15 de mayo de 2021
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Estados Unidos: las minorías se volvieron mayorías

26 de noviembre de 2012
26 de noviembre de 2012

albeiro valencia llano Este representante de las minorías había planteado frenar el rumbo belicista impuesto por George Bush y los republicanos y prometía sacar al pueblo de la crisis económica. Significaba la esperanza, y muchas naciones creían en sus promesas: el retiro gradual de las tropas de Irak, fortalecer la diplomacia, cerrar la base de Guantánamo, revisar el bloqueo a Cuba, mejorar las relaciones con América Latina, reanudar las conversaciones de paz en el Oriente Medio y reparar los vínculos con los musulmanes.

En pocos meses transformó la imagen de la presidencia de su país y le dio un nuevo giro a la política internacional; como consecuencia se disparó el optimismo en Europa y le otorgaron el Premio Nobel de Paz 2009, aunque no había hecho nada para merecerlo. El pueblo estadounidense seguía sumergido en la crisis y la imagen del Presidente se empezó a deteriorar porque Obama no significó el cambio. Su plan para rescatar la economía lo orientó a salvar con préstamos y subsidios a los grandes bancos y al insaciable capital  financiero, se amangualó con las potencias europeas en la guerra contra Libia, siguieron los ataques antiterroristas en el Oriente Medio y la nueva carrera armamentista en el ambiente de la ciberguerra. Entonces ¿por qué ganó Obama en 2012?

El apoyo de las minorías

Las elecciones transcurrieron en medio de la aguda y prolongada crisis económica y en este punto Obama desplegó su capacidad política. Su propuesta de aumentar los impuestos a los ricos fue bien recibida pero, además, logró que la gente votara pensando no solo en lo económico (deudas, empleo, presupuesto e impuestos), sino en el restablecimiento del Estado Social.
Como no podía ofrecer ríos de leche con riberas de miel, le apostó a construir una coalición de minorías. Hizo una campaña con mucho dinero, pues recogió más de mil millones de dólares, para agresivos programas de publicidad, dirigidos a los estudiantes, a las mujeres, a los latinos, a los homosexuales, a los afroamericanos y a los asiáticos. De este modo conquistó las mayorías (93% de los votos afro, 71% de los latinos, 73% de los asiáticos, 55% de las mujeres y 60% de los jóvenes), así castigaron el programa ultraconservador de Mitt Romney.

Golpe a la ultraderecha

Mientras Obama desarrolló una campaña pensando en la nación del siglo XXI, Romney se quedó en el más rancio credo republicano, influenciado por los radicales del Tea Party, quienes añoran los tiempos del Ku Klux Klan. Se ancló en el pasado con el voto masculino, blanco y conservador; y con su fórmula vicepresidencial, el ultraderechista Paul Ryan, propusieron un programa que no tenía futuro: que los indocumentados se “auto deportaran”, prolongar el muro que los separa de México, recortar programas de planificación familiar y prohibir el matrimonio de las parejas homosexuales.

Frente a semejantes propuestas muchos votaron para que no ganara Romney, pues aparecía peor que George W. Bush. Pasadas las elecciones los comentaristas políticos del partido republicano pusieron el grito en el cielo “el establecimiento blanco es ahora la minoría. La demografía está cambiando, ya no son los Estados Unidos tradicionales”. Y rematan anotando que el partido es muy blanco, muy viejo y muy masculino.

Los grandes retos

Las minorías convertidas en mayoría apoyaron el intervencionismo de Obama, la reforma al sistema de salud, el rescate a la industria automotriz y su lucha por salvar la economía. Y le perdonaron las muchas promesas incumplidas. Pero el Presidente tiene grandes retos y problemas como la polarización política, el aumento de impuestos que llegará en enero, el desempleo, la reforma migratoria y la crisis económica.

Frente a los retos necesita el soporte bipartidista. La Cámara de Representantes siguió bajo control de los republicanos y el Senado es de los demócratas; como consecuencia la nación está bien dividida. Obama ganó, pero no en forma contundente como hace cuatro años, y él es consciente de este hecho. Por esta razón dijo en su discurso de celebración que “en las próximas semanas y meses quiero trabajar con los líderes de ambos partidos para enfrentar los desafíos que sólo podemos resolver juntos”.

Al respecto dijo Romney que “no podemos arriesgarnos con disputas partidistas”. La confrontación con los republicanos es por el “abismo fiscal”: una serie de recortes automáticos al gasto e incrementos tributarios para antes del fin de año. Ambos partidos tienen que ponerse de acuerdo sobre el control de la deuda pública que alcanza 16 billones de dólares, y si no se maneja bien semejante problema puede llegar la recesión, lo que dispararía el desempleo y llegaría la catástrofe, con repercusiones en todo el mundo.

El electorado considera que el poderoso país va por el camino equivocado. La crisis que padece la nación enfrentó el capitalismo salvaje de los mimados por la fortuna, con el capitalismo social. Y el pueblo pide que el Estado garantice el bienestar general, en lugar de legislar sólo para una minoría partidaria del mercado libre; desea que se controle a los privilegiados que propiciaron la recesión económica. El Presidente tendrá que seguir  escuchando la voz del pueblo que se levanta a favor del aborto, el matrimonio gay,  la legalización de la marihuana y contra la pena de muerte.

Hoy el sueño americano se convirtió en pesadilla porque la crisis económica está arrastrando los hogares de la clase media. El pueblo observa con horror la pérdida de los empleos y de las viviendas. Centenares de miles dejaron de creer en el país de las oportunidades y de la “plena democracia”,  porque amor con hambre no dura. Obama tiene una segunda oportunidad para entender a este pueblo que está despertando de su largo letargo. ¿Seguirá la misma política económica y social?