos prometen y que, no sólo, mejoren la calidad de vida de sus habitantes, sino que vuelvan más expedita la funcionalidad del aparato estatal, combatiendo a ultranza la corrupción y la impunidad y erradicando de tajo los privilegios existentes, como uno de los tantos causantes de dichos males.

“No hay peor sordo que aquel que no quiera oír, ni peor ciego que aquel que no quiera ver”. Cuando la metástasis invade todo un cuerpo y se da el desahucio solo queda esperar su muerte o conmoverse y ayudar a una muerte digna facilitando el suicidio. Para nadie es un secreto, desde el más humilde ‘lustrabotas’ hasta el Presidente de la República, que de tiempo atrás venimos percibiendo una crisis aguda en dos ramas del Poder Público, la legislativa y la judicial, debido a la infiltración de la que han sido objeto por parte de grupos al margen de la ley, más acentuado en la primera, lo cual preocupa en grado sumo porque llevó a este país al descuadernamiento y a hundirlo en el lodazal de la corrupción y la impunidad.

Nuestro Congreso Nacional está conformado por una mayoría de personajes con un perfil que deja mucho que desear, de extraordinaria proclividad hacia el tráfico de influencias que les permite realizar los negociados o torcidos y que expelen hedor nauseabundo, clientelistas consumados sin impedimentos o inhibiciones para enajenar su conciencia, expertos en el Concierto para Delinquir, por eso la facilidad para conformar contubernios macabros con criminales redomados como los que engendraron y criaron la criatura diabólica del paramilitarismo, hábiles en ‘micos’ legislativos y falsedades ideológicas y materiales o sino recuerden la penosa y fallida Reforma a la Justicia.

Y ni qué decir de algunos togados de las altas cortes que mantienen relaciones personales con personajes oscuros, que toman decisiones internas inexplicables y en contra de la normatividad, la asombrosa metamorfosis cerebral para cambios abruptos e inesperados en sus fallos y jurisprudencias con marcado favorecimientos, sobre todo en el campo del paramilitarismo, la cínica y desvergonzada venta de la conciencia a cambio de unos cargos burocráticos, la manera sutil como se va reviviendo algunas prerrogativas que se concedían y que quedaron consignadas en la conciliación de la fallida reforma a la justicia y que retiraron de manera no muy ajustada a la Constitución, pero que sigue aprobada (aquí se dio un golpe de opinión), y, ¿qué tal el carrusel de las pensiones?

Así las cosas, qué se puede esperar del Congreso que tiene como encargo constitucional aprobar toda la normatividad que regula las relaciones interpersonales de los habitantes del territorio nacional y la de éstos con el Estado, y que obliga a su sometimiento y estricto cumplimiento de todas las autoridades y ciudadanía en general, siendo este postulado la esencia del Estado de Derecho? O de los magistrados que manejan la batuta o rasero mayor en la administración de justicia?(ver articulo Quien frena a los magistrados de José Manuel Acevedo http://www.semana.com/opinion/quien-frena-magistrados/188321-3.aspx)                                                            
Está plenamente demostrado que en Colombia adelantar y llevar a feliz término reformas trascendentales o aprobar ciertas leyes ordinarias, en especial aquellas que se refieren a la administración de justicia, impuestos o que puedan poner en entredicho algún privilegio o gabela a su favor, etcétera, es un imposible de realizar por falta de voluntad política, de honradez y de responsabilidad por parte de los legisladores porque anteponen sus intereses personales, políticos y económicos al interés nacional; y lo más grave, los ‘micos’ que se rebuscan para colgarle a las leyes tienen por objetivo principal facilitar la comisión de delitos y/o evadir cualquier sanción punitiva o de buscar algún lucro de carácter económico.

El Estado colombiano, en dos de sus tres alares que conforman la estructura del poder público, está agónico, sus vigas están infestadas de comején, y solo se evita el inminente colapso con su cambio total, es imposible un efecto inmunizante contra estos insectos por su alta resistencia y lo avanzado de lo roído. Cualquier parecido con las dos instituciones en comento, no es una coincidencia.

Se rasgarán las vestiduras los constitucionalistas o los exégetas, con esta propuesta que es de clamor mayoritario, pero tenemos que dejar de lado la pusilanimidad, la hipocresía, los cultos a la persona o los temores reverenciales, y aceptar que la única solución viable, expedita y ágil para la urgente catarsis del Estado es recurrir al mecanismo excepcional del Golpe de Opinión en cabeza de un Presidente serio y responsable, y que quiera pasar a la historia como el Reformador del siglo XXI,  que convoque a 50 verdaderos patriotas que les duela este país entre Abogados, Economistas y unos cinco Filólogos y nos entreguen una Constitución donde nazca una nueva República completamente descontaminada.

Es cierto que el Estado o Golpe de Opinión encierra muchos peligros que atentan contra la democracia, pero también lo es, que en un momento dado la pueden salvar, este mecanismo excepcional se aplicaría por una sola vez, y se volvería a utilizar dentro de dos o tres siglos, por si vuelve a brotar otro nuevo ‘aborto de la naturaleza’.

Manizales, Noviembre 19 de 2012.